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Pequeña historia de la Comunidad del Olivar. 4.- La extensión geográfica del Olivar

Pequeña historia de la Comunidad del Olivar. 4.- La extensión geográfica del Olivar

La extensión geográfica de las acampadas del Olivar y acciones significativas.

Cuatro años duraron las acampadas el Olivar en Aceña de la Borrega, del 77 al 80 inclusive, y cada una de ellas dejó su impronta imborrable. Pero comprendimos que una experiencia de este tipo no podía circunscribirse a un espacio geográfico, ni prolongarse en el tiempo indefinidamente.

La buena experiencia de la evangelización rural, a través de los jóvenes, se había extendido. Nosotros mismos nos sentíamos interpelados. Pero los reclamos que nos llegaban de otras latitudes fueron factores determinantes que nos llevaron a levar anclas. También las Hijas de la Caridad que habían colaborado asiduamente en Aceña, nos interpelaron por razones personales y estratégicas.

Después de Aceña: Torme, en Burgos.

El año de la tercera acampada en Aceña, verano del 1979, nos desdoblamos: unos continuaron en Aceña y otros plantamos nuestras tiendas en Torme (Burgos), pequeña población de gente sencilla; a la sazón tendría no más de 300 habitantes, pero con una iglesia románica del siglo XII. El párroco, Javier, nos abrió todas las puertas y colaboró con nosotros en la medida de lo posible

Durante algunos días, la acampada coincidió con las fiestas del pueblo; y todos, mayores y niños, vecinos y foráneos participaron de nuestra actitud abierta y de nuestros encuentros de diálogo.

En Torme nació nuestra nueva seña de identidad: nos llamamos por primera vez «Feyda», para distinguirnos del nombre de la otra acampada. Nuestra acampada en Torme duró dos veranos, Julio del 79 y del 80. Participaron unos 20 jóvenes, en una u otra acampada. No conservamos el listado completo, pero, entre ellos estuvieron, al menos durante algunos días, Pedro Sáez, Fernando del Castillo, Miguel Sánchez, Bego Ibañez, Jesús Oñate, Benita Selaya, Amaya Elorza, Chari Ruiz… También vino a darnos unas charlas el franciscano P. José Maria Alonso del Val, que se había integrado perfectamente en las acampadas del Olivar.

Sor Petra Diez, Sor Ana González, Sor Nieves García y un servidor actuamos de responsables. Tuvimos el privilegio de gozar, durante algunos días de la visita del P. Cuevas y del P. Pedro Opeka, misioneros en Madagascar.

Villavicencio de los Caballeros,Valladolid

Villavicencio fue la siguiente etapa del «Olivar». Dejamos Aceña y Torme en el 81, y nos fuimos a este pueblecito de Valladolid, de tan solo unos 300 habitantes, pero rico en historia y en arte, con tres iglesias y torres mudéjares. Incluso tenía entonces una pequeña residencia de ancianos, regida por una Comunidad de Hijas de la Caridad.

Todos recordamos, con emoción, las condiciones infrahumanas en que vivía una pareja de abuelos: en una casucha hacinada de porquería y de insectos, con pulgas y piojos campeando a sus anchas. Olía que apestaba en el pequeño tugurio. Ningún habitante del pueblo se atrevía a visitarlos. Tampoco ellos aparecían por el pueblo. Los descubrimos por casualidad, también porque las Hermanas nos aconsejaron visitarlos. Se llamaban Ramón y Petra. Muchas horas nos llevó adecentar la casa, en la medida de lo posible. Incluso la pintamos, después de llenar, a rebosar, una camioneta de deshechos y porquería. Y el final feliz es que conseguimos que, al año siguiente, accedieran a ingresar en la Residencia de las Hermanas.

Lo más sobresaliente de esta acampada, no obstante, fue la madurez y profundidad cristiana de sus participantes. No fueron muchos, unos 17, pero fueron realmente selectos. La oración compartida del grupo giró en torno a un cuestionario personal que les adentraba en opciones personales de vida. Fueron cinco de ellos los que manifestaron, abiertamente, que se estaban interrogando sobre su posible opción por la vida sacerdotal o religiosa.

Tampoco conservamos el listado completo de los participantes, pero he aquí algunos de los nombres que nos suenan. Acompañaron a los acampados como formadores: Sor Aurora Bernardo, Sor Petra Diez y un servidor. Entre los jóvenes participantes destacados están: Miguel Sánchez Alba, Visi Garcia, Blanca Martín y un joven hispano-suizo que había participado en Benagalbón, llamado Luis. También participaron las sobrinas de Sor Aurora Bernardo que vivían en el pueblo.

La Dehesa de Albacete

En la Dehesa de Albacete, a pocos kilómetros de Letur, en el lugar denominado «La Chopera», tuvo lugar el siguiente emplazamiento de la acampada del Olivar. El documento oficial de aprobación de la acampada señala que las fechas fueron del 7 al 27 de Julio de 1984. Se indica, no obstante, que, en el verano 83, ya se había acampado en el mismo lugar.

