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María, modelo de nuestra fe (4ª parte)

María, modelo de nuestra fe (4ª parte)

Cuarta parte: Actualidad de la fe de María

Todavía nos queda por perfilar un poco más otras cualidades de la fe de María para poder encarnarlas mejor en nuestra vida diaria.

Hemos de destacar, en primer lugar, una vez más, que la fe de María no fue nada fácil. Un sentimentalismo ñoño nos hace pensar con frecuencia que María, habituada a   presencia física de Jesús, en la casa de Nazaret, estaría inmersa de continuo en una visión beatifica de Dios, abarcando casi su misterio. Pero el Evangelio no nos da ningún fundamento para pensar así; nos sugiere repetidas veces lo contrario, “Ellos – José y María – nos dice S. Lucas, no entendieron lo que les decía”. La presencia continua de Jesús hacia precisamente más difícil su fe. Se le había anunciado, que sería el Hijo del Altísimo y no aparecía en Él, sino la debilidad de un niño cualquiera.

A través de toda la vida privada y pública de Jesús, la fe de María fue duramente probada, acrisolada en el fuego de la aparente contradicción. Hijo de Dios y envuelto en pañales; el Justo y perseguido por la justicia desde el primer momento; el Heredero del Reino y humilde carpintero dedicado enteramente a su trabajo hasta los treinta años; el Salvador del mundo y repudiado por el mundo; el Predicador de amor y encarnecidamente odiado; El que curaba a los enfermos y multiplicaba los panes para dar de comer a los hambrientos no salvo de la muerte a José, ni aumento el pan cuando faltaba en su casa de Nazaret.

El Redentor, y crucificado, El omnipotente e impotente en la Cruz. ¿Para qué multiplicar las contradicciones? Por si esto fuera poco, su mismo Hijo se encargó de purificar su fe y elevarla a un plano enteramente sobrenatural.: “Mujer, que nos va a ti y a mí, ¿aún no ha llegado mi hora? ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?

Pero la fe de María triunfo de todas estas pruebas de la manera más magnifica, su alma se alió incontaminada del vaho de la razón superficial, y quedó elevada, por su fe, a la unión más íntima con Dios.

¿Puede darse un modelo más acabado y, a la vez, más asequible en estos tiempos difíciles para nuestra fe? Titov, el cosmonauta ruso dijo al tocar la luna, en una alarde de grandeza y autosuficiencia: “Me he paseado por el cielo y estaba vacío, y no encontré a Dios” Pobrecillo Dios estaba todavía mucho más lejos de lo que podían alcanzar sus ojos miopes. Si hubiera visto antes el rostro resplandeciente de esta mujer de nuestra raza, el cielo se hubiera hecho transparente y su mirada se hubiera elevado hasta la altura de la claridad de Dios.

María acerca este mundo a Dios por su fe. Su fe es la fuente donde se esponja la nuestra. María nos enseña a contemplar a Dios en las cosas a través de la fe, a superar las contradicciones de las apariencias con la luz de Dios. Estimulo y ejemplo, guía y camino, ella nos muestra como aceptar a Dios en nuestra vida caminante y difícil.

Ella es, en definitiva, nuestra mejor ayuda para aprovechar esta “feliz ocasión de que habla Pablo VI de adquirir una exacta conciencia de nuestra fe.

Que la Virgen Milagrosa nos haga sentimos mas responsables de nuestra condición de creyentes.

1 comentario

  1. Juan García Olivas

    Virgen María, ejemplo para todos de fe auténtica y sin ninguna duda . Madre de Jesús y madre nuestra por designio de su Hijo amado. Yo la amo como guardiana y defensora nuestra, como amo a su Santísimo Hijo, causa de todo lo bueno que me sucede, protector, guía, maestro y Dios mío. Que tanto me perdona.

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