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La fiesta de San Vicente en Albacete

La fiesta de San Vicente en Albacete

Preparación y publicidad

Las cosas importantes hay que prepararlas bien y con antelación. Así lo hicimos en Albacete, como acostumbramos. El día 22, a última hora de la tarde, nos reunimos una pequeña representación de la familia vicenciana y de la comisión social de trabajo con emigrantes y refugiados y, después de una breve exposición de lo que hacíamos en nuestros respectivos grupos, lanzamos ideas para la programación del nuevo curso. Al final, viendo el escaso tiempo que nos quedaba, nombramos una pequeña comisión para preparar el programa de la solemne celebración que tendría lugar en 27, domingo, presidida por el Obispo de Albacete, Don Ángel Collados, a las 7 de la tarde, en la Iglesia de San Vicente de Paúl.

Con las ideas claras, y teniendo en cuanta la circunstancia especial de que en esta celebración coincidían, por primera vez, la celebración del Patrono universal de la Caridad con nuestra concienciación por el compromiso de servicio a los más pobres de los pobres, como son los emigrantes y refugiados, procedimos a la planificación de la fiesta conjunta.

Utilizamos, después, las redes de comunicación a tope, para que todos los alegados y conocidos estuvieran bien informados del acontecimiento. Mandamos un breve audio a la Cope de Albacete para que comunicaran la buena noticia y se sintiesen todos invitados. Utilizamos los contactos personales de confianza, por WhatsApp, para invitarles y hacerles partícipes de esta ocasión excepcional para tomar conciencia del enorme problema, que nos atañe a todos. Les comunicamos incluso que los que no pudieran asistir entrasen en la red diocesana de YouTube, donde podrían seguir toda la celebración.

Y la Iglesia se llenó, cubriendo casi al cien por cien la capacidad admitida en este tiempo de pandemia: CIEN PERSONAS APROXIMADAMENTE.

Y la celebración impactó

La homilía de Don Ángel fue sencilla pero incisiva. Fue a lo esencial de la vida de San Vicente y a lo esencial del compromiso cristiano irrenunciable de nuestro compromiso de servicio a los más pobres, recogiendo, con fidelidad, las ideas machaconas del Papa Francisco sobre este tema sangrante de los emigrantes y refugiados, problema acentuado en nuestro tiempo, a consecuencia de la pandemia. Recogió e insistió en los verbos utilizados por nuestro Papa Francisco, para encuadrar perfectamente nuestra actitud ante este enorme problema universal.

Todo lo demás hubiera resultado normal en la celebración: cantos, oraciones, ofrendas, folleto de los fieles etc., si no hubiera sido por el Padre Nuestro del migrante y el testimonio vivo, salido del corazón, sin leer, en perfecto castellano, de DANIEL, un emigrante del Mali, que levantó aplausos, regados de emoción y solidaridad.

Transmito íntegros, en la medida de lo posible, estos dos textos.

 

Padre Nuestro del migrante

Padre Nuestro que estás en el extranjero,
nacionalizado sea tu nombre,
venga a nosotros tu asilo político,
hágase tu voluntad así en mi tierra como en todos los países
Donde buscamos mejores oportunidades.
El pan nuestro de cada día…
…Esa fue la motivación de huir de mi país… buscar el PAN.
Perdona nuestras deudas, no hagas como los que nos engañan
y nos hacen pagar de más,
por promesas o sueños que nunca cumplen.
Como nosotros perdonamos… ¡perdónanos…!
La mayoría de las veces no sabemos perdonar
y nos olvidamos muy pronto de las veces que nos perdonan.
No nos pongas en la tentación de olvidar la esperanza.
Y líbranos de los malos,
esos que nos dejan a mitad del camino
abandonados a nuestra suerte.
Libranos de los traficantes de mujeres o redes de prostitución.
Libranos del desplazamiento obligado
a causa del odio étnico, religioso y homicida.
Libranos de ser arrojados al mar, a merced de las tormentas
y la deshidratación, sólo para cerrar los ojos
y querer creer que la esperanza
está solo en la otra punta del mar.
LIBRANOS DE LA INDIFERENCIA A TODOS. AMEN.

 

Testimonio de Daniel, emigrante de Mali

Fue una denuncia en toda regla, valiente y clara, pero nacida de su propia experiencia personal.

Después de lamentar las discriminaciones innumerables que sufre el emigrante en la calle, de la gente corriente, expresó su dolor por las discriminaciones que sufren dentro de la misma Iglesia católica, y no solo por parte de los creyentes, sino también incluso, a veces, de parte de sacerdotes y de las mismas autoridades eclesiásticas.

Para muestra vale un botón: siendo el católico de nacimiento, relacionado incluso con sacerdotes de su país, encontró muchas dificultades para que le admitiesen de catequista en algunas parroquias de la ciudad, hasta que, por fin, encontró una benévola de nuestro arciprestazgo que lo aceptó.

Afortunadamente, después de experiencias tan dolorosas, hoy goza, en nuestra ciudad, de un reconocimiento gratificante; colabora con el servicio diocesano de migrantes y refugiados y también con las Hijas de las Caridad. Es, con frecuencia, intermediario de los migrantes, en cuestiones legales y burocráticas.

Pidió abiertamente a los obispos y a la propia conferencia episcopal que publicasen un documento claro sobre la actitud de los cristianos hacia los emigrantes.

Toda la celebración invitaba a fiesta final o ágape fraterno, pero las condiciones especiales de la pandemia no lo permitieron: la fiesta final se gravó fuertemente en nuestros corazones, que se transparentaba en la sonrisa abierta y en las despedidas complacientes.

 

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