El periplo de acampadas de la Dehesa arranca pues desde el verano del 83 y se prolonga hasta el 88, aunque no consta con seguridad el final de estas acampadas. Fue una etapa larga, con rasgos específicos propios, que dejaron huella especial en sus protagonistas. La cercanía de la Comunidad de paúles en Socovos, donde tenían, a la sazón, el Seminario interno, facilitó mucho nuestra cercanía con la gente y nuestra colaboración pastoral en la zona, sobre todo, con los jóvenes.

Fruto de esta mutua colaboración fue la presencia de algunos de nuestros jóvenes (Javier F. Chento, Javier Ruiz, Gloria Liern) en la misión de la Dehesa, que tuvo lugar durante la Semana Santa y la Semana de Pascua del 84, en la que actuaron de coordinadores principales el P. Luis Mari Martínez San Juan y Asun Gascón.

Hay que destacar igualmente, la representación de Godspell que tuvo lugar en La Hehesa durante los días 25, 26 y 27 de Julio del 84, con la colaboración y apoyo del párroco de Letur, P. José Luis Crespo.

A lo largo de estos años actuaron de coordinadores de estas acampadas el franciscano P. José María Alonso del Val, Sor Nieves García, Sor María Ángeles González, y Sor Ana González, con la colaboración puntual de algunos Padres de Socovos.

Durante estos seis años, del 83 al 88, pasaron por la acampada de la Dehesa lo más representativo del «Olivar» de aquellos años. Como no constan específicamente quienes participaron en cada una de estas acampadas, cito algunos de los más asiduos. He aquí sus nombres: Natxo Molinos, Javier F. Chento, Javi Ruiz, Gloria Liern, José Luis Alcobendas, José Miguel Aragón, Reme Martínez, Consuelo Resco, Mila Reta, Mari José Villafranca, Matilde Sanz, José Julián Doval.

Jabaloyas, Teruel

En la provincia de Teruel, en el pequeño pueblo de Jabaloyas, donde yo mismo ejercía de párroco, en aquel verano del 85, fue la siguiente estación de las acampadas del Olivar. El pueblo de Jabaloyas no tenía entonces ni 150 habitantes, pero todavía conservaba un buen puñado de adolescentes y jóvenes. Acabábamos de fundar con ellos un pequeño club de jóvenes que nos permitía disfrutar de una televisión colectiva y algunos otros privilegios que otros pueblos de la zona no tenían.

Dos años duró la acampada de Jabaloyas, los veranos del 85 y del 86. Teniendo en cuenta que se seguía teniendo la acampada de Albacete y que los cursos de inglés del verano, donde estos jóvenes ejercían de monitores, habían alcanzado ya unas proporciones considerables, el esfuerzo y la disponibilidad del grupo resultaba altamente encomiable.

Además de esas dos acampadas, un grupo de voluntarios acudió también a ayudarme en la Pascua joven del pueblo y de los otros dos pueblos que tenía a mi cargo, Saldón y Valdecuenca. Los lugareños vivieron una pascua excepcional: encantados con tantos jóvenes que hacía tiempo que no veían por aquellas latitudes. Las Hermanas de la residencia de jóvenes de la capital, que me acompañaban en la pastoral rural normal de los pueblos, exultaban de alegría con la experiencia e hicieron todo lo posible para que se prolongase en el tiempo.

No disponemos de listados específicos de cada uno de estos encuentros. Por eso citaré solo algunos nombres que, ciertamente, participaron en alguno de ellos, incluso alternando con la acampada de Albacete. He aquí algunos nombres: Idoia Gutiérrez, Josemi Aragón, Maribel Salas, Gloria Liern, Jose Luis Alcobendas, Reme Martínez, Javier F. Chento, Andoni González, Juantxu López

Todos los participantes quedaron prendados de la sencillez, de la afabilidad y acogida de aquella buena gente. Les sorprendió algunas de sus costumbres ancestrales. Todavía recuerdan el encuentro solemne de Jesús con su Madre el Domingo de Resurrección, entre aplausos entusiastas y el pañuelico blanco del veterano sacristán Cristóbal, dando la bienvenida a tan fausto encuentro.

Mogente, (Valencia). La misión.

Todavía queda una experiencia excepcional de acampadas de verano y de las Pascuas rurales. No fue llevada a cabo por el grupo tradicional del Olivar, pero sí planificadas y puestas a punto con su mismo espíritu. Todo comienza con la misión que los Paúles de Zaragoza dimos en Mogente (Valencia), del 15 de Enero al 12 de Febrero del 89. Las acampadas del Olivar terminan, de hecho, con la última acampada de la Dehesa de Albacete en el verano del 88.

Misioneros que participamos: Padres Javier Martinez San Juan y su hermano Luis Mari, P. Ángel Oyanguren y un servidor; Hijas de la Caridad, Sor Julia y Sor Mercedes; seglares, Javier F. Chento y Asun Gascón.

