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Reflexión sobre las clases de religión

Reflexión sobre las clases de religión

El padre Félix, al que conozco desde hace muchos años, me pide que cuente cómo se puede tener tantos alumnos y alumnas en clase de religión y en un instituto público.

Pues con toda humildad puedo decir que, en los pocos institutos en los que he estado, el alumnado ha ido creciendo curso a curso y actualmente doy clases a más de cuatrocientos alumnos y alumnas. El mérito no es mío, es un regalo del Señor.

La asignatura de religión tan cuestionada en nuestros días no es otra cosa que prejuicios, ignorancia de la importancia que tiene en el sistema educativo. Intentaré ser breve; aunque soy Licenciada en Filosofía y Letras, también cursé la carrera de Ciencias religiosas (Teología), porque, desde pequeña, he sido consciente de la importancia de que el hecho religioso nos acompañe al ser humano, desde la cuna hasta la tumba.

Los prejuicios que, como estudiante, vi en algunas asignaturas del sistema educativo, «las marías», entre ellas la religión, los sigo viendo en el otoño de mi vida. No se da importancia a un saber ¿qué es vida?; hablo desde la experiencia, y de la certeza que tengo del bien que las clases de religión han hecho y hacen a mis queridos alumnos y alumnas.

¿Qué hago?, ¿Cómo lo hago? La línea entre la catequesis y la religión en la escuela es una línea muy estrecha, pero cada una tiene su cometido y su lugar; siendo complementarias, son distintas. Mis clases de religión están abiertas a creyentes y a ateos, y envueltas en la pedagogía del amor, como considero que debe ser la educación. Amo, quiero a mis alumnos y alumnas, y lo saben, lo que me permite amonestarles cuando es necesario.

Siguiendo las directrices de la Conferencia Episcopal, respondo a las dudas existenciales que tiene todo ser humano, en un clima de diálogo, respeto y disciplina. Se puede preguntar todo y solo existe una condición: el respeto. El respeto en cómo se pregunta y en lo que se contesta.

Los educandos de hoy, como todos los hombres de todos los tiempos, a mi parecer, tienen hambre de Dios; y cada uno formula su inquietud, interrogantes, etc. como lo sienten en su interior; yo, al igual que Sócrates, les ayudo a que expulsen lo que piensan y, desde sus dudas, intento clarificar lo que piensan y dar nombre, a lo que no aciertan a expresar

Me siento querida y respetada:  en mis clases de religión caben todos: creyentes y no creyentes, ateos y agnósticos… Todos van a aprender lo que les ayuda a crecer, a formarse y a darse repuestas que no encuentran en otro lugar. Yo les acompaño, desde su libertad y respeto, clarificando y explicando contenidos académicos y existenciales.

La ignorancia es la madre de todos los vicios, decía Rosalía de Castro, y esto pasa con el estudio transcendente e importante de la religión, que se pierde en la noche de los tiempos.

Y yo, como profesora de religión, trato que mi referente sea el Maestro por excelencia, Jesús de Nazaret, que invitaba y proponía, pero nunca imponía.

Araceli Villegas

3 Comentarios

  1. Ana

    Qué aportación tan buena. Muchas gracias.

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  2. María

    ¡Qué cosa más bonita y qué encanto de profesora!

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  3. Una lectora

    Gracias, Félix!!
    Este testimonio es precioso y esclarecedor!!!👏🏻👏🏻👏🏻🥰🥰

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