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Tras las huellas de Vicente de Paúl

Tras las huellas de Vicente de Paúl

Fundación de la Congregación de la Misión o Padres Paúles, 25 de Enero de 1617, fiesta de la conversión de San Pablo

Vicente de Paúl no fue de esos santos de estampa y de cartón que nacieron medio santos. Ni mucho menos. Fue humano y muy humano, cargado de ambiciones y buscador de prebendas eclesiales, muy al estilo de los curas de ciudad de aquella época de miserias y pandemias. Y encima, mentiroso: falsificó la fecha de su nacimiento para poder ordenarse sacerdote antes del tiempo marcado por las leyes canónicas. También tuvo vergüenza de recibir a su padre en el colegio donde estudiaba porque era cojo

Pero, es cierto que, desde la infancia, tuvo pequeños detalles que hacían augurar que algo muy profundo bullía en lo íntimo de su ser: siendo todavía un niño, fue capaz de desprenderse de la comida que le habían preparado en casa para ir a pastorear el ganado de la casa paterna, y dárselo enteramente a un pobre mendicante. También manifestó, desde su más tierna infancia, una devoción filial a la Virgen.

Hay dos momentos estelares en su vida en los que se sintió derribado del caballo en el que cabalgaba, como otro Saulo de Tarso, y le hicieron cambiar de rumbo por completo: Una en Chatilon des Dombes, cerca de Lion, donde la miseria extrema de una familia provocó una corriente de Caridad, que, con el tiempo, dio origen a las primeras cofradías de Caridad, embrión de la Caridad organizada de nuestros días.

El otro encuentro providencial con Dios, a través del encuentro con los pobres, tuvo lugar en Folleville, un pueblecito cerca de Amiens. donde dando una misión en los dominios de la Señora de Gondi, su valedora, percibió la extrema necesidad de atender espiritualmente a los pobres del campo. Y de este hecho tan simple nació la congregación de la Misión o PP. Paúles, con la misión específica de evangelizar a los pobres del campo a través de las misiones populares y la formación adecuada del clero.

Los tiempos difíciles que le tocó vivir

Eran tiempos difíciles los que le tocaron vivir a Vicente. Francia estaba sumida en guerras y desgarros sociales por todas partes: conflictos internos entre los distintos poderes feudales, guerra de consolidación como nación, guerra internacional de los treinta años. Los pobres y heridos aparecían por todos los rincones de las periferias y del mismo centro de las ciudades. Todas las manos eran pocas para acoger tanta miseria. Especialmente sangrante eran los niños abandonados, incluso mutilados para provocar compasión y dedicarlos a la mendicidad. Solo en San Lázaro, priorato donado a San Vicente para hacer frente a las pobrezas emergentes de París se daba de comer a más de 10.000 mendicantes diariamente.

A medida que Vicente va tomando conciencia de esta realidad palpitante, entra en contacto con la alta sociedad: confesor de la Reina, amigo y confidente de Damas y Señoras de alta alcurnia, a todas va contagiando, poco a poco, su sensibilidad por los pobres, sin distinción de clases. Y surgirán, como por encanto, instituciones y obras de todo tipo que traten de dar cobertura a tanta miseria humana: cofradías de la Caridad, damas de la Caridad, Padres Paules, Hijas de la Caridad; centros de acogida de mendigos y niños abandonados, conferencias de los martes para la formación del Clero, atención especial a los esclavos del mar. No hay miseria de su tiempo a donde no llegue la mirada atenta y compasiva de Vicente. Y lo que es más difícil todavía: logrará hermanar en un mismo proyecto de servicio de caridad, solidario, como diríamos hoy, a aldeanas y campesinas con la nobleza; a hombres y mujeres; y hasta cambiará el sentido de la vida religiosa consagrada para facilitar el servicio a los que carecen de todo, a los enfermos, a los desahuciados de nuestra sociedad.

Llamados a transformar nuestro tiempo convulso

Hoy vivimos tiempos convulsos, más parecidos a los que le tocó vivir a Vicente de lo que pueda parecer a primera vista. Ciertamente han mejorado las condiciones generales de vida en el conjunto de la sociedad, al menos en los que llamamos países desarrollados, pero chirrían como nunca las grandes diferencias sociales; sobre todo, gritan al cielo las escandalosas diferencias entre países del primer mundo y países del tercer y cuarto mundo. En una sociedad global en la que hay suficiente para que todos vivamos dignamente, unos nadamos en la abundancia y otros mueren materialmente de hambre.

