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Evocaciones al atardecer (VIII): La cima soñada: Teología en Salamanca (1960-64)

Evocaciones al atardecer (VIII): La cima soñada: Teología en Salamanca (1960-64)

Llegada a la gran mansión

Foto aérea del Seminario de Salamanca

Foto aérea del Seminario de Salamanca

Paso a paso, casi sin darnos cuenta, habíamos llegado al último tramo de nuestro recorrido. Nos parecía soñar. Atrás se habían quedado girones de nuestra piel; también habíamos dicho adiós a amigos del alma. De 80 del Noviciado, tan solo quedaban veinte y tantos. Pero no era tiempo de envolverse en nostalgias del pasado. Nuevas auras iluminaban nuestro horizonte…

La casa, ¡Dios mío, el Seminario de Teología de los Paúles de Santa Marta, en Salamanca! Malas lenguas lo llamaban el segundo Ministerio del Aire. ¿Por qué ocultarlo? Con la mejor voluntad del mundo nuestros Superiores creyeron, como tantos otros de otras congregaciones, que aquel flujo creciente de vocaciones de los años cincuenta iba a seguir creciendo, y había que preparar los graneros para acoger debidamente tantas vocaciones, no se nos fuesen a quedar pequeños, otra vez, en pocos años… Así, la ciudad levítica de Salamanca se pobló de mastodónticos seminarios mayores, que, pocos años después, se quedaron obsoletos, por inviables económicamente, al vaciarse las jaulas de pájaros. Una vez más los criterios y previsiones de los hombres no coincidían con los criterios del que todo lo prevee, para cada tiempo y para cada lugar. Nuestro Seminario tenía 400 habitaciones individuales con sus proporcionales salones de Teatro, comedor y capilla. Llegamos a poblarlo 150 estudiantes de teología, en sus mejores tiempos. ¡Todavía quedaban unas cuantas habitaciones vacías, pero era todo un record, aún para aquellos tiempos!

La vida en el interior del Seminario de Teología

La vida en el interior del gran seminario era un hervidero de inquietudes, búsquedas e ilusiones. Eran tiempos que, de algún modo, presagiaban los anuncios del Concilio o tiempos nuevos en la manera de pensar y de actuar de la iglesia… En plena efervescencia juvenil, aquellos estudiantes de teología estaban ávidos de lecturas y de experiencias de pastoral aplicada. Se hablaba entre nosotros de la importancia de los seglares en la iglesia, del movimiento obrero y de sus líderes, de la unidad de los cristianos… Los autores preferidos eran los que marcaban pautas en esta trayectoria de avanzadilla en el pensamiento y en los planteamientos nuevos de la pastoral… Las corrientes de opinión entre nosotros no eran ni mucho menos coincidentes, ni univocas, pero todos confluíamos en la necesidad de ilustrarnos y de dialogar para iluminar nuestro pensamiento.

Cuando llegamos “los de las apostólicas”, con la aureola de esa nueva experiencia, había una cierta expectación. Parecía que hubiese en el ambiente como unos interrogantes solapados: “a ver que nos traen éstos”, “a ver cuántos continúan”… Y no entramos con mal pie, porque les anunciamos que se podían conseguir libros con un 25%, que nosotros los habíamos conseguido para nuestros estudios de “preu” con esos descuentos, a través de una editorial argentina, de cuyo nombre no puedo ahora acordarme… Y hubo silencio y expectación, hasta que se cercioraron de que era verdad, aunque ellos no lo habían podido conseguir en Salamanca. Y el seminario, los particulares y la biblioteca de la casa, y las distintas academias en proceso de constitución, se llenaron de libros nuevos y de expectativas por estrenar. Aquella borrachera de libros nuevos duro varios años, hasta que la sed se sació, hasta que los vientos amainaron o comenzaron a soplar en otra dirección.