La misión de Mogente fue una de las que hacen historia. Encontramos un estupendo caldo de cultivo: un pueblo, al menos una parte importante del mismo, extraordinariamente bien dispuesto, y un párroco, Don Antonio, con auténticas ganas de misión y con total disponibilidad al servicio de la misma. Aún más, allí descubrimos un grupo de jóvenes de brazos abiertos y receptivos al mensaje de la misión.

De aquella misión salieron unos 15 grupos de adultos bien constituidos, dispuestos continuar los «Grupos de encuentro de la misión», reuniéndose semanal o quincenalmente en las casas. Y también salió un buen grupo de jóvenes dispuestos a colaborar en la pastoral parroquial, más concretamente con los niños y adolescentes de la catequesis. Pero, eso sí, nos pidieron encarecidamente que les acompañásemos en la ardua tarea, ya que ellos no tenían experiencia. Y el Espíritu Santo nos salió al paso: nos comprometimos a echarles una mano.

Mogente, las acampadas en la casa Rabosa

De este acompañamiento surgió la idea de celebrar la Pascua con ellos y con los niños y adolescentes que quisieran asistir a actos especiales del grupo. También surgió la idea de tener una acampada de verano en el pueblo. La parroquia tenía una finca propia con una buena casa de campo, que se llamaba la casa Rabosa, que, adecentada convenientemente, y puesta al día, resultaba ser como un hotel de varias estrellas, comparada con las tiendas de acampada que utilizábamos hasta entonces.

A estas acampadas asistieron durante años, al menos cuatro o cinco veranos, niños del pueblo, mezclándose, en armoniosa proporción, niños procedentes de familias pudientes y niños de familias menos pudientes, incluso algunas en situación precaria. Pero también fueron admitidos niños que nos envió Caritas de Alicante, a través de nuestra representante María Ángeles Amorós.

Los monitores de estas acampadas y de estas Pascuas de Mogente ya no eran los del Olivar, sino algunos jóvenes adultos, catequistas de la parroquia, y otros monitores de los cursillos de inglés, que se habían curtido con los del Olivar. Mención especial merece Oscar Martínez, hermano de Reme, los hermanos Carlos, Teresa y Beatriz Ruiz, de Madrid, y algunos más cuyos nombres no recuerdo. Este nuevo equipo coordinador no sólo coordinaba las actividades de verano y de la Pascua, sino que también fue promotor de iniciativas nuevas.

Entre los adultos comprometidos en la misión, también había un grupo de imaginación creativa, abierto y disponible para lo que hiciera falta. He aquí algunos nombres: Rocio, Tere Reig, Margarita y Pepe. Modes, Pilar Bertomeu, Vicente Miralles y algunos más.

Mogente, el rastrillo misionero y la misión de Honduras

No sé cómo ni quien lanzó la primera idea, pero, un buen día, alguien pensó que era posible organizar en el pueblo un rastrillo misionero, a modo de prolongación de la misión; y como eran gente de rompe y rasga, tanto los jóvenes como los adultos, se lanzaron al ruedo, no sin antes dejar bien claro que los beneficios obtenidos irían destinados, íntegramente, a misiones vicencianas.

Con personas pletóricas de ilusión y de empuje, el éxito del rastrillo superó todas las expectativas: en seis o más años que se organizó este rastrillo, con esa finalidad, se obtuvieron cantidades pecuniarias que ni los más optimistas hubiéramos soñado, más de 20 millones de pesetas (unos 120.000 euros), que, entonces, constituían toda una fortuna y, en misiones, su valor se multiplicaba por cinco o seis.

Más de la mitad de esa fortuna se dedicó a la construcción de la Iglesia de nuestra Señora de Miraflores, en el distrito de Puerto Cortés, Honduras, a cargo de los Paúles de la Provincia canónica de Zaragoza. El párroco, Don Antonio, Rocio y Vicente Miralles fueron invitados delegados a asistir a la inauguración de dicha iglesia.

Mogente y el voluntariado misionero

Más tarde, María Ángeles Palmi, hija de Tere Reig, decidió hacer varios veranos de voluntariado en la misión que las Hijas de la Caridad tenían en Bolivia. Los niños de la residencia donde ejerció su voluntariado le ganaron el corazón, y ella hizo de puente para que los recursos obtenidos de los últimos rastrillos fueran derivados a estos pobres niños de Bolivia. La residencia se llamaba Tacata y su directora era una Hija de la Caridad de Estados Unidos que se llamaba Gloria Expósito, ya citada anteriormente. María Ángeles vivió la experiencia de Tacata durante dos trimesres, uno en el 95 y otro en el 96.

Por esta residencia de Bolivia pasaron también como voluntarias, animadas por Sor María Ángeles González, que había sido coordinadora de las acampadas del Olivar en Albacete, varias jóvenes de la Asociación Feyda, monitoras de nuestros cursos de inglés de verano: Celia Almonacid, que estuvo los meses de Julio y Agosto del 81; Naia Pereda Barroeta, que estuvo los meses de Julio, Agosto y Septiembre del 95 y Septiembre del 96; Yolanda Muñoz, que vivió una de las mejores experiencias de su vida, en Tacata, según confesión propia, del 6 de noviembre del 97 al 7 de Febrero del 98.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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