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Juan Gabriel Perboyre: un santo que cobra plena actualidad

Juan Gabriel Perboyre: un santo que cobra plena actualidad

¿Será declarado el patrón contra el coronavirus?

La experiencia nos enseña que es una buena práctica hacer de la necesidad virtud. Las personas necesitamos un santo protector que nos defienda de lo que supone una amenaza incontrolable para el hombre. Recurrimos a la ciencia, a la experiencia, al sentimiento religioso, a la fe, a la protección de los santos… Son distintas formas de búsqueda de Dios, porque Él está presente en el acontecer humano, aún en aquellos casos en los que el ser humano no ha tomado conciencia refleja de la necesidad de Dios en la vida y en la historia.

En este contexto de pandemia del coronavirus, nace también la necesidad de encontrar un santo patrón para defendernos de nuestra impotencia. Y de pronto salta a la actualidad un santo, hasta ahora muy poco conocido, que reúne las mejores condiciones para obtener este honor.

Se llama Juan Gabriel Perboyre, San Juan Gabriel, desde 1996, fecha en que fue declarado Santo por el Papa Juan Pablo II. El es un misionero paúl francés, martirizado en China el año 1840. Hay razones poderosas que hacen de este santo del siglo XIX, el candidato ideal para ser declarado patrono de la Iglesia en esta búsqueda de remedio contra la peste que nos está destruyendo. Son realmente sorprendentes. Veamos.

Muere por asfixia, estrangulado, crucificado, precisamente en Wuhan, donde empezó la pandemia del coronavirus. Fue traicionado y entregado a los perseguidores por uno de sus catecúmenos, que lo vendió a los torturadores por 30 mendas; así como suena. Wuhan era entonces un puesto avanzado para misioneros católicos, que fundaron hospitales y otras obras sociales de primera necesidad. El día 11 de septiembre de 1840, fecha en que fue crucificado, era viernes y exhaló el último suspiro a las tres de la tarde. Tenía sólo 38 años. ¿Serán estos datos pura coincidencia?

Espíritu misionero innato de Juan Gabriel, que crece, con fuerza, al paso de los años

No me gustan las vidas de los santos cuyos hagiógrafos presentan a sus héroes como santos desde el vientre de su madre. Son mistificaciones bienintencionadas, pero que, en vez de animar a sus seguidores, de alguna manera, los desalientan, al verse tan lejos del modelo de referencia. Ser santo es un proyecto permanente de vida que parte, de la toma de conciencia de la debilidad humana y va creciendo con el esfuerzo diario, entremezclado de debilidades y contradicciones.

Quizá el caso de Juan Gabriel sea una excepción a esta regla general. Conociendo su vida podemos afirmar que su espíritu misionero nace con la toma de conciencia de su propia personalidad, desde su adolescencia. Corrían tiempos difíciles para la Iglesia en Francia, al comienzo del siglo XIX. También para la Çongregación de la Misión: persecuciones napoleónicas, congregaciones religiosas suprimidas, sin superiores estables… En este clima de incertidumbre, Juan Gabriel, decide entrar en la Congregación de la Misión a la edad de 15 años.

Sin duda que el ejemplo de su tío Santiago, sacerdote paúl, que ya había intentado marchar de misionero a China, sirvió de estímulo. El tío fue precisamente el que facilitó a Juan Gabriel el camino para dar los primeros pasos en los estudios eclesiásticos. Sin embargo, no fue el ejemplo de su tío el más determinante. Fue Luis, el hermano menor, cinco años más joven que él, quien le impulsó definitivamente en su vocación misionera, y, en concreto, a tomar la decisión inquebrantable de ir a China como misionero. Luis fue admitido en el seminario menor a la edad de nueve años; y destinado a China nada más ser ordenado sacerdote.