Los grandes viveros de ideas y de proyectos: las Academias

Las distintas corrientes de opinión se fueron canalizando en diferentes direcciones. Por una parte estaban los que asistían a la universidad pontificia de Salamanca, para sacar directamente el título de licenciado en teología: eran unos pocos de cada curso. Por otra, los que cursábamos la teología en casa. Unos y otros compartíamos los mismos afanes y búsquedas de novedades pastorales. Llegamos a constituir, internamente, las siguientes instituciones o academias: Academia de Pastoral, Academia de Misiones, Jesús obrero, Departamento de cine… Aparte creamos nuestros correspondientes boletines informativos del estudiantado…

La academia de pastoral promovía encuentros de dialogo pastoral, con conferenciantes de peso, ofrecía bibliografía de actualidad… Jesús Obrero canalizaba la inquietud por las nuevas experiencias de trabajo pastoral con el mundo obrero, tan en boga en aquel momento. El Departamento de cine nos proporcionaba las mejores películas del momento, especialmente adecuadas para ser dialogadas en sesiones de cineforum etc. La academia de Misiones ofrecía información sobre nuestras misiones “Ad gentes”, Cutack, en la India, Filipinas, Hispanoamérica…; organizaba actividades y campañas misioneras, del sello misionero; “fabricaba rosarios”, que vendía a precios módicos; fotocopiaba las tesinas de la universidad pontificia… La presencia entre nosotros de varios estudiantes de teología de la india animaba nuestro entusiasmo misionero. Con todas estas actividades la Academia de misiones autofinanciaba su mantenimiento y su proyecto de ayudar a las Misiones. Llegó a ser un poco como la envidia de las otras academias, que se las veían y se las deseaban para autofinanciarse.

Las actividades deportivas y otras particularidades festivas.

El fervor intelectual de aquel enjambre de jóvenes, aprendices de teologías nuevas, no obstaculizaba el florecimiento de otras inquietudes nobles, propias de jóvenes de esa edad: el deporte, en general, el mantenimiento de los campos y de la piscina, la disponibilidad   para colaborar en cualquier otra necesidad o urgencia que exigiera la buena convivencia… Marcaron época, en la trayectoria deportiva del Seminario de teología, las competiciones en la piscina, la carrera ciclista a Alba de Tormes y, sobre todo, nuestra particular liga del futbol, en casa y con los estudiantes de los distintos centros de Teología de Salamanca. Los nuestros no eran precisamente de los peores equipos de la ciudad, más bien lo contrario. Hasta podíamos competir, airosamente, con el mismo equipo titular de la ciudad. Algunos de los nuestros de aquel tiempo podían haber hecho carrera profesional de futbolistas. Pero, cosas de Dios, prefirieron seguir adelante…

Otras novedades chocantes con respecto al tiempo pasado eran las salidas libres a la ciudad, en privado o en grupo; en una de esas salidas, en un día de viento fuerte, el tren, ayudado por un viento recio y ensordecedor, subcionó la sotana del nuestro compañero, Tachil, de la India, y se llevó consigo el cuerpo de nuestro compañero. Al día siguiente, y en días sucesivos, hubo en la ciudad las mayores manifestaciones de solidaridad que recuerdo: sobraron donantes de sangre joven…

Íbamos creciendo en responsabilidad y en capacidades de autogestión de nuestro tiempo y de nuestros hábitos de vida. En los recreos de la noche, ya podíamos ver los partidos de futbol, hasta la hora de la oración del fin de jornada; tuvimos incluso el privilegio de ver en la recién estrenada televisión de color de la Comunidad la boda de Balduino y Fabiola… Alguna vez, en verano, participábamos en fiestas campestres o de playa de rio: capeas particulares, competiciones de torres humanas sobre las húmedas arenas del Tormes…

Primeros “pinitos” pastorales de rodaje.

Los años pasaban más de prisa de lo que podíamos asimilar. Ya en tercero de Teología solían darnos la oportunidad de colaborar pastoralmente en algunas parroquias que lo requerían. Hacíamos de liturgistas, de animadores de celebraciones juveniles, de catequistas, de organizadores de teatros y excursiones parroquiales etc, Y nos lo tomábamos con el entusiasmo y entrega propias del que empieza un proyecto ilusionante. A mí me tocó a Aldeatejada, a unos cuantos kilómetros de la ciudad. Mis compañeros de terna fueron Julián Soriano y Javier Elia. Nos considerábamos unos privilegiados porque, aparte de los “pinitos” pastorales que teníamos la oportunidad de realizar, gozábamos del privilegio de disponer de una bicicleta para desplazarnos al pueblo y, de paso, para nuestro uso particular. Fue una gran experiencia y nuestro primer contacto pastoral importante con niños y jóvenes. Hicimos las primeras amistades pastorales con niños y jóvenes.

