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María, modelo de nuestra fe (2ª parte)

María, modelo de nuestra fe (2ª parte)

Segunda parte. La fe de María

Ya podemos penetrar, descalzos, los umbrales de la fe de María, los ojos abiertos y los oídos atentos. Por el resquicio de una puerta entreabierta apenas se perfila la silueta queda de una doncella. Reza “Destilad cielos vuestro rocío, lloved nubes al Justo. Que se abra la tierra y germine el Salvador!

El rostro de la doncella se ilumina. Sus ojos siguen extáticos. En sus manos tiene un libro. La habitación es blanca, respira sobriedad, no hay nada que sobre en ella. De pronto un resplandor inusitado inunda la habitación. El rostro de la doncella se enciende, sus manos se mueven temblorosas ante el misterio: “Llena de gracia, he aquí que concebirás, y darás a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús, El será grande y llamado Hijo del Altísimo”.

¿Como será eso si no conozco varón?. No duda, no pide explicaciones, Solo quiere conocer mejor la voluntad de su Dios para poder cumplirla más perfectamente “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra” Y la Virgen se sumerge en la palabra de Dios anunciada por el ángel. Calla, acepta y contempla. “He aquí la Esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”

Y María que no puede contener en su pecho tanto gozo, corre a compartir con su prima la buena nueva. Y Dios, por boca de Isabel, proclama la grandeza de la pequeñez de su esclava. “Bienaventurada tú que has creído, porque tendrá cumplimiento lo que te ha sido prometido de parte del Señor”

Este es el resumen de la vida de María: actitud de humilde sumisión contemplativa ante la palabra de Dios. Cada paso que da, cada respiro cada pensamiento es un sumergirse profundo en Dios, cada mirada a la debilidad de su hijo en Nazaret, que llora, que tiene hambre y sed como los demás niños,es un éxtasis de fe; la palabra de su pequeño es un ahondamiento en el misterio de Dios. Por eso Jesús podrá proclamarla públicamente más bienaventurada por su fe que por su maternidad biológica.

“Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te dieron de mamar”, grito alguien, tal vez, queriendo congraciarse con el Maestro. Y Jesús, sin negar esta bienaventuranza la reafirma y la purifica, le da su verdadero sentido: “Bienaventurados, más bien, los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica” Como si dijera, “Bienaventurada, más bien, mi madre por haber sido la que mejor escucho la palabra de Dios y más perfectamente la puso en práctica”.

Y en el Calvario, María escala las más altas cumbres de fe que criatura alguna puede jamás alcanzar. Aquel retoño de sus entrañas, heredero del trono de David, liberador y restaurador del pueblo de Dios; aquel yacía ahora sangrante en la cruz, impotente y abandonado de todos, Y a pesar de todo aquel hijo de su esperanza y de su amor seguía siendo todavía el Rey del universo, el Redentor del mundo, el Salvador de las naciones.

Como creció junto a la cruz de Jesús la fe de María en el misterio de Dios! Una vez más, y en esta circunstancia más que nunca , Ella no era más que la humilde esclava de su Señor que acepta sumisa el misterioso proceder de Dios.

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