Luis no llegó a entrar en China: murió en la travesía de los mares. Este hecho, lejos de disuadir la decisión de Juan Gabriel, le afianzó más fuertemente en su decisión inquebrantable de marchar a China. Lejos de renunciar a su nunca abandonado sueño de ser él mismo misionero, lo sintió reverdecer con nuevo y decidido vigor. Así se expresaba en la carta que escribió a su tío dándole la noticia de la muerte de Luis: “Ojalá sea yo digno de ir a ocupar el puesto que el deja vacante”

La salud y condiciones físicas de Juan Gabriel nunca fueron las más idóneas para ser admitido candidato a un destino en tierras de misión, Repetidas veces los superiores le habían negado esa posibilidad, asesorados por los médicos. Tanto insistió ante sus superiores y ante sus médicos que uno de éstos, quizá iluminado por una luz de lo alto, dictaminó que el hecho de ir a China, lejos de perjudicarle, podría sentarle bien, incluso provechoso para su salud. ¡Quien iba a decirlo después de tantos años de salud precaria!

Así se expresa Juan Gabriel al comunicar la gran noticia a su tío:

“Tengo que comunicarle una gran noticia. El buen Dios acaba de favoréceme con una gracia preciosísima de la que soy totalmente indigno. Cuando El se dignó darme la vocación al estado eclesiástico, el principal motivo que me determinó a responder a su voz fue la esperanza de poder predicar a los infieles la buena nueva de la salvación”.

Sentido de adaptación a la misión

Eran tiempos convulsos también para la misión en China, no solo por las persecuciones, sino también por las dificultades de relación entre las distintas congregaciones religiosas. Cuando llegó Juan Gabriel había en toda China un total de 120 misioneros: 80 chinos y 40 europeos. Juan Gabriel hacia el número 100 de los misioneros paúles enviados a China desde los primeros tiempos.

Pronto aparecieron sus dotes misioneras:

  • Hizo esfuerzos enormes para aprender la lengua, de tal manera que, ya al año de estar allí, fue capaz de predicar y administrar los sacramentos en chino
  • Trató de adaptarse a sus costumbres y a su manera de vestir, hasta cambio su nombre al Chino y se llamó Tonk.
  • Desde el principio supo apreciar los valores y virtudes de la cultura china: cordialidad, empatía, laboriosidad…
  • Por otra parte, tenía un sentido universal de la misión, lo que le llevó a apreciar y alabar abiertamente los valores de misioneros de distintas congregaciones y países: franciscanos, dominicos, jesuitas, portugueses, españoles.
  • Desde el principio hizo suyo el referente evangélico de “hacerse todo a todos para ganarlos a todos”.

El trabajo misionero de Juan Gabriel

Consistía principalmente en recorrer los pueblos y aldeas en las que estaban ubicadas las diversas cristiandades, y predicar en cada una de ellas una especie de misión popular que renovase la fe y la vida cristiana de los fieles y atrajese de nuevo a la iglesia a los que habían apostatado en alguna de las diversas persecuciones, o simplemente habían abandonado las prácticas religiosas. Para ello recurría, cuando era necesario, a lo que Juan Gabriel llama una “santa violencia”, es decir a la visita a domicilio de los más alejados, exhortándolos a acudir a la iglesia.

Era un trabajo agotador por las larguísimas distancias y por las dificultades del camino, entre ríos, montañas y caminos pedregosos, Y había que hacerlos a pie, empleando en las caminatas días, y, a veces, hasta meses. Y constantemente amenazados por la implacable persecución religiosa. En estas tareas le sorprenda la traición de uno de sus neófitos que le lleva a la detención y muerte ignominiosa en la cruz, después de largas y crueles torturas. Y muere, finalmente, por asfisia, estrangulado en una cruz, el 11 de Septiembre de 1840.

Conclusión

Ojalá el celo apostólico y el martirio de Juan Gabriel reavive la llama misionera de la Familia Vicenciana y seamos capaces de anunciar la Buena Nueva de Jesús de Nazaret en cualquiera de las circunstancias históricas en que nos toca vivir.

Ojalá nuestro santo sea declarado pronto patrón universal de los que sufren cualquier tipo de pandemia, enfermedad cruel prolongada o, incluso persecución cruenta o incruenta a causa de la fe.

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