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Siempre en camino: la fuerza creativa de los sueños

Siempre en camino: la fuerza creativa de los sueños

Andando por el camino

Era todavía pequeñito, apenas tenía conciencia de mí mismo; quizá rozaba los cinco o seis años. Y ya me sorprendía en mi interior ver a la luna, en una noche estrellada, que parecía que me seguía, cuando iba caminando. Me reía, corriendo con ella, a la par; otras veces, parecía que me perseguía y tenía miedo y me refugiaba pronto en casa.

En mi segunda niñez, cuando iba a la naturaleza abierta, miraba a lo lejos y parecía que las nubes se habían sentado a descansar sobre las montañas más altas que divisaba a lo lejos. Y cuanto más alto subía para tocarlas, más lejos se veían.

En mi primera adolescencia, rozando los 14 años me encantaban los aviones y los coches veloces; y mantenía la mirada fija, expresando mi deseo de volar por carretera o allá, en lo más alto, con los aviones más rápidos.

A mis 14 años cumplidos empezaba a soñar con las chicas bonitas del pueblo y un misionero experimentado, mirando en profundidad a mi interior, me dijo: “¿Y tú, por qué no te vienes con nosotros para ser misionero? Y, de pronto, cambiaron mis horizontes inmediatos, pero el cielo seguía siendo azul y yo quería tocarlo.

Ya en mis estudios de teología, después de haber escuchado el testimonio de un buen número de misioneros, a lo largo de los años, pedí a mis superiores mayorea ir a terminar estos estudios al extranjero para ir cuanto antes a una de nuestras misiones: India, Filipinas o donde fuera, allende los mares. No me lo concedieron, ni siquiera me respondieron, pero seguí soñando…A veces Dios se hace esperar.

Nuevos caminos

Pasados mis primeros años de sacerdocio ministerial, cursados incluso mis estudios especializados en Londres y París, una Hija de la Caridad me dijo: “Y tú, que conoces bien el inglés y el francés, ¿por qué no organizas en nuestro colegio un campamento, parecido a los que tenemos en verano con nuestras alumnas, pero con el estudio intensivo del inglés y el francés?

 ¡Qué lejos estaba yo entonces de pensar que aquél primer cursillo de Polanco (Santander. España), en 1976, iba a ser el germen de uno de los proyectos más maravillosos que podía realizar en mi vida sacerdotal!

Todavía hay otra circunstancia paralela que alumbró aquella iniciativa primera: después de mis primeros ejercicios espirituales impartidos a un grupo de estudiantes de enfermería en Vitoria (Álava. España), algunas manifestaron el deseo de hacer una experiencia de pastoral rural en una zona pobre de España. Y nos fuimos a la sierra de Cáceres, a un poblado llamado Aceña de la Borrega, cerca de Valencia de Alcántara, donde apenas existían entonces los medios mínimos de supervivencia humana razonable, según los entendemos hoy.

Estas dos experiencias constituyen, de algún modo, el germen vivo, expansivo, de lo que es, de lo que ha sido, la Asociación Feyda: una síntesis de servicio cultural a infancia y juventud y un proyecto de evangelización rural o de los más desheredados de nuestra sociedad.

Con los años, el grupo de Aceña de la Borrega se llamó Comunidad del Olivar, porque acampábamos debajo de unos olivos y queríamos constituir una autentica comunidad de vida cristiana. Los que siguieron la línea de evangelización a través de la enseñanza de los idiomas, se apropiaron del nombre de Feyda, acrónimo de Fe y Vida. Con el tiempo ha prevalecido esta última denominación.

Los seglares en acción, al soplo del espíritu

Hoy, después de casi 50 años, buscando, inconscientemente, caminos nuevos, ya no me queda la menor duda: La asociación Feyda nació al soplo del Espíritu, que impulsó a unos seglares inquietos a buscar caminos de identificación cristiana para ellos mismos y para sus hijos.

Yo nunca pensé en nada parecido a lo que ha sido Feyda, a lo largo de estos casi cincuenta años (y espero que siga siendo, a pesar de los pesares, o de los avatares del tiempo). Estoy convencido de que fue el mismo Espíritu quien movió los hilos, entre neblinas y dificultades.

Limitados, apremiados por las dificultades de todo tipo, pero seguros en altamar, bogando siempre contra corriente, azotados por los vientos contrarios, pero siempre confiados, como quien sabe que una mano y una mente superior dirige la barca.