Preparando el gran día, desde el interior

En las Ejercitaciones por un mundo mejor

En las Ejercitaciones por un mundo mejor

La ordenación estaba encima. Soplaban aires nuevos, brisas de renovación en la Iglesia y en el conjunto de la espiritualidad del pueblo, y también del mundo clerical. Las Ejercitaciones por un mundo mejor del P. Lombardi levantaban tejas y tejados en las viejas techumbres del entramado pastoral de la época. Una pequeña ciudad, con historia centenaria, engalanada de jardines regios, y faustas fachadas y palacios, atraía las miradas de los renovadores: La Granja de San Ildefonso, en Segovia, se había convertido en el punto de mira de los que buscaban otra cosa. Y allí nos enviaron a hacer nuestros especiales ejercicios espirituales de preparación para la ordenación. Era un privilegio, una novedad nunca vista: rompíamos moldes, nos poníamos en la dirección correcta recién marcada por el Concilio que acababa de clausurarse… Y, en verdad, que la experiencia no nos defraudó: de aquellas ideas renovadoras, de aquella sabia nueva bebimos durante años. Y todavía quedan reminiscencias, ideas clavadas en nuestra mente y en nuestro corazón, que actúan, en nuestro subconsciente, a modo de lucecita guiadora…

La Ordenación sacerdotal, 28 de Junio de 1964

En plena ceremonia de ordenación

En plena ceremonia de ordenación

Y, por fin, llegó el día grande, el día de nuestra ordenación al sacerdocio, bajo la égida del carisma vicenciano. Los nerviosismos estaban a flor de piel: ensayo de las ceremonias; estampas y mensajes de ordenación; recepción y acogida de nuestros familiares; preparación del viaje y de la primera misa solemne en el pueblo… Eran días en los que difícilmente podíamos conciliar el sueño, como sucede a cualquier persona normal que va a emprender un largo viaje, hacia una desconocida aventura, cargada de sorpresas y de fantasías… Los amplios pasillos de nuestro castillo se poblaron de voces nuevas, con diferentes acentos y timbres de voz… Hubo fiestas de víspera y alegría compartida, cantos y fotos, saludos y adioses…

La ordenación fue solemne, pero sencilla a la vez. La Iglesia estaba llena a rebosar, en todo su esplendor, como en ocasiones parecidas. Los palcos laterales también estaban a tope. Muchos familiares, precavidos y avisados de antemano, se habían subido directamente al palco para seguir de cerca y desde arriba la ceremonia de la consagración sacerdotal. Monseñor Sanz, nuestro obispo navarro paúl, emérito de nuestra misión de Cutack, India, presidió la ordenación… Aceptó, en nombre de la Iglesia, nuestro juramento y compromiso solemne que nos ligaba de por vida al ministerio sacerdotal… Misión y compromiso que debíamos ejercer desde la postración y actitud humilde, conscientes de que solo en Dios estaba nuestra fuerza y única esperanza: eso es lo que simboliza, de algún modo, la postración total de nuestros cuerpos, en posición prona, durante unos minutos al comienzo de la celebración. Momento sobrecogedor, el de tendidos sobre el duro suelo, sin alfombras ni cojines

Recién ordenado  con mis familiares

Recién ordenado con mis familiares

El coro, que había preparado con especial esmero su selección de cantos para tan alta ocasión, contribuyó, en gran medida, al realce y esplendor de la celebración. Y, al final, aún antes, brillaron los ojos, y estallaron las lágrimas; se cruzaron los abrazos y sonaron los aplausos… Había estallado, desbordada, la emoción contenida   durante tan largo tiempo…

Sentíamos, en nuestro subconsciente, la alegría de haber sido valientes, de haber llegado a la meta; y, en nuestro abrazo, compartíamos con los nuestros la ilusión de ser el brillo de la familia, la esperanza colmada de ser enviados a anunciar la Buena Noticia del Maestro: “Se me ha dado plena autoridad en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todas las naciones… (Mt. 28, 19)

Con mis padres

Con mis padres

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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