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Pregón pascual: la gran noticia

Pregón pascual: la gran noticia

Os anuncio una buena noticia.
La buena noticia es sobre Jesucristo.
Cristo ha resucitado.
Está vivo entre nosotros.
Rotas las cadenas de la muerte,
Cristo ha salido victorioso del sepulcro.
La tierra se ha llenado de luz
y huyen las tinieblas que cubrían el orbe entero.

Jesús había venido hacia nosotros
y había vivido como viven los hombres.
Los hombres lo destrozaron con sus propias manos
y su vida desembocó en la muerte.
Pero Dios hizo lo imposible:
en este día, El resucitó para nosotros,
desarmada y muerta quedó la muerte.

Y ahora Él está aquí
Está aquí como el primer día.
Está aquí, entre nosotros, igual que el primer día,
eternamente aquí todos los días.

Jesús es el sentido concreto y final de nuestras vidas.
El es el impulso de toda creación,
el punto de arranque de toda iniciativa,
el ala de toda novedad,
la risa sorprendente de la eterna juventud.

Si resucitó no fue para marcharse
dejando tras de Sí un vacío sin esperanza.
Su cuerpo forma, ya para siempre, parte de nuestra tierra.
Pascua es la señal externa del fuego interno
que recorre las entrañas de la tierra.

En la superficie, sin embargo, todo ha quedado igual:
el mal continúa marcando el rostro de las cosas,
y nosotros, tomando la apariencia por realidad,
creemos que el amor está muerto.
¡NO! Cristo está presente en el corazón de la historia.
Pero ésta no será realidad plena sin nuestra propia colaboración.

Lo que hoy os anuncio con palabras
anunciad lo vosotros con la vida.

Yo os anuncio la buena, buenísima noticia,
mucho más importante que todas las noticias escritas en la prensa.
Los amigos directos de Jesús,
los que le vieron sudar en los caminos,
los que luego le vieron preso y triste,

los que huyeron al verlo conducido a la muerte,
han visto y sentido a su manera,

han visto, amigos,
¡que Jesús está vivo!

Esta vivo y se deja ver por quien tiene los ojos bien abiertos,
el alma esperanzada y el corazón inquieto.

Y Él les dice Shalom, la paz, amigos, con vosotros.
Es decir: la alegría, la salud, la fiesta,
la promesa de una vida más bella y más humana,
¡Shalom, la paz!
Pero, en fin, ya sé lo que muchos estáis pensando:
Ninguno de nosotros hemos visto a Jesús, el Señor resucitado.
No tocamos sus manos,
ni metimos la mano en sus heridas.
ni jamás se ha aparecido en nuestra casa;
sin embargo, después de tantos años
creemos su palabra y su promesa:
creemos que El ha resucitado

y está vivo entre nosotros.
Pero, ¿es que no podemos verlo?
¿Dónde podemos verlo?

Sí! El viene a comer con sus hermanos y hermanas tristes:
los pobres, los enfermos, los «ilegales», las prostitutas, los presos ….
para que veamos que no es un fantasma,
para que apostemos por la vida.

Yo os invito a celebrar la vida.
Bebamos el vino del hombre nuevo.

Acerquemos nuestra copa a la copa del Resucitado.

¡CELEBREMOS LA VIDA,
CELEBREMOS LA RESURRECCiÓN!

 

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