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El servicio pastoral del hospital, terapia especial para los enfermos

El servicio pastoral del hospital, terapia especial para los enfermos

Ambientación

El enfermo, en general, es una persona bajo el síndrome de ansiedad por su situación de incertidumbre y de aislamiento familiar. Feliz puede sentirse aquel a quien le diagnostican con rapidez las características de su enfermedad y posible breve estancia de recuperación que va a necesitar.

Pero, ese no es el caso de la mayoría de los pacientes: la mayoría de los que ingresan tiene asegurada una estancia de varios días, semanas y algunos, hasta de meses.

Hay que pasar por esa experiencia para valorar lo que supone de aburrimiento pasarse las 24 horas del día mirando a la pared o al techo. Felices pueden sentirse los que están acompañados, al menos durante unas horas o pueden distraerse con el uso de los distintos medios de comunicación.

Situación aún más dolorosa es la de aquellos enfermos que no pueden valerse por sí mismos y están solos.

Otra dificultad añadida es la pérdida de la intimidad, al ser habitaciones compartidas por dos o tres personas, con diferentes psicologías, historias y características personales. Aunque, para ser honestos, es justo reconocer, que, en algunos casos, es preferible renunciar a la intimidad personal, a cambio de estar bien acompañados, si se tiene fortuna en la compañía que les ha tocado.

El capellán ante esta situación

Hay que empezar por reconocer la libertad del enfermo para admitir o no visitas no demandadas o no deseadas. En una sociedad plural como la nuestra hay personas que han perdido todo contacto con lo religioso y con las personas que lo representan. Esta es la tendencia actual: que el capellán visite sólo a aquellas personas que requieran sus servicios. Los más radicales, incluso, niegan el derecho de los enfermos a tener un capellán de hospital pagado por el estado. “El que tenga vicios, que se los pague”, ha afirmado, sin ambages, recientemente, uno de nuestros iluminados políticos de turno. Muy probablemente, esta última tendencia va a crecer en esta España nuestra.

Sin embargo, yo invitaría a los políticos a que aparquen sus ideologías tendenciosas y se preocupen un poco más, con conocimiento de causa, por la situación real de los enfermos. El tema nos llevaría lejos. Me limitaré a contar muy brevemente mi experiencia personal de cuatro años de capellán en el Hospital General de Albacete.

Visito todos los días una media de 25-30 enfermos, indistintamente, cada día un ala del hospital, sin preguntar por su DNI ni su creencia o tendencia religiosa. Eso sí, con la cara sonriente y la mano tendida, ofreciendo mi disponibilidad incondicional a cada enfermo, a quien pregunto su nombre y apellido. Me intereso por su salud, su estado de ánimo, si tiene familiares o amigos que lo visiten, cuánto tiempo lleva en el hospital y cosas así. A la mayoría de ellos solo dedico unos minutos, pero hay algunos a los que dedico una hora o más, si lo necesita. Y me pongo a su entera disposición. Claro, a los que manifiestan su deseo de recibir los sacramentos o de rezar, les sonrío de modo especial y les acompaño con especial cariño.

Algunos se sorprenderán si les digo, que en estos cuatro años, haciendo estos servicios, solo he encontrado cinco o seis personas que no han querido recibirme; me he excusado, les he saludado cortésmente y tan amigos. Por el contario, he encontrado en estas visitas personas agnósticas o ateas o de distintas creencias, con las que he logrado un diálogo amistoso y positivo, a partir del respeto mutuo. Ni que decir tiene que la inmensa mayoría me han dado sinceramente las gracias por la visita, y no solo los enfermos, sino también sus familiares, porque la visita tiene siempre un efecto terapéutico en el enfermo.

Pero, lo más positivo es, sin duda, que, a veces, la presencia amable, disponible y de buena voluntad del sacerdote, alienta y revive lo mejor de la vida del enfermo, los recuerdos de su infancia, de su familia, de sus prácticas religiosas de hace años: y les devuelven a su mejor yo, en el momento preciso de su última realidad existencial. He visto a personas de todas las edades que se han emocionado en esos momentos, hasta las lágrimas, hasta el abrazo cariñoso y agradecido.

¡Y yo también me he emocionado con ellos y ellas! Y he sentido en mi interior una corriente de empatía y de ternura hacia ellos que ninguna otra terapia clínica puede trasferir. ¡Ojala algún día puedan cuantificarse los efectos terapéuticos positivos de esta comunión de afectos y de cercanía interior entre el enfermo y el sacerdote que le visita!

Más allá del hospital

La relación del capellán con el enfermo no termina con el alta médica, siempre que el capellán asuma su papel de acompañante integral del enfermo. A veces, los problemas del enfermo no terminan con el alta médica. En mi agenda tengo nombres de personas que han pasado por el hospital, con los que sigo en contacto, interesándome por sus otros problemas: a veces les llamo, incluso los visito, en ocasiones excepcionales. ¡Y quien lo iba a decir, hasta los acompaño en búsqueda de su autenticidad humana y cristiana, a través de mi blog de orientación de vida! Me siento orgulloso de haber hecho algunos de mis mejores amigos a través de los contactos con los enfermos. ¡Esto explica el hecho de que mi blog tenga actualmente una media de más de 1.300 visitas diarias!

Después de esta experiencia gratificante de capellán de hospital durante cuatro años, habiendo trabajado antes casi toda mi vida con jóvenes, siento que mi vida de servidor de los pobres y desheredados de este mundo, como sacerdote paúl. sigue teniendo pleno sentido: nadie más pobre que el enfermo, el anciano, los que están solos en el hospital o en sus casas.

Ya no me queda duda: los servicios hospitalarios del capellán, si esté es como tiene que ser, es una auténtica terapia, más allá de los mejores servicios médicos. ¡Cuánto ganaría la sociedad, si nuestros políticos de turno aparcasen sus ideologías “progres” (encima “progres”) y analizasen con criterios objetivos la realidad del día a día de los enfermos!

Gracias, por las facilidades de todo tipo que los capellanes de nuestra comunidad de Castilla la Mancha siguen teniendo en su ministerio. 

2 Comentarios

  1. Pascuala

    La verdad es muy reconfotable cuando ves a tu marido joven que lo vas perdiendo ,pierdes la fe y te faltan fuerzas para seguir, allí está usted dando un poco de luz a esos momentos tan duros .Muchas gracias por estar allí

    Responder
  2. Anónimo

    Muy bien Padre, una buena reflexión para valorar más su disponibilidad para los enfermos y acompañantes como fue nuestro caso. Muchas gracias y ojalá siempre le reciban en la habitaciónes por lo menos con una sonrisa.

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