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Pablo Vázquez, un cirujano ejemplar

Pablo Vázquez, un cirujano ejemplar

Celebración litúrgica del funeral

El pasado 20 de Febrero, a las 7 de la tarde, celebrábamos el funeral por nuestro compañero y amigo Don Pablo Vázquez. Y lo hacíamos en el pasillo de consultas externas del hospital universitario, donde él había dedicado los mejores años de su vida a la atención y servicio generoso de sus enfermos. No es la primera vez que esto sucede. Pero esta vez doy fe de que la circunstancia lo exigía: se cumplieron ampliamente las previsiones, no habrían cabido, ni de lejos, en la pequeña capilla del hospital.

Fue una celebración sencilla, pero sentida, emotiva, que invitaba a la reflexión serena y a la esperanza cristiana. Su esposa Maite, sus hijos Pablo y Víctor, y familiares próximos asistieron con una entereza ejemplar, sin derramar una lágrima, a pesar de que se les arrebataba una vida, que había sido todo para ellos, en plenitud de vitalidad y entusiasmo, después de una larga y penosa enfermedad. Tenía sólo 63 años.

Su amigo y compañero del alma, Pedro Ignacio González Camuñas, traducía con la guitarra el sentir profundo que flotaba en el ambiente creyente de la asamblea:

Entre tus manos está mi vida, Señor,
entre tus manos pongo mi existir…
entre tus manos confío mi ser…

En este clima de oración y de fe sonaban bien las palabras de la homilía: “Uno no muere cuando deja de respirar, sino cuando su recuerdo deja de ser operativo entre los suyos, cuando su vida y su memoria dejan de ser un estímulo para ser mejores personas, para llenar de sentido nuestras vidas” Esta es la gran fuerza transformador de la fe y esperanza cristianas: adelantamos la vida nueva en Cristo prolongando la vida de nuestros seres queridos en el amor y en el servicio de unos a otros. Pablo, te vas, pero te quedas entre nosotros; tu vida y tu entrega a los tuyos y a tus enfermos nos animan a seguir caminando.

Recuerdo agradecido de su prima María Esperanza

Los testimonios expresados al final de la misa no hicieron más que corroborar lo que ya se palpaba en el ambiente. Su prima María Esperanza, con emoción profunda, expresaba su admiración por Pablo con estas palabras:

“Venido de Galicia de la mano de su esposa Maite, nos ganó el corazón desde el primer momento. Fue primo, tío, sobrino… de toda la familia; siempre atento con todos nosotros, y dispuesto a todo para cuidarnos, aconsejarnos, protegernos y también para la fiesta”.

“Ha sido siempre tan servicial que no le importaba la hora en que lo llamásemos para hacerle una consulta o para pedirle que se interesara por cualquier persona que le recomendáramos, fuese de la familia o simplemente amiga: allí estaba él, en un momento”

“Como prima suya, he recibido en estos días tantos y tantos mensajes de agradecimiento por su profesionalidad y dedicación, que, una vez más, demuestran que Pablo era una persona excepcional”.

Elegia por el amigo que se ha ido

Su compañero de departamento, Pedro González Camuñas, con el que compartió ratos de ejercicio de profesión, pero también de ocio y amistad, no es menos explícito en elogios. Sus palabras salen del corazón y de una amistad profunda, compartida durante años. Cito sólo algunos párrafos.

“Si estoy aquí con la guitarra, haciendo de la música oración, es porque Pablo me lo solía pedir. Igual que en su día me instó a insuflar los pulmones, también se regocijaba con mi canto por su significado. Siento que hoy me lo sigue pidiendo…”.

“Pablo, en su presentación en ambientes científicos, solía acompañar a sus familiares a Albacete. Y es que, murciano de nacimiento, gallego por formación, había asimilado las características de esta tierra. Un poco Quijote, se embarcaba en aventuras, siempre en pos de la innovación. A veces, los gigantes se tornaban molinos. Pero siempre volvía a insistir, reiniciar, emprender para perfeccionar. Grababa sus intervenciones para reconocer los pasos a mejorar”.

“Y también era Sancho, a veces, asentado en la sabiduría popular, pues como el vasallo de aquel, se conocía todo el refranero español… Y lo mejoraba. Y así nos fue instruyendo a los aprendices de cirujanos, poniendo siempre al enfermo en el centro de nuestra actividad”.

“Era, a la vez, un enamorado apasionado de su profesión. Tal vez por eso, le gustaba lucir sus insignias de las diferentes sociedades quirúrgicas a las que pertenecía”

“Las guardias solían terminar disfrutando de la cosecha recogida, compartiendo un Sprite, tiempo que también aprovechaba para recordar y acentuar detalles del día, a manera de ambrosía quirúrgica”.

“Sentimos tu pérdida inesperada, Pablo, y aún más porque sabemos que no es fácil encontrar un sustituto en el que converjan tus cualidades. Tal vez, como sinfonía inacabada, nos traspasas el testigo de esta carrera en servicio al Hombre y su trascendencia”

Hasta aquí el testimonio de Pedro, su compañero de departamento

Despedida esperanzada

Despidamos al hermano

  1. Despidamos todos juntos al hermano
    y elevemos en su honor una oración;
    despidamos todos juntos al hermano
    y entonemos la victoria del Señor;
    entonemos la victoria:CRISTO TE DÉ LA VIDA
    Y TE RECIBA EN SU AMISTAD.
    CRISTO TE DÉ LA VIDA
    Y TE RECIBA EN SU AMISTAD.
  2. Tu familia y amistades hoy presentes
    Te desean que descanses junto a Dios;
    Tu familia y amistades hoy presentes
    Te despiden y te cantan el adiós:
    Hasta pronto, hasta el cielo.CRISTO TE DÉ LA VIDA
    Y TE RECIBA EN SU AMISTAD.
    CRISTO TE DÉ LA VIDA
    Y TE RECIBA EN SU AMISTAD.

Conclusión

En una sociedad en la que brillan los egoísmos e intereses particulares, bueno es resaltar el testimonio de personas que, comoPablo, enamoradas de su profesión, hacen de ella un servicio integral a la persona y a los enfermos.

 

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