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María y los jóvenes (segunda parte)

María y los jóvenes (segunda parte)

Segunda parte: María Flor de juventud.

El misterio de María.

Ante este panorama descrito de nuestros jóvenes, María aparece como un referente seguro de la juventud creyente, de hoy y de siempre. Ella aparece como una esperanza digna de sacrificar por ella los mejores esfuerzos. Una mal entendida piedad masculina nos ha hecho creer, durante años, que la devoción a María. el invocarla a ella precisamente con excesiva piedad, mezclada de un cierto sentimentalismo, es cosa de niños o de mujeres sensibleras, que no va bien con la psicología masculina. Nada más lejos de la realidad. El amor autentico y la entrega al servicio abnegado por los demás pasa siempre por expresiones de ternura y de enamoramiento, como el de una madre por su hijo o el de un enamorado por su amada. Hombres que escalaron altas cimas de la santidad, místicos, poetas, artistas de todas las especialidades cantan la belleza y el encanto de María como nadie. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que son precisamente hombres los que mejor ensalzan a María y promueven el culto fino y delicado a la Madre de Jesús y nuestra Madre. Basta citar a San Bernardo, San Alfonso María de Ligorio, San Alfonso Griñón de Monfort, entre otros muchos

Un predicador famoso, P. Loncoeur, afirmo hace algunos años: “Esta generación, alimentada en la doctrina de la fe y en la eucaristía, hará grandes cosas, pero le falta descubrir a María”. María no es solo un dulce nombre que provoca el sentimentalismo de los niños y de las mujeres; es, debe ser una realidad gozosa en nuestra vida cristiana.

Flor de juventud.

Digámoslo con claridad: María es la flor más y mejor perfumada que el jardín de los hijos de Adán ha ofrecido al creador, el modelo acabado de los ideales grandes, el arquetipo de las virtudes heroicas. No se puede alcanzar la madurez en la fe, sino pasando por María. Para los jóvenes, ellos y ellas, es el cauce de sus ilusiones y aspiraciones creyentes, la estrella que guía hacia lo alto.

¿Como era María en su juventud?

No podemos responder a esta pregunta con exactitud, porque lo inefable no se puede expresar ni describir, solo se contempla. No obstante, Yo la quiero imaginar como una joven sencilla de Nazaret, de mediana estatura, mirada limpia, ojos claros ligeramente entornados; cabello cubierto al uso de la época entre las jóvenes de su edad; aparentemente no hay nada que sorprenda en su figura; pero podemos percibir en su interior un cierto halo que exhala dignidad; nada especial sucede en torno suyo.

Y, con todo. esa joven que recorre varias veces al día el camino de la fuente, como las demás, atrae sobre sí y su carita morena de Nazaret todas las miradas del cielo. Después, en un crecimiento continuo de juventud, Jesús y José serán toda su ilusión y sus afanes. Cada mirada a su pequeño es un acto vivo de fe y de esperanza, un acto de amor heroico a los hombres que su Hijo viene a salvar.

María, camino y referente de los jóvenes de hoy y de siempre

Esta joven recatada no es, sin embargo, ajena al sentido de la elegancia juvenil. Pero, su elegancia está impregnada de sencillez y dignidad. Su ternura, su fina sensibilidad y delicadeza, llena de detalles, hacen resplandecer ante los que la tratan su honda feminidad. La alegría es el sol resplandeciente de su rostro; la constancia en el trabajo y en el esfuerzo resaltan el brillo de su carácter: los suspiros de Dios, efluvios de su espíritu sobrenatural; todo lo ve bajo el prisma de la mirada de Dios.

María es la expresión de la sinceridad ante Dios, de la rebeldía ante las esperanzas vanas de su pueblo, de divina inquietud, que la hace inmolarse, día a día, por la salvación del mundo. Por eso clama a Dios, en su canto Magnificat, contra la injusticia de los ricos y de los poderosos; y le da gracias porque ensalza a los pequeños y a los humildes.

El egoísmo está quemado en el altar de sus intenciones. En su pecho solo anidan ideas hondas, ideales nobles por la paz y la justicia en favor de los pobres y de los despojados de la sociedad. Ella es Madre de dolores; su programa es cargar con la cruz de cada día y seguir a Jesús hasta el Calvario.

María es, finalmente, modelo en las relaciones entre jóvenes, que miran la amistad como un camino de enriquecer y acompañar al otro en búsqueda de su identidad personal y de su plenitud como persona. No hay nada en María, en sus relaciones con José que no sea limpio, nada que no haga germinar la amistad sincera y el amor profundo. Sus miradas, sus deseos, sus palabras son efervescencias del amor más puro que les enriquece mutuamente y les eleva hasta el trono de Dios.

María, modelo de identidad de mujer

Aunque hoy no sea políticamente correcto, dada la mala interpretación del sentido de la igualdad entre el hombre y la mujer, voy a ser más explícito en la vocación específica de la mujer y de las jóvenes. Hombre y mujer son iguales en dignidad ante Dios y ante los hombres. Y esta es una conquista explicita del cristianismo, una auténtica revolución en las relaciones entre hombre y mujer. Dice San Pablo, en un momento de la historia en que la mujer apenas tenia relevancia social alguna : No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa”. (Gal. 3, 28ss).

Afirmada con claridad esta igualdad fundamental entre el hombre y la mujer, hay que dejar igualmente claro las diferencias psicológicas y la misión social especifica de una y de otro, de la mujer y del hombre. Y aquí, sí que no hay que tener miedo a afirmar que la mujer tiene una misión específica que la engrandece y la acerca al poder creador de Dios: por especial elección de Dios ella es la generadora de la vida, la transmisora de la ternura de Dios a la especie humana. Y a esta misión específica, que la engrandece, ha de prepararse con especial esmero.

Es un auténtico dolor que muchas mujeres, especialmente en la época de la adolescencia y juventud, a fuerza de querer ser modernas y de estar al día, pierden la perspectiva de su misión específica en la sociedad, que constituye su auténtica grandeza. El día en que, por no tener conciencia clara de su misión específica en el mundo, la mujer, las jóvenes, acaben de perder el respeto a sí mismas, se habrán destruido a sí mismas. Sed conscientes de vuestra misión y de vuestra responsabilidad.

El porvenir del mundo está vuestras manos, porque Dios os ha dado el raro privilegio de poder elevar al hombre hasta lo sublime o rebajarle hasta el polvo. No es un halago, es una experiencia constatada a lo largo de la historia. Por eso un gran conocedor de María y de la mujer dice, sin titubear: “La mujer es doble, tiene el poder de hacer descender al hombre hasta la estupidez y el embrutecimiento… Y tiene el poder de elevarle hasta la excelencia, por amor a ella… La presencia de la mujer da dulzura al sacrificio. Para que un hogar esté a la vez cerrado en su misterio y abierto a los demás, es necesaria la vocación de entrega que tiene la mujer”(Jean Guitton)

Solo el ejemplo de la joven de Nazaret puede hacer que no defraudéis las esperanzas que el mundo y la iglesia tienen puestas en vosotras, en estos momentos cruciales de la historia.

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