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  La luz es para compartir

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Celebración de la luz

En la cuarta semana del cursillo de inglés de verano, con Feyda, o al final de la tercera, cuando el clima interior de los cursillistas estaba más receptivo a los valores cristianos, teníamos una celebración especial. La llamábamos “Celebración de la luz”. La preparábamos cuidadosamente desde la oración mañanera de los Buenos días.

Era una celebración reservada exclusivamente para los mayores, a partir de los 15 años; y con la condición de que estuvieran en actitud de búsqueda sincera de autenticidad personal y de sentido de la vida, por lo cual no siempre era posible esta celebración, que, si se tenía, era dos o tres días antes del final del cursillo.

Próximos a la pascua de 2021, creo que merecería la pena intentar  preparar a grupos de jóvenes de nuestras parroquias a vivir esta impactante experiencia en la Celebración de la Vigilia Pascual, incluso antes de la Vigilia, para que haya más libertad y creatividad en las manifestaciones espontáneas de sentimientos y vivencias… También puede intentarse con catequistas y con personas asiduas de las parroquias.

Y si esto no es posible, a nivel de grupo, ¿por qué no intentar hacerlo virtualmente a nivel personal, tratando de reproducir en mi interior los pasos o momentos culminantes de esta experiencia de vida? Basta que echemos un poco de imaginación y creatividad.

Seis momentos culminantes de la celebración.

1.- Qué sientes ante la oscuridad absoluta.

Nos imaginábamos estar a oscuras, en el desierto, sin ninguna referencia de luz, sonido, viento…, nada de nada. Se invitaba a los participantes a expresar en una o pocas palabras lo que sentían. Era impresionante constatar los sentimientos profundos de aquellos adolescentes y jóvenes…Las palabras más frecuentes eran miedo y soledad. En algún encuentro con jóvenes mayores, con estudiantes de enfermería en concreto, se dio el caso de que alguien empezó a gritar: “No puedo más, por favor, dad la luz” Y es que, cuando uno se encuentra en la oscuridad y soledad completa, aparece el yo íntimo y me cuesta un montón poder soportarlo.

2.- Que sientes cuando en esta oscuridad absoluta, aparece la tenue luz de una vela.

Se invitaba a fijar la mirada en esa luz tenue, durante algunos minutos. Después expresaban igualmente lo que sentían ante esta nueva situación… Había coincidencia absoluta: las palabras más repetidas eran: alivio, compañía, tranquilidad…

3.- Esa luz tenue de la vela, el Cirio Pascual, es Cristo Resucitado…

Eso es lo que celebramos la Noche Pascual: Cristo es la luz que nos hace ver, con nuevas perspectivas, nuestra vida: Él es alivio, seguridad, esperanza cierta. Antes de Él, la vida, el cosmos, el futuro eran inciertos, oscuros, sin rumbo fijo; con Él entre nosotros, todo cambia; vemos hacia dónde vamos, no estamos solos. Estos son los comentarios obvios que nacen espontáneamente desde la perspectiva de nuestra fe.

4.- Compartir la luz de Cristo.

Se invitaba a todos, a cada uno en particular, a escoger a un compañero/a en el que había visto parte de la luz de Cristo: su amabilidad, alegría, apertura, disponibilidad etc. Encendía su vela del Cirio Pascual, se la entregaba y le decía que quería compartir esa luz de Cristo con él/ella. Y se daban un abrazo. Todos  y cada uno tenían que tener su vela encendida, al final de aquel momento, significando que todos participábamos, de alguna manera, de la Luz de Cristo, que tenemos que compartir con los demás.

5.- Llevar la luz al mundo.

Cuando todos tenían su vela encendida, se les invitaba a levantarla y contemplar atentamente el espacio (iglesia o capilla donde estaban). Era otra realidad totalmente distinta de la del comienzo de la celebración: la luz de las velas de todos, encendidas, la hacía aparecer totalmente iluminada… Era el claro símbolo de la Iglesia de todos, del mundo entero: si todos tuviéramos nuestras velas encendidas y puestas en el pedestal de nuestra existencia, todo cambiaría a nuestro alrededor y en el mundo entero.

6. La luz es salvadora, redentora..

Finalizábamos el acto, colocando el Cirio Pascual en el centro de la iglesia: al rededor del Cirio, en forma de cruz, colocábamos nuestras velas encendidas. Contemplábamos la escena un rato…, invitando a expresar lo que sentíamos: había manifestaciones impresionantes, dignas de enmarcar y guardar en la memoria y en el corazón. Esta contemplación de la cruz iluminada por las velas de todos duraba indefinidamente. Cada uno se retiraba a dormir cuando quería, en silencio contemplativo…

Conclusión

La celebración de la Luz con grupos de jóvenes-adolescentes, bien dispuestos, es la celebración más impactante que he vivido en mi larga experiencia de dedicación a la pastoral de jóvenes. Guardo de alguna de estas celebraciones recuerdos imborrables; y tengo para mí que hubo verdaderas conversiones de alguno de aquellos jóvenes que las vivieron con intensidad. Justo es reconocer, no obstante, que estas conversiones, en la mayoría de los casos, duraban sólo unos días, como suele suceder en los cambios entre adolescentes. Pero, también pienso que sería bien distinto si los curtidos en años y experiencias de vida de todo tipo, viviéramos la celebración de la Vigila Pascual de este año con espíritu de fe y en actitud de profunda contemplación de Aquel que da su vida por nosotros y, con su Resurrección, nos da garantía de alcanzar algún día la plenitud de la vida con Él.

  

1 comentario

  1. Juana

    Me gustan mucho sus reflexiones sobre la Luz. Creo que buscarla, encontrarla y transmitirla es nuestra misión. Ojalá sea capaz de lograrlo y llenarme de la Luz de Cristo para ser un pequeño cirio que ilumine siquiera un poquito, a los de mi alrededor.

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