Como vicencianos, no podemos permanecer indiferentes ante esta realidad. Quedaría en entredicho nuestra fidelidad al evangelio, que inspira y mueve el espíritu fundador vicenciano. Pero, a la vez, tenemos que ser creativos, al estilo de Vicente. Males y miserias nuevas requieren y exigen mentes y formas adecuadas a nuestro tiempo. No son limosnas ni palabras bonitas la mejor respuesta al grito desesperado de los marginados de nuestro tiempo. Tampoco basta con sacar la cara por los náufragos y migrantes de cualquier especie, tener compasión por las victimas del cobid, que interpelan nuestras conciencias. Hay que ir a la raíz: ejercer el derecho del grito profético contra la injusticia, denunciar los abusos de una sociedad opulenta a costa de la explotación de los impotentes. Simultáneamente, habrá que revisar el funcionamiento de nuestras instituciones sociales, que exijan el mejor reparto de los bienes.

Es la dignidad de la persona la que está en juego. Todo ser humano debe ser consciente de su propia dignidad. Y esta ardua tarea empieza por la educación, que capacita a la persona para ser el gestor y protagonista principal de su propia existencia. Sin educación, no hay futuro digno para el ser humano. Hay que enseñar a pescar antes que a dar la caña. La limosna, cualquier ayuda que no vaya acompañada de un estímulo para valerse por sí mismo, queda manca y coja, deficiente.

Todo nuestro esfuerzo debe ir dirigido en esta dirección. Hay que controlar los sentimentalismos y soluciones fáciles, sin olvidar los males que están a nuestra puerta y exigen soluciones inmediatas. Empecemos por revisar nuestras pertenencias, incluso nuestro tiempo. Estos son también bienes de todos, que debemos mantener en constante disponibilidad para el servicio de los desposeídos de todo.

El compromiso solidario de la Familia Vicenciana

Afortunadamente la Familia Vicenciana, como institución, más allá de las humanas limitaciones y deficiencias, mantiene alto su pabellón de exigencia institucional. Hace poco tiempo, dos años, aproximadamente, los representantes de esta Familia ante el Consejo Económico y Social de la ONU, presentó unas propuestas que merecen ser tenidas en cuenta, máxime después de haber sido asumidas por dicha institución internacional.

Resalta, prioritariamente, este documento la necesidad apremiante de dar vivienda digna a los que carecen de ella, sobre todo a mujeres y niños sin hogar. Cito textualmente un párrafo significativo de dicho documento: “Exhortamos a los Estados Miembros a que proporcionen una vivienda adecuada, protegida y accesible a todas las personas, independientemente de su género, edad, discapacidad y condición jurídica, institucional o socioeconómica, y a que determinen el número de personas que carecen de hogar, en particular de las mujeres sin hogar que viven en la calle, y le den seguimiento”.

En la misma línea se manifiesta el P. Mavric, General de los PP. Paules y de las Hijas de la Caridad, en la carta que les manda con motivo de la preparación para celebración de la fiesta de San Vicente. Es especialmente significativo el siguiente párrafo: “Les pido que hagan todo lo que puedan para apoyar la iniciativa mundial de la Familia Vicenciana, que se lanzó, en presencia del Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, en octubre de 2017, durante el simposio del 400 Aniversario del Carisma Vicenciano, la Alianza sin Hogar Famvin” (FHA, Family homeless Assotiation). La FHA está trabajando en varias iniciativas, una de las cuales es la “Campaña de 13 Casas.”.

La Familia Vicenciana de Albacete

Finalmente, quiero resaltar el compromiso de la pequeña Familia Vicenciana de Albacete. Con las carencias y limitaciones propias de la humana fragilidad, intentamos estar con presencia activa en las diferentes periferias de nuestra ciudad; atendemos pastoralmente residencias de ancianos, hospital, cárcel, parroquias de la periferia social, y allá donde piden nuestra humilde colaboración. Intentamos ser creativos, al estilo de San Vicente, en la práctica del servicio al pobre, mediante la puesta en marcha de talleres de formación, la dignificación de las ayudas asistenciales, plasmada en nuestra presencia en la creación y funcionamiento del Economato. Y cultivamos con esmero la cercanía, la empatía y el dialogo directo con las clases menos favorecidas de nuestro entorno.

Y lo que es más importante, casi todas las ramas de la extensa Familia Vicenciana estamos presentes en nuestra ciudad: Paúles, Hijas de la Caridad, AIC (Asociación internacional de Caridad), Conferencias de San Vicente de Paul, Asociación de la Medalla Milagrosa, JMV (Juventudes Marianas Vicencianas) Mantenemos entre nosotros la relación de una familia bien avenida, reuniéndonos y celebrando juntos, periódicamente, nuestro compromiso solidario en favor de los desheredados de nuestra sociedad.

Ojalá la celebración de este año de la fundación de la Congregación de la Misión, en este 25 de Enero de 2021, fiesta de la conversión de San Pablo, nos haga vibrar de ilusión y disponibilidad en nuestro compromiso evangélico y vicenciano, insoslayable, de servicio a los más pobres.

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