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Evocaciones al atardecer XXI: Parroquia de San Ignacio (Rémar, Baracaldo), Juventud parroquial Róntegui (cuarta parte)

Evocaciones al atardecer XXI: Parroquia de San Ignacio (Rémar, Baracaldo), Juventud parroquial Róntegui (cuarta parte)

4.- La juventud parroquial Róntegui en acción.

Inserción en la pastoral de la parroquia

La misa de niños pasó a ser un acontecimiento parroquial. A los padres y a los abuelos les brillaban los ojos al oir cantar a sus pequeños. Llegaron a cantar como los ángeles, preparados y acompañados por las voces privilegiadas del grupo de jóvenes. Mejor no citar nombres para no suscitar celotipias, pero es justo reconocer que aquel grupo de jóvenes, todos en su conjunto, cantaba excepcionalmente bien, como lo demostraron en la representación, al vivo, de Godspell.

Y de la música vocal a la música instrumental. Pronto nos dimos cuenta de que era conveniente, con carácter de urgencia, preparar un grupo que fuera capaz de acompañar instrumentalmente la animación litúrgica de las misas de niños. Y allá nos lanzamos, sin miedos ni retrasos.

Contratamos a una persona semiprofesional para formar una rondalla parroquial. Compramos guitarras, bandurrias, hasta un acordeón. Yo no recuerdo, en estos momentos, cómo fue aquello posible, pero lo fue. Por aquel entonces yo ya me había acostumbrado a mendigar en favor de mis jóvenes. Y nunca me defraudaron las personas en las que yo había puesto mi confianza. Por otra parte, los cursos de inglés de verano ya empezaban a tener saldo positivo.

Pero no era sólo la animación musical lo que hacía distinta la misa de niños, era, sobre todo, la forma de participar los niños en las celebraciones lo que encandilaba a los mayores: los niños dialogaban la homilía con el sacerdote celebrante, hacían, a veces, pequeñas representaciones del evangelio, interpretaban pequeñas parábolas o proyecciones. Pocas cosas hay tan cautivadoras como la espontaneidad inocente e ingenua de los niños.

El Belén viviente de Navidad era paradigmático: nunca faltaron Marías que presentaran a su bebé en el portal; los reyes siempre traían chucherías para los más pequeños y ganas enormes a los mayores de ser un poco más generosos con otros tantos niños pobres de otros belenes del mundo.

Implicados en la problemática social del barrio

Pero no era solo su compromiso con la parroquia lo que distinguía a aquellos jóvenes. Muy pronto entendieron que vivir la fe les implicaba en la solución de los problemas del barrio, que no eran pocos. Muy cerca de ellos, en el entorno de la parroquia, había niños con problemas de todo tipo: psicológicos, familiares, escolares, de marginación y un largo etc. Buenos estudiantes que eran la mayoría de ellos, se prestaron a dar clases de apoyo a aquellos niños, a dialogar con ellos; hasta ofrecerles la entrada a su salón de juegos; incluso se atrevieron a invitarles algún día a la oración de los viernes.

Tampoco eran ajenos a los problemas que surgían circunstancialmente en el barrio. La prensa local dio testimonio más de una vez de la implicación de nuestros jóvenes en acudir en ayuda de los problemas del barrio, como en el caso de una familia que había perdido la casa y sus pertenencias en un incendio casual.

Volviendo a la vida parroquial normal, y más concretamente a la simbiosis de nuestros jóvenes con los niños de la catequesis, los peques estaban entusiasmados con sus catequistas y con aquel grupo tan especial de jóvenes que los apadrinaban. Pero aquel grupo de jóvenes no estaba menos entusiasmado con sus niños. ¿Qué hacer en verano con aquellos niños que los imantaban? Ellos no tenían recursos para asistir a los cursos de inglés de verano, como iban otros; tampoco tenían dinero sus familias para pagar una acampada de verano, aunque fuera solo de una semana. Sólo contábamos con las tiendas de campaña que utilizaba el grupo del Olivar, del que hablaremos más adelante, y la disponibilidad sin límite de aquellos jóvenes.

Y de nuevo se encendió la luz. ¿Por qué no recurrir a las subvenciones del Gobierno Vasco que, por entonces, empezaba a manifestarse espléndido en subvenciones a proyectos sociales de barrios marginales? Allá nos lanzamos. El grupo “Juventud parroquial Róntegui” no tenía Estatutos reconocidos y homologados por el Gobierno Vasco, pero el grupo era bien conocido en el entorno por sus múltiples implicaciones en el barrio.

Así que, nos decidimos a presentar una memoria de nuestras actividades en la parroquia y en el barrio. Acompañamos aquella memoria con un proyecto de colonias de verano para aquellos niños desprovistos de recursos familiares para dichas colonias. Avalamos nuestra documentación con algunas firmas reconocidas. Y a esperar..

