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Evocaciones al atardecer XVII: Los cursos de inglés de verano, un campo abonado para la nueva pastoral juvenil

Evocaciones al atardecer XVII: Los cursos de inglés de verano,  un campo  abonado para la nueva pastoral juvenil

Los campamentos  4R habían llenado un vacío en la pastoral juvenil de los colegios. Fue una gran idea que produjo frutos primaverales abundantes. Sin duda que se adelantaron a los tiempos. Pero otras inquietudes y necesidades comenzaban a gestarse. Los padres del colegio de Begoña lo intuyeron, antes de que las aguas invadiesen los caminos. La necesidad de mejorar el conocimiento de los idiomas modernos, y más concretamente la practica oral del inglés, se iba gestando, paulatina, pero inexorablemente. Y ningún tiempo más propicio que el verano para conseguir ese objetivo.

Para que las  nuevas ideas lleguen a florecer es necesario que respondan a los centros de interés de la época. Combinar el verano y el ocio con la mejora de los idiomas, era condición imprescindible para tener éxito en la iniciativa. El cultivo de los idiomas modernos empezaba a ser el principal centro de interés de la época; se atisbaba un cambio radical en el sistema de  la enseñanza de los idiomas.  No se trataba de sustituir una cosa por otra, sino de complementarla. Todas aquellas adolescentes del colegio de Begoña, que se alistaron al primer curso de inglés de Polanco no lo hubieran hecho, si se les hubiera vendido la idea de que iban a dedicar el verano a un curso intensivo de inglés. Aquel curso iba a ser como el campamento 4R que conocían, con el complemento de algunas  horas extras de práctica oral de inglés, con profesores nativos.

El curso de Polanco estaba planeado para el estudio del inglés y de Francés, dos opciones diferentes excluyentes (un idioma u otro), por las mañanas, y actividades lúdico recreativas,  por las tardes. Sólo participaron 25 alumnos, mayoritariamente del colegio de Begoña. hubo incluso jóvenes de Francia, algunos de Ribaforada (Navarra) y algunos externos de Polanco,  tres jóvenes de mi familia biológica, algunos añadidos del mismo pueblo de Polanco.

Las actividades programadas incluían todas las actividades pastorales que se tenían en los campamentos 4R: pequeña reflexión-oración de la mañana y de la noche, que más tarde se dio en llamar “Buenos Días” y “Buenas Noches”, al estilo de Don Bosco; misa diaria, preparada para ser participada, y trabajo de equipos sobre un tema de interés pastoral, una o dos veces por semana. La última semana hubo también una tarde dedicada a la celebración del sacramento de la reconciliación.

Las salidas a la  playa y las   excursiones, junto con las noches de los viernes, dedicadas a la fiesta, completaban un coctel de relación integral entre aquellas jóvenes que contribuyeron a fraguar una relación de amistad indeleble, que todavía dura en algunos casos.

Al final de aquel mes inolvidable de Julio de 76, cuando los padres vinieron a recoger a sus hijas hubo un estallido de emociones y lloreras como nunca más lo he visto en mi vida. Los padres, desconcertados,  preguntaban que castigo tan grande  habíamos puesto a sus hijas… Cuando les explicamos que no les habíamos impuesto ningún castigo, sino que era la emoción de la  despedida, que no querían que aquello acabase, los padres se contagiaron y lloraban como niños. Bien podíamos haber llamado aquella mañana de despedida como el apocalipsis del llanto. Pero aquel no era un llanto de tristeza ni desesperación, sino de alegría contenida, desbordada y contagiosa.

Aquel grupo, sin darse cuenta, había iniciado una aventura de amistad y de búsqueda  cristiana que todavía se prolonga en el tiempo y son ya 40 años: de Agosto del 76 al Verano del 2016.

Y hay otro aspecto que quiero destacar: la buena y sana relación, en un ambiente de amistad y de ilusiones compartidas es un vivero de amistades profundas que se consolidan y desembocan en el noviazgo y en el matrimonio. Un solo chico asistió a esa primera experiencia inolvidable y tuvo el privilegio de ser el primero en iniciar lo que, de alguna manera, podemos llamar “Agencia de matrimonios Feyda”, que prolongará esta misión a lo largo de sus 40 años de andadura. Y no es una misión menor facilitar enlaces entre personas que se conocen en profundidad y comparten las mismas ilusiones.

Pero no solo entre los cursillistas, también entre los monitores, principalmente entre ellos, incluso entre los profesores, los cursos de inglés de Feyda han constituido una plataforma de  sanas relaciones, que han desembocado en un noviazgo prolongado, con final  final feliz en el matrimonio.

Por todo ello, bien merecen estos pioneros de los cursos de inglés de Feyda en Polanco (Cantabria), figurar en los archivos de su historia. Aquí están sus nombres.

  • Padres Paúles e Hijas de la Caridad: P. Félix Villafranca de Las Arenas (Vizcaya); Sor Teresa Martín de Tudela de Duero; Sor Secundina García, de Corrales de Buelna (Cantabria); Sor Pilar Uriz, Sor Ángela Lana  y Sor Victorina Zabaleta de Begoña (Vizcaya); Sor Aurora Bernardo de Llodio (Alava).
  • Profesores de inglés: el matrimonio Joan y Gay Mc Gee, con sus tres hijos, todos ellos menos de 15 años, y sin conocimiento alguno del español, lo que facilitó enormemente la práctica oral del inglés con los cursillistas.
  • Profesor de francés: José Ignacio Fernandez, de Bilbao, pero totalmente bilingüe.
  • Alumnos del colegio de Begoña (Vizcaya): María Rosa Rueda, Raquel Andrés, Arantxa Tajada, María Begoña Fernández, Mireya de la Encina, Miren Gómez, Ana Monserrat Arranz, Jayone Elguezabal, Yolanda Ortega, Arantxa Ereño, Fátima Mendoza y Agurtzane Renovales,
  • Alumnos de Navarra: Susana Belío, Milagros Huguet, hermanas Isabel y Emilia Calvillo, Pedro Calvillo,
  • Alumnos de otras procedencias: Merdedes Dominguez (Burgos); Marie Helene Coq (Argelia); María Concepción Moyano (Valladolid); Ana María Arregui (Azpeitia, Guipuzcoa); Olatz Sáez (Azpeitia); María Teresa Arruti (Azpeitia); Martine Anglada (Francia).
  • Alumnos externos de Polanco: aunque no figuran sus nombres, bueno es hacer constar que fueron unos diez, que hicieron una profunda amistad con los internos, y que, a partir de aquel primer encuentro, unos y otros, internos y externos, continuaron asistiendo a nuestros cursos en años sucesivos.

Lamentablemente, en aquellos años prehistóricos de nuestra primera aventura de inmersión lingüística, no era costumbre utilizar la cámara fotográfica; y, si se hicieron algunas fotos, no quedaron suficientemente guardadas en los archivos.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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