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Por los caminos de Vicente de Paúl

Por los caminos de Vicente de Paúl

Una santidad en proceso

Vicente de Paul no es de esos santos de fantasía, que nacen santos, que viven ensimismados en un piedad angelical, que hacen cosas raras o “especiales”, para el común de los humanos, desde su más tierna infancia. Cierto, sí, educado en una familia cristiana, al estilo de la época, manifiesta una sensibilidad exquisita hacia los pobres, desde su adolescencia; esta sensibilidad le lleva a hacer actos como desprenderse de su comida, mientras pastoreaba el rebaño, para dársela a un pobre mendigo. Seguramente hizo otros actos parecidos que no constan en su biografía.

Pero, al lado de esos rasgos de sensibilidad cristiana, van creciendo en él, a medida que va tomando conciencia de su capacidad humana e intelectual, otros signos negativos que le hacen más próximo al común de los mortales: es ambicioso, orgulloso, buscador de puestos que garanticen su futuro… Se avergüenza de su padre, cojo y de no buen parecer, hasta el punto de no querer recibirle cuando le visita en el colegio donde estudia; adelanta la fecha de su nacimiento con el fin de poder ordenarse sacerdote a una edad temprana, antes de lo que marcan los cánones de la época. De hecho se ordena sacerdote a los 20 años, cuando la edad requerida eran los 24 años. Y todavía hay otras historias por aclarar que ponen de manifiesto la parte humana del “Gran Santo del Gran siglo Francés”, “Patrono de todas las obras de caridad de la Iglesia”, si por humano se entiende ambición, orgullo y otras fragilidades propias del común de los mortales.

Dios le sale al encuentro

Pero, Dios le sale al camino de una manera inesperada. Hay dos acontecimientos que marcan definitivamente la trayectoria vital de Vicente de Paul. Uno es el de Chatillon des Dombes, cerca de Lyon, donde Dios se le manifiesta a través de la extrema necesidad de una familia que se muere materialmente de hambre. Avisado precisamente antes de comenzar la misa, improvisa un sermón de la caridad que conmueve a todo el pueblo. Aquella noche sobró de todo en aquella familia, y al día siguiente también, quizá hasta después de la primera semana. Pero, ¿y después? ¿Cómo dar continuidad a aquel flujo conmovedor de solidaridad? De este modo tan sencillo nace la primera cofradía de caridad, que está en los orígenes de la gran cadena de caridad organizada de la Iglesia y de la sociedad de nuestro tiempo.

El otro acontecimiento que marca definitivamente la trayectoria de vida de Vicente es Folleville, un pueblecito cerca de Amiens, donde daba una misión en los dominios de la Señora de Gondi, su gran valedora. Un buen hombre que pasaba por ser un santo varón manifiesta su condición de pecador y de la falsead de su vida. Vicente se da cuenta, a través de este hecho sencillo, del abandono de la pobre gente del campo, mientras los sacerdotes se concentran en las grandes urbes. Así, nacen las misiones populares, origen de la Congregación de la Misión o de los Padres Paúles o Vicentinos.

Estos dos hechos sencillos como la vida misma ponen a Vicente en sintonía con la Providencia. Todo lo atribuirá, a partir de este momento, a la Providencia. Él nunca pensó que de estos hechos espontáneos y casuales nacerían las grandes obras que se van consolidando sin haberlas planificado previamente.

Los tiempos difíciles que le tocó vivir

Eran tiempos difíciles los que le tocaron vivir a Vicente. Francia estaba sumida en guerras y desgarros sociales por todas partes: conflictos internos entre los distintos poderes feudales, guerra de consolidación como nación, guerra internacional de los treinta años. Los pobres y heridos aparecían por todos los rincones de las periferias y del mismo centro de las ciudades. Todas las manos eran pocas para acoger tanta miseria. Especialmente sangrante eran los niños abandonados, incluso mutilados para provocar compasión y dedicarlos a la mendicidad. Solo en San Lázaro, priorato donado a San Vicente para hacer frente a las pobrezas emergentes de París se daba de comer a más de 10.000 mendicantes diariamente.

A medida que Vicente va tomando conciencia de esta realidad palpitante, entra en contacto con la alta sociedad: confesor de la Reina, amigo y confidente de Damas y Señoras de alta alcurnia, a todas va contagiando, poco a poco, su sensibilidad por los pobres, sin distinción de clases. Y surgirán, como por encanto, instituciones y obras de todo tipo que traten de dar cobertura a tanta miseria humana: cofradías de la Caridad, damas de la Caridad, Padres Paules, Hijas de la Caridad; centros de acogida de mendigos y niños abandonados, conferencias de los martes para la formación del Clero, atención especial a los esclavos del mar. No hay miseria de su tiempo a donde no llegue la mirada atenta y compasiva de Vicente. Y lo que es más difícil todavía: logrará hermanar en un mismo proyecto de servicio de caridad o solidario, como diríamos hoy, a aldeanas y campesinas con la nobleza; a hombres y mujeres; y hasta cambiará el sentido de la vida religiosa consagrada para facilitar el servicio a los que carecen de todo, a los enfermos, a los desahuciados de nuestra sociedad.

