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Resistiré: una traducción libre a la vida real

Resistiré: una traducción libre a la vida real

Atrévete a traducir esta canción a tu vida creyente.

¡Que canción tan bonita y tan actual! A los jóvenes le chirrían los oídos de tanto repetirla en estos días de pandemia. Y no solo los jóvenes, también los que tenemos unos cuantos añitos hemos soñado con esta canción más de una vez, hasta la hemos tarareado. Seguro que sí, por lo menos los que presumimos de encontrarnos en buena forma psíquica y mental, aunque nuestro andar sea lento y cansino. Pero dudo de que alguien le haya dedicado unos minutos de serenidad a intentar traducirla al día a día. Imprime una copia del texto y vamos a comentarla estrofa a estrofa, por palabras o frases clave, desde una perspectiva creyente. Después, escucha una vez más esta canción inmortal del Dúo Dinámico y seguro que te suena distinta.

Cuando pierda todas las partidas… y la noche no me deje andar.

Hay momentos oscuros en los que todo parece noche: lo he intentado muchas veces; he recurrido a amigos, a las personas de confianza, hasta a mis padres. Y sus consejos y buenas palabras me parecen música celestial. No me entienden ni mis padres; ellos me quieren a su forma, pero los pobres no me entienden: son de otra generación. Estoy más solo que la luna: mejor es ir a mi aire, ya veremos lo que pasa: tarde o temprano saldré adelante. Y las sombras de la soledad se ciernen sobre mí. Dichoso yo, si resisto y sigo buscando, porque las neblinas de la vida siempre se disipan al amanecer de la ilusión nueva compartida.

Cuando cueste mantenerme en pie y el silencio de la noche me abrume de recuerdos amargos…

La mente no para. A veces trato de acallarla. Pero en la soledad de la noche, me pueden los malos augurios del pasado. Son como una espina bien clavada que me cuesta arrancar de la piel. Hasta tengo ganas de gritar, porque me acorralan, y tengo la sensación de golpear la cabeza contra la pared. Ahí está el tesón, tú eres más que los recuerdos oscuros de tu mente. Es el corazón y el aire nuevo de los pulmones de la ilusión y de la búsqueda incansable de nuevos horizontes lo que te mantendrá en pie. Nunca está uno solo si tiene las puertas abiertas al que se acerca a ti con señales claras de amistad.

Me mantendré siempre erguido, como el junco que se dobla, pero no se doblega, mientras los troncos y árboles fuertes se tambalean y caen…

Seré hierro fruncido, impermeable a las tormentas y a los avatares de la vida. A veces, las balas cruzadas de la vida parece que lo destruyen todo, pero hay corazas que resisten las balas de todos los calibres. Y una de las mejores corazas es la autoestima: ser consciente de tu propia valía. Esa fuerza interior te acompañará siempre. Pero tendrás que cultivarla, ponerte a prueba. Tendrás que ahondar en lo profundo de ti mismo, hasta encontrar esa fuerza interior que te haga sentir más fuerte que las circunstancias. Esa actitud requiere varias cosas; entre las más importantes está el cultivo esmerado de tus propìas cualidades; la actitud permanente de no dejarte llevar por lo más fácil, eso que llaman dejarse arrastrar de la corriente. Tendrás que entrar con frecuencia dentro de ti mismo, hasta descubrir ese tesoro interior que llevas dentro. Y sobre todo deberás buscar buenas fuentes de información y personas o modelos de referencia, de tal manera que su vida y su mensaje sean un estímulo permanente a seguir adelante. No puedes andar por la vida como pluma que lleva el viento. Resistiré, resistiré.

Seguiré viviendo porque la vida, a pesar de todo, es bella y digna de ser apreciada y valorada más que nada en este mundo. Es el regalo más valioso que Dios me ha dado y que tengo que enriquecer, aportando lo mejor de mí mismo, porque es un don que Dios me ha dado para transformar lo que no me gusta de este planeta tierra, esquilmado por tantos hombres malvados o de mala voluntad. Que dignidad la mía: Dios se fía de mí y pone en mis manos esta maravilla de la creación. Los sueños que salen de dentro del corazón no son quimeras o veleidades, sino fuerza transformadora que pone Dios en todo hombre de buena voluntad, sobre todo es el impulso vital de los jóvenes inconformistas que saben remar contra las olas, y volar contra el viento fuerte de las tempestades de la vida.

Cuando el mundo pierda ese encanto seductor, cuanto todo parezca distinto de lo que yo he soñado durante mucho tiempo de inconsciencia…

Yo me liberaré de mí mismo, trataré de construir otro yo nuevo; arrancaré los puñales de los malos recuerdos y ensoñaciones que me llevaban a mundos desconocidos, en los que no podía reconocer ni el eco de mi propia voz. ¡Qué alivio arrancar los puñales de los malos augurios del pasado! Por fin dejaré de ser mi sombra del pasado, me liberaré de mí mismo y empezare a ser mi yo profundo, el que siempre ha estado en mí, en silencio, y yo pasaba de largo de él por los miedos que me atenazaban: el miedo al ridículo, el miedo al qué dirán, el miedo a olvidarme de mi mismo para darlo todo a los demás

Y llegará la locura, seguro que llegará: la locura de sentir que no puedo, la locura de las dificultades de la vida, la locura de las pruebas de la vida, la locura del sufrimiento irracional, la locura de tener la sensación de que todo me sale mal, la locura de sentir que el demonio mismo se ha hecho dueño de todo lo creado y de mí mismo; el demonio de que no sé qué hacer de mi vida, entonces resistiré, resistiré porque una nueva luz empezará a iluminar mi caminar. Porque, al final del camino, siempre tendré la seguridad de que hay otra forma mejor de vivir y de actuar. Y más allá de la frontera de esta vida, la fe y la esperanza cristiana disiparán todas las dudas e incertidumbres.

Allá, en el telón de fondo de mi conciencia creyente, aparecerá la luz de un mundo nuevo, la luz del Cristo muerto y Resucitado que hace nuevas todas las cosas.

Resistiré, resistiré. Merece la pena resistir hasta el final.

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