Cuál no sería nuestra sorpresa cuando recibimos la notificación oficial de que el Gobierno Vasco subvencionaba nuestro proyecto con 150.000 pts. (sí, 900 euros). Nunca antes, que nosotros supiéramos, se había dado a una parroquia una subvención tan alta. Ciento cincuenta mil pesetas, traducidas hoy a euros no parece mucho, pero buenos economistas nos dirán que el valor adquisitivo de esa cantidad en pesetas se aproximaría al valor de unos 6.000 € actuales, o más.

Yo no pude asistir a aquellas acampadas de verano de nuestros niños por mis múltiples actividades pastorales de verano, pero la información directa que nos transmitieron sus protagonistas fue muy positiva, hasta calificarlas de acampadas inolvidables.

La eclosión pastoral del grupo

En poco tiempo, tres o cuatro años, aquellos adolescentes se hicieron mayores: con 16-19 años, eran todo unos jóvenes maduros,

capaces de embarcarse en acciones de auténtica evangelización de niños y de jóvenes, incluso de adultos.

Paralelamente a mi función pastoral de párroco seguía adelante con mi pastoral de verano con niños y jóvenes. Por una parte, estaban las acampadas de la Comunidad del Olivar, que constituían verdaderas campañas de evangelización rural; por otra, los cursos de inglés de verano, una forma nueva de educar en valores, apta para niños y adolescentes, aprovechando el gancho del inglés, verdadero centro interés de la época, no sólo para los mismos adolecentes, sino también y, sobre todo, para sus familias. Las acampadas del Olivar se tenían, normalmente en el mes de Julio, salvo excepciones; los cursos de inglés, por imperativo de la demanda creciente, se tenían en Julio y en Agosto.

A la edad de 16 años algunos de nuestros jóvenes ya se alistaron como voluntarios en las acampadas del Olivar, y/o como premonitores de los cursos de inglés. Con el tiempo, hubo quienes aparcaban en sus casas las mochilas de la acampada del Olivar y preparaban sus maletas para el curso de inglés: dos meses enteritos, Julio y Agosto, de voluntarios. ¡Que buen entrenamiento para comenzar la universidad, habiendo experimentado en la propia carne lo que es vivir en proyección continua de servicio a los demás, en condiciones de precariedad y de agobio de horarios! ¿Hay quien dé más?

Listado incompleto de Juventud Parroquial Róntegui.

No es posible nombrar todos y cada uno de los jóvenes que bebieron agua del manantial de la parroquia de Remar durante 6-8 años, incluso después de terminar mi estancia en ella, en Septiembre del 84. Lo difícil es comenzar, la continuidad es cosa de la corriente misma que sigue fluyendo. Y, si se limpian los regatos, a tiempo, y hay alguien, después, que abra nuevos cauces, la lluvia acrecienta el caudal, sin límites de tiempo. Pero, ¡Ay, la humana fragilidad y los diferentes centros de interés de las personas! En poco tiempo puede desvanecerse lo que costó años construir.

Muchos otros jóvenes que no se nombran, en este listado de honor, compartieron con los nuestros ilusiones y esperanzas. Buscaban vivencias, experiencias nuevas, caminos que recorrer juntos con los compañeros de clase, de parroquia, de barrio. Venían de las parroquias de al lado, de colegios de la zona, de los que habían pasado previamente por los cursos de verano de inglés.

He aquí el listado de algunos de los que dejaron su nombre impreso en el recuerdo y en la pequeña agenda de los amigos:

Jóvenes del barrio de Róntegui:

Enrique, Alfredo, Tini, Maite Villar, Maribel Salas, Charo Salas, Adolfo Santa Eufemia (Fito), Susana Estévanez, Maite Petuya…

Jóvenes procedentes de Paúles, Simonas y varios, en primera instancia:

Juantxu López, Andoni González, Natxo Molinos, Mariano Llorente, Javi Chento, Matilde Sanz, Conchi Ochoa, Aitziber Cantelli, Estíbaliz Cantelli, Ana Abuin, Aida Revuelta, Balbino…

Jovenes procedenes de Paúles, Simonas y varios, en segunda instancia:

Mar Marín, Idoia Gutierrez, Silvia Gutierrez, Guaber, Encarni, Josu López Zabarte, Txus Pereda, José Eugenio de la Hera, Julián Doval, Jaime Ramos, Fernando Diez, Raúl, Emilio Varela, Juancar Failde, Juanan Olmo, Rafa Rojo, Mikel Sagastagoitia, Imanol Expósito, Ana Sanz, Víctor Ortega, Marisol González, Javi Lobato, Carmelo Careaga…

Es ley de vida que las flores de primavera se ajen y marchiten con los calores del verano o al entrar en otoño. Alcanzar la madurez y el equilibrio interior pasa por procesos de cambios e imprevistos. Seguro que muchos de estos jóvenes no se reconocen hoy en las experiencias de vida de su adolescencia y primera juventud. Pero, más allá de la realidad dura de la vida, queda la nostalgia y el recuerdo ilusionante del niño bueno que llevamos dentro.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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