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Evocaciones al atardecer XV: Preparando la nueva siembra

Evocaciones al atardecer XV: Preparando la nueva siembra

Introducción   

Cuando varias personas caminan en la misma dirección, con entusiasmo y determinación, suceden cosas extrañas: de pronto, nacen ideas, iniciativas, proposiciones, en las que nadie antes había pensado. Son los recursos escondidos de la Providencia para cambiar el curso de las cosas, cuando estas no funcionan adecuadamente. Nadie, en concreto, puede atribuirse el mérito, nadie pensó en serio sobre el resultado final, pero todos iluminaron el camino que, al final, nos conduciría al esplendor de la nueva realidad. San Vicente de Paúl apelaba, con frecuencia, a la Providencia: él tenía claro que sólo había sido un pobre y torpe instrumento en manos de la Providencia, para realizar sus grandes creaciones.

Campamento de Pineda

Campamento de Pineda

Lejos de mi hacer la más mínima comparación con San Vicente, ni de lejos, pero, su ejemplo y experiencia confesa me sirven de referencia para admitir humildemente que muchas  de las cosas y proyectos que han ido surgiendo a lo largo de mi vida han nacido bajo el impulso callado de la imaginación creativa de las personas que me han acompañado en mi caminar. Y todo empezó en  Las Arenas, entre 1975 y 1978.

Quiero hacer mención explícita de los Padres, Hijas de la Caridad y Superiores Mayores, sin cuyo apoyo y estímulo no hubiera sido posible empezar  ni llegar al final del camino. Igualmente doy gracias a Dios por los extraordinarios padres de familia que me animaron a embarcarme en la maravillosa aventura de la educación cristiana de sus hijos; me dieron pistas y aportaron los recursos económicos necesarios, financiando las actividades correspondientes organizadas para sus hijos. Especial mención merece, igualmente, el excepcional grupo de jóvenes inquietos con el que siempre he contado; ellos fueron los que,  lentamente, pero de forma ininterrumpida,  constituyeron los diferentes equipos de monitores, hasta llegar a constituir la Escuela Feyda de Tiempo Libre, dentro de la Asociación Feyda, de carácter legal y ámbito nacional.

Campamento de Ajo (Cantabria)

Campamento de Ajo (Cantabria)

Fue en  el otoño del 75 cuando comenzamos la andadura. Sor Dominica Peña estaba inquieta, más bien era un volcán de ideas, en proceso de ebullición progresiva. La estupenda aportación  a las misiones vicencianas, (en forma de bidones de materiales de todo tipo) que se enviaban, periódicamente,  al tercer mundo, eran conocidas a nivel nacional e internacional. Sor Dominica y sus bidones eran marca conocida de calidad. Sus campamentos 4R iban adquiriendo amplios vuelos. Pero, todavía le quemaba el alma muchas carencias en la animación de la pastoral juvenil, a nivel provincial  y, sobre todo, a nivel nacional: la falta de entusiasmo en algunas comunidades; decaimiento de los encuentros a nivel regional, provincial y nacional; falta de animadores pastorales etc. ¿Por dónde empezar?

Impulso a la animación pastoral en los colegios.

Empezamos  por los colegios de las Hijas de la Caridad de San Sebastián. Había que dar un nuevo impulso a la pastoral en los colegios, crear grupos de reflexión y de compromiso, suscitar un nuevo interés entre Hermanas y profesores de los colegios vicencianos. Nacieron así las visitas periódicas permanentes del Delegado de pastoral  a ciertos colegios que manifestaron interés por esta práctica. Se distinguieron en esta práctica los colegios de Begoña, Llodio, Villareal de Urretxu, Corrales de Buelna, Hernani…

Convivencia en el Marqués de Urquijo (Llodio)

Convivencia en el Marqués de Urquijo (Llodio)

Se dio relevancia a los encuentros especiales, tanto a nivel de centros como regionales o provinciales. Estos encuentros tenían distintos nombres, según las circunstancias: en algunos casos, estos encuentros constituían pequeños ejercicios espirituales; en otros, se trataba de convivencias o encuentros de  pastoral que tenía como objetivo principal crear un buen clima, pasarlo bien, proponiendo, a la vez, como tema de reflexión, valores cristianos comunes como la alegría, la amistad, la solidaridad.  Elementos principales de estos encuentros eran la oración inicial del día, el dialogo de grupos, la celebración eucarística, precedida, a veces, de la celebración penitencial

Convivencia misionera en Rabé

Convivencia misionera en Rabé

Mayor relevancia adquirieron los encuentros de zona y los encuentros provinciales. Se anunciaban a bombo y platillo en todos los colegios, con mucha antelación; se estimulaba la participación del mayor número posible; se proponían y se preparaban los temas. Algunos de estos encuentros marcaron época. El primer encuentro de Llodio, en el destartalado palacio del Marqués de Urquijo; el encuentro en el colegio de Santa Catalina en Pamplona; las marchas a Aránzazu; la participación en las Javieradas, dejaron huella imborrable.

Uno de los secretos del éxito de estos encuentros era que constituían verdaderos encuentros de amistad; amistad que se prolongaba y se renovaba de mil modos, utilizando las más diversas  estrategias.

Convivencia misionera en Rabé

Convivencia misionera en Rabé

Otro de los secretos era la combinación de elementos nuevos: la implicación de los jóvenes en la planificación de los mismos; la imaginación y creatividad de los jóvenes: el mimo, el happening, las nuevas técnicas de animación de grupo empezaban a asomar. Godspell y Jesucristo Superstar eran entonces los grandes referentes de los grupos juveniles y se reproducían o imitaban de mil modos diferentes entre los jóvenes.

Parte muy importante de estos encuentros era también los elementos cómico-humorísticos: juegos, canciones jocosas, parábolas, cuentos…  Después de muchos años todavía me recuerdan algunos y algunas el “Epo”, el “Padre Abrahan”, “La maravilla de las maravillas”, “Los burros de mi pueblo” y otras.

Queda por destacar como parte indudable del éxito de aquellas convivencias, desde la perspectiva de los jóvenes, las noches.  ¡Aquellas interminables e inolvidables noches de las convivencias y encuentros! Para las Hermanas, aquellas noches eran una auténtica pesadilla, pero, para los jóvenes, constituían espacios de juerga, a su modo, y, sobre todo, el logro de haber birlado la vigilancia y ese encanto adolescente de haber hecho de las suyas, sin haber sido pescado. Creo que las noches de las convivencias, a pesar de los riesgos e incomodidades que implicaban, sirvieron para  afianzar los diversos grupos de amistad que continuaron después, a lo largo del tiempo.

Danza en el Valle de los Caídos

Danza en el Valle de los Caídos

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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