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El difícil camino de la conversión

El difícil camino de la conversión

Introducción.

Hay que empezar por aclarar lo que queremos decir por el vocablo conversión; después explicar, de modo comprensible, por qué suele ser difícil convertirse de verdad, de corazón.

En lenguaje cristiano, convertirse implica cambiar de vida, de una manera ostensible; de actitud ante la vida; de centro de interés referencial ante la vida. Esta conversión puede ser distinta o diversa: en intensidad o grado: de ateo o no creyente a seguidor de Jesús de Nazaret o creyente; de creyente no practicante a practicante religioso; de practicante tibio o lapso a practicante permanente; de practicante de misa y rezos, a comprometido con los valores evangélicos en el servicio a los demás… Y todavía podríamos alargar más la lista, hasta llegar potencialmente a lo más alto de la cima de identificación con Cristo.

En el lenguaje profano podría decirse de alguna manera que convertirse implicaría un cambio de actitudes interiores, o hacia los demás; en una actitud relacional positiva hacia los demás…

El ser humano es muy complejo y, a lo largo de la vida, consciente o inconscientemente, todos, o la mayoría, experimentamos algún cambio importante de actitudes ante Dios, ante la vida o ante los demás. Lo importante, para que pueda considerarse conversión, es que sea consistente, o suficientemente duradero y asumido.

En resumen, convertirse implica transformarse o cambio profundo para llegar a una nueva forma de vida. Desarrollarse al bien y a la conversión es el fin de cada uno de nosotros, Cristo ha hecho esto posible. Es así, como la conversión a Cristo y, consecuentemente, a la Iglesia que El fundó, es la fuente de una esperanza de muchos de los que decimos profesar su fe.

Siempre resulta difícil convertirse de verdad, y de manera definitiva, porque el ser humano es una persona de costumbres, débil por naturaleza; siempre tiende a lo fácil, a lo que le piden su instinto o sus apetencias sensoriales… Y, por eso, hay que apoyarse en la oración y en la búsqueda permanente de Dios. 

Testimonios sobre la conversión.

(Tomados de Catholic.net: “El difícil camino de la conversión”)

1.- La conversión de San Pablo.

San Pablo fue un judío célebre por ser cazador y persecutor de los seguidores de Cristo. A Pablo, se le aparece directamente Jesús y, queda convertido en apóstol, de la misma categoría que quienes habían visto y seguido al Señor, durante su vida pública.

Juan Pablo II, en la homilía de la misa de clausura de la semana de oración por la unidad de los cristianos 25 de enero de 1997, nos dice:

Jesús se revela plenamente a Pablo como el que ha resucitado de entre los muertos. Al Apóstol se le concede, así, «ver al Justo y oír su voz» (Hch 22, 14). Desde aquel momento, Pablo es constituido «apóstol» como los Doce, y podrá afirmar, dirigiéndose a los Gálatas: «Aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que lo anunciase entre los gentiles» (Ga 1, 15-16).

La conversión de Pablo se realiza a través del sufrimiento. Se puede decir que antes fue derrotado en él Saulo, el perseguidor, para que pudiera nacer Pablo, el Apóstol de los gentiles. Su llamada es, quizá, la más singular de un Apóstol: Cristo mismo derrota en él al fariseo y lo transforma en un ardiente mensajero del Evangelio. La misión que Pablo recibe de Cristo está en armonía con la que confió a los Doce, pero con un matiz y un itinerario particular: él será el Apóstol de los gentiles.  (Juan Pablo II)

2.- Necesidad de sentir el deseo de conversión

En conversación con los jóvenes de la diócesis de Roma, el Papa Juan  Pablo II dice:

Es verdad; hoy, en general, no se siente la necesidad de conversión, como sucedía en otro tiempo……Sólo gracias a un proceso constante de conversión y renovación el hombre avanza por el arduo sendero del conocimiento de sí, del dominio de la propia voluntad y de la capacidad de evitar el mal y hacer el bien. No quiero decir que el camino de la conversión sea fácil. Cada uno sabe lo difícil que es reconocer los propios errores. En efecto, solemos buscar cualquier pretexto con tal de no admitirlos. Sin embargo, de este modo no experimentamos la gracia de Dios, su amor que transforma y hace concreto lo que aparentemente parece imposible obtener. Sin la gracia de Dios, ¿cómo podemos entrar en lo más profundo de nosotros mismos y comprender la necesidad de convertirnos? La gracia es la que transforma el corazón, permitiendo sentir cercano y concreto el amor del Padre. (ENCUENTRO DEL PAPA JUAN PABLO II CON LOS JÓVENES DE LA DIÓCESIS DE ROMA COMO PREPARACIÓN PARA LA XIV JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD Jueves 25 de marzo de 1999…

3.- El Papa Benedicto XVI, en el encuentro con el clero de Roma, dice:

No podemos pensar en vivir inmediatamente una vida cristiana al ciento por ciento, sin dudas y sin pecados. Debemos reconocer que estamos en camino, que debemos y podemos aprender, que necesitamos también convertirnos poco a poco. Ciertamente, la conversión fundamental es un acto que es para siempre. Pero la realización de la conversión es un acto de vida, que se realiza con paciencia toda la vida. Es un acto en el que no debemos perder la confianza y la valentía del camino. Precisamente debemos reconocer esto: no podemos hacer de nosotros mismos cristianos perfectos de un momento a otro. Sin embargo, vale la pena ir adelante, ser fieles a la opción fundamental, por decirlo así, y luego continuar con perseverancia en un camino de conversión que a veces se hace difícil. En efecto, puede suceder que venga el desánimo, por lo cual se quiera dejar todo y permanecer en un estado de crisis. No hay que abatirse enseguida, sino que, con valentía, comenzar de nuevo. El Señor me guía, el Señor es generoso y, con su perdón, voy adelante, llegando a ser generoso también yo con los demás. Así, aprendemos realmente a amar al prójimo y la vida cristiana, que implica esta perseverancia de no detenerme en el camino. (Benedicto XVI, 6-marzo-2007).

 4.- El Papa Francisco en la “Evangelii Gaudium” recuerda a los laicos:

“La imperiosa emergencia de tomar conciencia de su propia identidad católica.” “El Señor Jesús nos está pidiendo y la Iglesia nos pide a través del Papa que nos convirtamos en apóstoles, que nos sintamos responsables por la conversión del mundo, todas las personas que conocemos, trabajo, familia, amigos, que nosotros seamos para ellos realmente testimonio vivo de que Cristo es real, de que Cristo está vivo, que ha resucitado y que tiene el poder de cambiar la vida de todo el mundo, especialmente haceros felices en el cambio total del corazón”

 

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