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Evocaciones al atardecer (IX): Por fin llegamos: Primera misa solemne en Ribaforada (Navarra) (5 de Julio de 1964)

Evocaciones al atardecer (IX): Por fin llegamos: Primera misa solemne en Ribaforada (Navarra) (5 de Julio de 1964)

Los sentimientos íntimos al descubierto

Sólo cuando se ha pasado por una experiencia parecida se puede valorar un acontecimiento como éste. Induce sentimientos contrapuestos… Es, por una parte, como la sombra alargada de uno mismo que, cuando parece que estás cerca de atraparla, se te escurre como una ardilla. Es, como dice el evangelio, como el buscador de tesoros que, cuando encuentra uno de gran valor, se olvida de todos los demás. ¿Por qué no decirlo abiertamente? Es la alegría indescriptible, la emoción inexpresable, del que ha encontrado, por fin, la mujer o el hombre de sus sueños. Lo divino y lo humano no están tan lejos en lo íntimo del corazón… Es Dios mismo el que ha moldeado el corazón humano para hacernos saborear el gozo íntimo de sabernos amados, valorados, buscados, importantes… Y no se puede dormir en fechas próximas al acontecimiento, claro que no se puede dormir… Y yo tampoco lo conseguí; y eso que soy, normalmente, de buen dormir y tranquilo de conciencia…

Camino del pueblo.

La partida de Salamanca fue el mismo día 28 por la noche. En tren, en uno de aquellos trenes de la época, encima nocturno, que nada tenían que ver con el Ave de hoy, ni siquiera con el más modesto de los de nuestra red actual. La noche fue toledana: entradas y salidas de los compartimentos, calor insoportable, ruidos… Y, por supuesto que tuvimos que cambiar de tren, y esperar durante horas el tren último que nos desembarcara en Ribaforada, en Tudela, para ser más exactos…Sólo la esperanza renovada de llegar sanos y salvos nos mantenía vivos y hasta con cierto humor…

Había prometido a mi prima, Begoña, dominica de clausura en Tudela, que la primera misa extraoficial había de ser en su convento de clausura. Años antes, ella y su Comunidad, pujante en aquellos años, se habían comprometido a hacer una oración especial por mí, para que llegara a ordenarme sacerdote. Siempre confié en sus oraciones. Sé que ellas cumplieron con fidelidad su promesa. Y yo no podía faltar a la mía: el mismo día de San Pedro, a pesar de la noche de insomnio, antes del mediodía, celebraba mi primera misa extraoficial en el convento de clausura de las Dominicas de Tudela; sólo para ellas y para algunos de los que me habían acompañado en el viaje. Y hubo emociones, y cantos se alegría sentida, y recuerdos del pasado, y coloquio de gala con la Comunidad…. Fue una celebración sencilla, íntima, de corazón a corazón…

Preparativos para el gran día…

La banda del pueblo acompaña la comiitiva

La banda del pueblo acompaña la comiitiva

Eran otros tiempos. Los pueblos de Navarra vibraban, en aquel entonces, ante la presentación al pueblo de uno de sus hijos, en la celebración solemne de su primera misa. Y en el pueblo de Ribaforada no había habido antes demasiadas ocasiones como esta. De hecho, creo que era la tercera vez que esto ocurría en el pueblo, muy al contrario de lo que ocurría en otros pueblos cercanos. Además yo era el fruto maduro de la gran misión de Ribaforada, que, de alguna forma, marcó un antes y un después en el devenir religioso del pueblo. Muchos recordaban todavía la misión del P. Langarica… Todos estos factores contribuyeron, sin duda, a caldear el ambiente… Se corrían las voces, se comentaba aquí y allí… Se hablaba de la aurora del día 5, ante la ventana del misacantano; y de la banda de música, y de los arcos y ventanas engalanadas del recorrido por donde había de pasar la comitiva, camino de la casa del nuevo sacerdote a la iglesia… En casa todo eran recuentos de los últimos detalles: preparación de la celebración, fotos del acontecimiento; invitaciones, comida de familiares y amigos; primeras comuniones de las sobrinas Marisa, Isabel y Emi…Y yo, movedizo y escurridizo, incapaz de atender a tantas voces, buscando momentos de silencio y de tranquilidad para ver cómo me situaba en la celebración; y qué decía en mi primera intervención, ante un público expectante… Todos preocupados y nerviosos, deseando que llegara, por fin, el gran día…

Aquel día que marcó mi camino: primera misa solemne en Ribaforada.