Yo tan sólo me he sentido como un pobre hilo conductor de sus impulsos: siempre me he dejado interpelar por los que vienen a mí con nuevas ideas y mejor buena voluntad; siempre he animado a los demás, sobre todo a la gente joven, a mirar hacia adelante, en busca de nuevos horizontes…

Son aproximadamente unos 50.000 niños, jóvenes y adultos los que han pasado por las distintas actividades de Feyda en estos años de andadura. Algunos de nuestros alumnos ocupan hoy, o han ocupado, puestos importantes en la sociedad. Otros, baqueteados por la vida, guardan, sin embargo, en el baúl de los recuerdos, su paso por Feyda. Pero de lo que no me cabe duda, porque muchos de ellos y ellas lo han expresado abiertamente, es que, para la mayoría de estos jóvenes, su paso por Feyda significó un antes y un después en sus vidas…

La Asociación está, en estos momentos, en fase menguante, como la gran familia que observa el rostro rugoso y cansino del abuelo que se va yendo poco a poco, y con su mirada viva y esperanzada, observa atentamente a sus hijos y nietos y les anima, gozoso, a seguir adelante: “¿No veis el gran patrimonio que hemos acumulado juntos? Conservadlo, mejoradlo, transformarlo, repartidlo”

A nuevos tiempos, nuevos aires y nuevas líneas de acción

Aquella intuición o inspiración tuvo su tiempo y sus formas. Los cursos intensivos de inglés en campamentos de verano, quizá no son repetibles. Tampoco las acampadas de evangelización rural, con jóvenes de 18-20, son, quizá, la mejor fórmula para hoy. Pero ahí está el espíritu, aleteando sobre los jóvenes y sobre los adultos que buscan su identidad cristiana en los nuevos tiempos. Y, a nosotros, seguidores de Jesús, nos toca ser presencia viva del Dios del amor en una sociedad desorientada y cansada de tantas experiencias frustrantes. ¿Tendremos, todavía, algo de decir? ¿Tendremos algo que ofrecer? ¿Alguien se atreverá a intentar crear una Nueva Feyda, adaptada a los nuevos tiempos?

Por si acaso, me atrevo a insinuar las pistas por donde tendría que ir, a mi entender, esta Nueva Feyda:

  • Adecuada utilización de los medios de comunicación: webs, blogs, boletínes informativos, comunicaciones vivas a través de testimonios.
  • Convivencia periódica, por zonas.
  • Solidaridad, en forma de cuotas destinadas a paliar las necesidades más apremiantes.
  • Voluntariado misionero de jóvenes y adultos.
  • Reavivar la vida cristiana en las parroquias.
  • Vida de oración comunirtaria.
  • Promoción vocacional para el laicado y sacerdocio.
  • Reavivar el espíritu vicenciano que nos vio nacer.
  • La lista está abierta, espero comunicaciones.
  • No dejéis de solicitar el nuevo numero de mis Memorias, num. 7, (aparecerá a finales de Septiembre), que es la Historia de la Asociación Feyda. El título del folleto va a ser: «La Asociación Feyda, un proyecto innovador vicenciano”. Solo pido un donativo de 5€ para cubrir gastos, incluido el envio por correo. Incluyo también un pequeño sobrante para fines solidarios. Podéis comunicármelo directamente a mi whatsapp 639305467, o a mi email: fvillafranca@feyda.net. Necesito saber: nombre y apellidos. Dirección completa, Num de telef-whatsapp y/o email.
  • Nota importante: si se piden 5 ó más ejemplares sólo cuesta 3€ cada Ejemplar

Y esa es precisamente mi intención al iniciar esta nueva línea de reflexión en mi blog: hacer revivir a tantos jóvenes maravillosos que pasaron por Feyda lo mejor de sus vidas, su ilusión y sus ganas de hacer algo por los demás, sobre todo por los más necesitados, que es nuestra marca de identidad vicenciana.

Y de paso, provocar el contagio: lo que estos y éstas han hecho, ¿por qué no yo?”, dice Agustín de Hipona, hablando de los santos. ¿Por qué no yo?, debería ser el sonsonete de tantos miles y miles de jóvenes de buena voluntad, indecisos e intranquilos, que buscan y no encuentran, precisamente por falta de audacia, quizá también por falta de referencias fiables. Los jóvenes y adultos que tuvieron el privilegio de pasar por Feyda os van a transmitir sus vivencias, los mejores recuerdos de sus vidas y os van a decir que todavía es posible desengancharse de esta sociedad mediocre que no nos gusta y que queremos cambiar…

No tengáis miedo«, decía Juan Pablo II a los jóvenes, «no estáis solos, el Amigo está siempre con vosotros…” Y tantos y tantos miles jóvenes, como vosotros, a lo largo de la historia, os dicen que el milagro es posible. Sólo se necesitan personas audaces… Pongámonos en camino ya, de verdad, “no para lo mismo decir mañana”.

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