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La Anunciación

La Anunciación

Referencias bíblicas.

El misterio de la Anunciación es un tema largamente anunciado, pero no del todo entendido hasta el momento mismo en que se hace realidad.

En los albores de la creación, la fragilidad del hombre se manifiesta en la desobediencia al mandato de Dios que se reserva para sí el árbol del bien y del mal. En el relato bíblico del Génesis, es la mujer la que toma la iniciativa e induce al hombre a la rebelión contra el mandato de Dios. Poco importa quien fue el primero o el segundo, ya que Dios mismo hace del hombre el primer representante de la especie humana: responsable último de su devenir.

El amor de Dios a lo que El mismo había creado resplandece por encima de la decepción y fracaso de su plan primero. Y en aquel mismo momento surge un nuevo plan: la descendencia de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente. Y ESTA MUJER, SEGUNDA EVA, NO ES OTRA QUE MARÍA, LA QUE RESTITUIRÁ LA DESCENDENCIA HUMANA A SU DIGNIDA PRIMERA, POR MEDIO DE SU HIJO.

Pero es el profeta Isaías el que deja las cosas más claras: “El Señor por su cuenta os dará un signo. MIRAD LA VIRGEN ESTÁ ENCINTA Y DA A LUZ UN HIJO Y LE PONDRÁ POR NOMBRE ENMANUEL, PORQUE CON NOSOTROS ESTA´DIOS (Is.7,10-14; 8,10)

Nos queda por aclarar el misterio de la aceptación de María: “¿CÓMO SERÁ ESO, SI NO CONOZCO VARÓN?”. Sin embargo, María ya estaba desposada con José, aunque todavía no vivían juntos. ¿Había hecho María voto de virginidad y un pacto con José de vivir en familia como hermanos, llegado el momento oportuno? Nunca lo sabremos, queda reservado para los planes insondables de Dios. Queda por destacar la fidelidad inquebrantable de María al plan salvífico de Dios.

La actitud de María ante el anuncio del ángel.

Seguramente, María participaba ansiosamente del grito liberador del Profeta Isaías: “Que se abra la tierra y que germine el salvador, que lluevan las nubes al Justo”

Toda joven israelita, en el rincón más profundo del corazón suspiraba por ser la elegida, la que había de traer al mundo, la liberación de Israel oprimido, el Mesías, aunque desconocían el tiempo y el modo. También María, como buena israelita, participaba de esta esperanza: “Que lluevan las nubes al Justo”.  Pero no se deja obnubilar: ella está siempre atenta a los planes de Dios que va conociéndolos poco a poco. Por eso pregunta al ángel, ¿Cómo será eso si no conozco varón? No duda, no titubea, solo quiere conocer con claridad el plan último de Dios sobre ella.

En esta actitud de María resplandece su fe madura y consciente, abierta siempre a una voluntad inquebrantable de fidelidad a los designios de Dios.

Resplandece también la humildad de María: cualquier otra joven israelita hubiera saltado de alegría al saberse la elegida para ser la madre del Mesías anunciado por los profetas. Ella quiere aclararse primero, conocer con detalles lo que el ángel le está anunciando.

Quiero imaginarme a María en este momento del anuncio, recitando los versos vehementes de Isaías, antes citados diciendo en su corazón: “Señor, mira a tu pueblo que gime en la opresión, envíanos ya a tu salvador”

La fe y disponibilidad de María, en el pasaje de La Anunciación, resplandecen como modelo de lo que debe ser nuestra actitud de fe y fidelidad a Dios en el servicio a los demás.

Una vez que el ángel le aclara lo que Dios le está pidiendo, María se sumerge enteramente en la voluntad de Dios sobre ella: “He aquí la Esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra”. Pero, a la vez, se siente enviada a anunciar la gran noticia, no a bombo y platillo, sino poniéndose al servicio   de su prima Isabel, en estado de gravidez de seis meses, a su edad avanzada.  No le arredran ni la distancia ni los riesgos del camino. Su prima la necesita y ese es el resorte que la pone en camino.

Y una vez que se encuentran, las dos estallan en un canto agradecido:

¿De dónde a mí que venga a visitarme la madre de mi Señor?, exclama Isabel.

Y María le responde con uno de los cantos más bellos de exaltación de la grandeza de Dios, el Magnificat: “Engrandece mi alma al Señor porque ha mirado la pequeñez de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones…”

Ojalá la actitud de María en la Anunciación sean el santo y seña de nuestra actitud ante la grandeza de Dios, que nos ha elegido para ser sus portavoces: “Heme aquí Señor para hacer tu voluntad”

1 comentario

  1. Raquel Guerrero

    Precioso, me ha tocado mucho eso es lo que debemos hacer… La voluntad de Dios, nuestro plan de vida es Dios quien lo va construyendo. Este es uno de los votos que las hijas de la caridad renuevan el 25 de marzo el Servicio al Pobre (Como decían tanto San Vicente como Santa Luisa). Igual que hacia Maria cuando se fue a encontrarse con su prima Isabel ponerse al servicio de los demás

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