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El clamor de Dios en la creación

El clamor de Dios en la creación

Dios nos habla a través de la creación

“¡Señor, dueño nuestro. qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, le coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos. Todo lo sometiste bajo sus pies” (Salmo 8,1; 4-7).

Este salmo poético no hace sino proclamar bien alto algo que está inscrito en lo profundo de nuestra conciencia. Es difícil soslayarse, hacer el sordo, a este clamor de la creación. Todas las culturas, de una o de otra forma, hacen referencia a una mano creadora que está sobre nosotros y nos invita a rendir pleitesía al creador. Los manifestaciones beneficiosas o destructoras de las criaturas, percibidas desde la limitación de la razón, llevarán al hombre a alabarlo y bendecirlo o, por el contrario, a temerlo y ofrecerle sacrificios para aplacarlo.

Desde lo profundo de nuestra conciencia cristiana, Dios se manifiesta en la creación como su dueño y señor absoluto, pero, sobre todo, como Dios-Padre, como Dios amor. Este amor llega a su plenitud en la entrega de su Hijo Jesucristo que da su vida y la recobra para devolvernos la esperanza de una vida sin fin, donde el esplendor de la creación alcanza su máxima expresión.

Entre los seres vivos de la creación destaca, con dignidad especial, el hombre hecho a imagen y semejanza de Dios, casi igual en dignidad a los ángeles, criaturas celestiales de Dios. Tal es la dignidad excepcional del ser humano.

Pero, aún añaden más estos versículos del salmo: Dios pone en manos del hombre la conservación y transformación de la creación: “Le diste el mando sobre las obras de tus manos; todo lo sometiste bajo sus pies”.

La creación es por tanto el mayor don que hemos recibido del hacedor, pero también nuestra mayor responsabilidad, porque no se nos da en propiedad absoluta, sino para conservarla y transmitirla, enriquecida, a nuestros sucesores. Desde esta perspectiva, adquiere pleno sentido el proverbio nativo americano: “No heredamos la tierra de nuestros ancestros, la tomamos prestada de nuestros hijos”.

Ahora ya podemos saborear la naturaleza en todo su esplendor a través del video que os adjunto. Meditemos también el texto que lo acompaña y que transcribo.

Texto de la presentación: Caricias de Dios, la creación.

Detente un momento, hay una mano invisible sobre ti. Una mano en forma de ala blanca y suave.

Tuvo la bondad de ser la primera en pensar en tus sentidos y necesidades.

Supo crear mucho más de lo que imaginas. Y lo puso frente a ti para despertar la conciencia de los que logran ver más allá de sus propias ambiciones.

Intenta mostrarte que la vida no es lo que gira en torno a tus deseos materiales.

Una mano que no se rinde ante la indiferencia de sus criaturas.

Ella mira tu alma y tú te vistes de seda.

Pudo crear los colores y tu inventas los matices.

Nos pone el cielo delante de los ojos y miramos las baldosas rotas.

Una mano que se aferra a la tuya y tú la sueltas para mirar el reloj…

Llenó de aromas el aire que respiramos y, aún así, saturamos el espacio de nubes negras y contaminantes.

Una mano que pone cada cosa en su lugar, aunque nos empeñamos en desordenarlo todo.

Alas que nos enseñan a volar sin necesidad de sacar los pies de la tierra. Rozan tus penas cuando te acuerdas de ellas. Iluminan tus horas más oscuras y olvidan fácilmente tus propios olvidos.

Mano eterna, alas de brisa, sangre del atardecer. Caricias en imágenes. Voz silente que grita su amor sobre su propia creación.

Detente un momento… Deja de lado lo que estás haciendo y desnuda tu corazón. ¿Sabes de quién te estoy hablando…?

Recoge esta caricia y expándela a todo ser vivo con quien compartes este paraíso terrenal.

La felicidad no tiene formas materiales… El amor que tanto buscas está dentro de ti.

No escapes y escucha estos colores…

Reencuéntrate con la voz de la fe. Si te dejas acariciar por esta luz, verás todo más claro.

Camina lento, las semillas no tienen prisa…

Aguarda…Dios te está acariciando a cada segundo. ¿Puedes darte cuenta?

 

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