Hacia la iglesia con  mis compañeros y mis sobrinas de primera comunión

Hacia la iglesia con mis compañeros y mis sobrinas de primera comunión

En realidad, como sucede con frecuencia en la vida normal, es más expectante e inquietante la espera que el acontecimiento mismo… Aquel día, todo se desarrolló con normalidad y serenidad. El grupo de “auroros” de turno me despertó bien tempranico y me dedicó lo mejor de su repertorio y de sus aplausos y sonrisas. Una pequeña representación de la banda municipal acompañó a la comitiva hacia la iglesia, haciéndonos pasar por debajo del arco triunfal preparado para la ocasión… Difícil traducir a palabras llanas lo que sentía camino de la Iglesia. Una extraña sensación recorrió todo mi cuerpo: me sentía grande y pequeño a la vez; débil y fuerte; agradecido y con miedo a no dar la talla que todos aquellos amigos y paisanos esperaban de mí. La presencia de compañeros de Congregación: el P. Rafael Ortega, profesor de teología, que fue el que me predicó; Rosendo Huguet, compañero del alma del pueblo, Alfonso Berrade, José María Alfonso Loyola y algún otro, me hizo sentir bien arropado y lleno de orgullo de saber que pertenecía a una gran familia de misioneros… También la presencia de los sacerdotes del pueblo, especialmente la de Don José María, el boticario, que nos había acompañado en nuestros años de infancia, producía en mí aquel día una especial sensación de gratitud… Sentí profundamente la ausencia de Don Serafín Ayensa, que jugó un papel tan importante, aunque sin relieve, en esta aventura tan especial de mi vida.

Primer ofertorio solemne

Primer ofertorio solemne

La iglesia del pueblo, la nueva, la que está construida sobre el cementerio viejo, no la de mi bautismo, estaba a rebosar, y todavía había gente al pie de la escalinata y al otro lado de la acera… La ceremonia se había preparado con esmero y todo discurrió según el programa. No recuerdo con exactitud ni lo que dijo mi predicador ni mis palabras finales de exhortación y de gratitud al pueblo. Pero creo que aguanté hasta el final… Quizá se escapó una lágrima furtiva; si así fue, creo que me repuse con rapidez, como en las grandes ocasiones…

Especialmente emotivo fue el besamanos al final de la misa: sentir el calor del beso en mis manos, recién consagradas, de los sacerdotes, de las autoridades del pueblo, de mis padres, de mis familiares y amigos… produjo en mí una sensación difícil de describir, que me acompaño durante años…

Con mis familiares a la puerta de la iglesia

Con mis familiares a la puerta de la iglesia

Las fotos al final de la celebración, con los diferentes grupos de acompañantes, y la comida familiar, familia enriquecida con la primera comunión de mis sobrinas, puso fin a una fiesta global y popular, el día de mi primera misa solemne en el pueblo de Ribaforada, el día 5 de julio de 1964…

Y quiero que el eco de aquel día grande e irrepetible en el corazón mismo del pueblo, de todos, creyentes y no creyentes, practicantes y no practicantes, amigos y desconocidos…., quede grabado para siempre en el recuerdo intimo que nos llene de ilusión y nos empuje a hacer realidad lo que hay de más profundo y deseable en todos y cada uno de nosotros. El sacerdote es de todos, no se pertenece a sí mismo, sino a la sociedad… Es, de algún modo, patrimonio de la humanidad… Pero, sin el pueblo, sin personas que le acompañen en esta aventura maravillosa de anunciar la Buena Noticia de Jesús, de que todos tenemos un Padre en el cielo, que nos ama con ternura, más allá de nuestras ideologías y de nuestras pequeñeces, sin ellos, sin personas de buena voluntad, compañeros de su viaje al infinito, el sacerdote es una figura decorativa, un solitario perdido en el desierto… Con vosotros, dentro de la barca, bogando en altamar, contra las olas y los vientos de la vida, el sacerdote realza su figura, adquiere brillo y relevancia su presencia… Entonces habrá merecido la pena esta aventura tan especial y única. Y esta celebración de mis Bodas de Oro sacerdotales habrá merecido la pena… Gracias por vuestra presencia y por bogar en la misma dirección.

Con mis padres en el besamanos

Con mis padres en el besamanos

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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