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María, modelo de nuestra fe (1ª parte)

María, modelo de nuestra fe (1ª parte)

FELIZ TU QUE HAS CREIDO PORQUE TENDRA CUMPLIMIENTO
LO QUE TE HA SIDO PROMETIDO DE PARTE DEL SEÑOR. (Lc.1,45) 

Primera parte: Que es la fe

Ambientación

La mujer fue siempre fuente de inspiración de los artistas. Muchos artistas celebres soñaron con plasmar en el mármol el ideal de mujer. Pero su imaginación iba mucho más allá de la capacidad de adaptación de la materia. Sus manos no podrán controlar el pincel, no podían seguir el trazado de su inteligencia creadora. Dios es el único artista que ha logrado plasmar en la arcilla de nuestra humanidad el modelo perfecto de mujer.

Pero Él no se ha contentado con regalarnos una estatua fría y sin vida como hubieran hecho los mejores artistas. Dios ha infundido el soplo de vida a su obra maestra y nos ha entregado como Madre Inmaculada, Corredendora, Mediadora, Reina y sobre todo como Fuente viva de inspiración para nuestras creaciones menores.

Pero Dios ha hecho algo más todavía: ha puesto entre nosotros, para que nos inspiremos en ella, un modelo de mujer llena de vida, radiante de luz. Ya no solo nos sobrecogen de admiración, el recato de sus ojos, la serenidad de su rostro, la gracia de sus labios, la perfección de su contorno es, sobre todo, su alma transparente la que nos embelesa. A través de su alma, sus ojos son luz de nuestra mirada; su rostro, tranquilidad en la tempestad; sus labios, rocío de divinos consuelos, toda su figura, estimulo y ejemplo.

Vamos a proyectar sobre el sendero oscuro de nuestra vida la claridad transparente de su alma. Vamos a verla caminante con nosotros en nuestras humildes vidas peregrinas, Ella nos enseñara con su ejemplo y su palabra como debe ser nuestra amistad con Dios. Vamos a verla como modelo de nuestra fe.

 ¿Qué es la fe?

La fe – hemos de destacarlo en primer lugar – no es ni visión de Dios, ni pura razón, sino algo intermedio: es como una luz proyectada en la pantalla de nuestra razón que nos ayuda a descubrir a Dios más allá de las posibilidades de percepción de nuestros sentidos.  No es un tranquilizante, sino un combate, un remar violento contra las olas del mar embravecido. No es un sentimiento, sino una convicción razonable, aunque superior a la razón. No es una evasión, una huida del mundo, sino una visión nueva, autentica, mucho más rica del mundo. No es negación sino afirmación; no es ignorancia sino sabiduría; no es destrucción de la personalidad del hombre sino crecimiento del hombre hasta su plenitud; no es atrofia de los sentidos, sino superación de los sentidos, es como un sexto sentido superior. No es una porfía, sino un dialogo amistoso, no es una pregunta, sino una respuesta; no es egoísmo, sino servicio. No es una fuga de las cosas, sino un encuentro con ellas en Dios. No es desprecio del mundo, sino una entrega a él con amor.

Es necesario amar para creer, pues la fe es un ofrecimiento total y una posesión total; el que cree lo hace por amor. Búsqueda, ansiedad, riesgo, aventura, se hermanan en la fe con alegría, paz, seguridad y confianza. La fe es una actitud humilde, una aceptación silenciosa y reflexiva, un caminar continuo, sin desfallecimientos, al encuentro definitivo con Dios.

La fe es la venida de Dios a nosotros, Dios que penetra en la inteligencia del hombre; una luz de Dios que ilumina y levanta nuestro espíritu por encima de lo normal; Dios que atrae a todo hombre a conocerlo y a participar de lo que Él es, de lo que Él sabe.

La fe es, ante todo, la adhesión humilde de la inteligencia, empujada por la voluntad, a la palabra de Dios. Dios, es pues, el objeto de nuestra fe; su palabra es el faro que ilumina su Imagen, su poder y su sabiduría, la roca en que se apoya la debilidad de nuestra firmeza en la fe.

 

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