Llamados a transformar nuestro tiempo convulso

Hoy vivimos tiempos convulsos, más parecidos a los que le tocó vivir a Vicente de lo que pueda parecer a primera vista. Ciertamente han mejorado las condiciones generales de vida en el conjunto de la sociedad, al menos en los que llamamos países desarrollados, pero chirrían como nunca las grandes diferencias sociales; sobre todo, gritan al cielo las escandalosas diferencias entre países del primer mundo y países del tercer y cuarto mundo. En una sociedad global en la que hay suficiente para que todos vivamos dignamente, unos nadamos en la abundancia y otros mueren materialmente de hambre.

Como vicencianos, no podemos permanecer indiferentes ante esta realidad. Quedaría en entredicho nuestra fidelidad al evangelio, que inspira y mueve el espíritu fundador vicenciano. Pero, a la vez, tenemos que ser creativos, al estilo de Vicente. Males y miserias nuevas requieren y exigen mentes y formas adecuadas a nuestro tiempo. No son limosnas ni palabras bonitas la mejor respuesta al grito desesperado de los marginados de nuestro tiempo. Tampoco basta con sacar la cara por los náufragos y migrantes de cualquier especie, que interpelan nuestras conciencias. Hay que ir a la raíz: ejercer el derecho del grito profético contra la injusticia, denunciar los abusos de una sociedad opulenta a costa de la explotación de los impotentes. Simultáneamente habrá que revisar el funcionamiento de nuestras instituciones sociales, que exijan el mejor reparto de los bienes.

Es la dignidad de la persona la que está en juego. Todo ser humano debe ser consciente de su propia dignidad. Y esta ardua tarea empieza por la educación, que capacita a la persona para ser el gestor y protagonista principal de su propia existencia. Sin educación no hay futuro digno al ser humano. Hay que enseñar a pescar antes que a dar la caña. La limosna, cualquier ayuda que no vaya acompañada de un estímulo para valerse por sí mismo queda manca y coja, deficiente.

Todo nuestro esfuerzo debe ir dirigido en esta dirección. Hay que controlar los sentimentalismos y soluciones fáciles, sin olvidar los males que están a nuestra puerta y exigen soluciones inmediatas. Empecemos por revisar nuestras pertenencias, incluso nuestro tiempo. Estos son también bienes de todos, que debemos mantener en constante disponibilidad para el servicio de los desposeídos de todo.

El compromiso solidario de la Familia Vicenciana

Afortunadamente la Familia Vicenciana, como institución, más allá de las humanas limitaciones, mantiene alto su pabellón de exigencia institucional. Hace poco tiempo los representantes de esta Familia ante el Consejo Económico y Social de la ONU presentó unas propuestas que merecen ser tenidas en cuenta, máxime después de haber sido asumidas por dicha institución internacional.

Resalta, prioritariamente, este documento la necesidad apremiante de dar vivienda digna a los que carecen de ella, sobre todo a mujeres y niños sin hogar. Cito textualmente un párrafo significativo de dicho documento: “Exhortamos a los Estados Miembros a que proporcionen una vivienda adecuada, protegida y accesible a todas las personas, independientemente de su género, edad, discapacidad y condición jurídica, institucional o socioeconómica, y a que determinen el número de personas que carecen de hogar, en particular de las mujeres sin hogar que viven en la calle, y le den seguimiento”.

En la misma línea se manifiesta el P. Mavric, General de los PP. Paules y de las Hijas de la Caridad, en la carta que les manda con motivo de la preparación para la próxima fiesta de San Vicente. Es especialmente significativo el siguiente párrafo: “Les pido que hagan todo lo que puedan para apoyar la iniciativa mundial de la Familia Vicenciana, que se lanzó, en presencia del Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, en octubre de 2017, durante el simposio del 400 Aniversario del Carisma Vicenciano, la Alianza sin Hogar Famvin” (FHA). La FHA está trabajando en varias iniciativas, una de las cuales es la “Campaña de 13 Casas.”.

La Familia Vicenciana de Albacete

Finalmente, quiero resaltar el compromiso de la pequeña Familia Vicenciana de Albacete. Con las carencias y limitaciones propias de la humana fragilidad, intentamos estar con presencia activa en las diferentes periferias de nuestra ciudad; atendemos pastoralmente residencias de ancianos, hospital, cementerio y allá donde piden nuestra humilde colaboración. Intentamos ser creativos, al estilo de San Vicente, en la práctica del servicio al pobre, mediante la puesta en marcha de talleres de formación, la dignificación de las ayudas asistenciales, plasmada en nuestra presencia en la creación y funcionamiento del Economato. Y cultivamos con esmero la cercanía, la empatía y el dialogo directo con las clases menos favorecidas de nuestro entorno.

Y lo que es más importante, casi todas las ramas de la extensa Familia Vicenciana estamos presentes en nuestra ciudad: Paúles, Hijas de la Caridad, AIC (Asociación internacional de Caridad), Conferencias de San Vicente de Paul, Asociación de la Medalla Milagrosa, JMV (Juventudes Marianas Vicencianas) Mantenemos entre nosotros la relación de una familia bien avenida, reuniéndonos y celebrando juntos, periódicamente, nuestro compromiso solidario en favor de los desheredados de nuestra sociedad.

Ojalá la celebración de la fiesta de San Vicente el próximo día 27 de Septiembre, nos haga vibrar de ilusión y disponibilidad en nuestro compromiso evangélico y vicenciano, insoslayable, de servicio a los más pobres.

P.Félix Villafranca CM

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