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Vivir la Semana Santa, hoy, con espíritu vicenciano

Vivir la Semana Santa, hoy, con espíritu vicenciano

cristo—Buenas tardes, Vicente. Me alegro mucho de haber podido coordinar nuestra apretada agenda para dialogar un poco contigo y con nuestros amigos de JMV de España; bueno, concretamente, esta vez, con nuestros buenos amigos de Llodio (Álava)…

—Yo también me alegro, Luisa. Hacía mucho que no podíamos coordinar nuestros tiempos y tener un relax de familia… Nuestros pobres nos llevan todo el tiempo y más… Sé que has andado toda entregada a atender a tus niños de la guerra y de tantos desastres que se multiplican en estos tiempos calamitosos… Sé también que las Hermanas han respondido a tus llamadas con la abnegación y entrega de siempre, haciendo honor al nombre que el Buen Dios nos inspiró para ellas: ¡Hijas de la Caridad!

—Tampoco tú has ido a la zaga, Vicente… A pesar de todo, te veo bien. La primavera, que no acaba de empezar del todo, te sienta bien, aunque dudo que te cuides como debieras… Pero…, tenemos que cortar, nuestros amigos Unai y Bego ya están intentando conectar con nosotros…

—¡Hola! ¡Hola! ¿Estáis ahí, Vicente y Luisa…? Somos Unai y Bego… Esta vez hemos sido puntuales, contra lo que suele suceder…

—Bien hecho, chicos, así debe ser siempre: la puntualidad sigue siendo un valor también para los jóvenes de JMV de España, responde Luisa, ajustándose los audífonos del Skype… Adelante…

—Ya sabéis —responde Bego—, queríamos aconsejarnos con vosotros, a ver cómo los jóvenes de JMV pueden vivir la Semana Santa, hoy, aquí y ahora, concretamente en Euskadi…

—Estamos un poco perplejos —añade Unai—: somos de la vieja guardia de JMV, andamos por los treinta y tantos y no nos encontramos ni entre los nuestros: han cambiado demasiadas cosas en demasiado poco tiempo… Creemos que nos viene grande el ser animadores de los grupos de JMV, no funcionan los resortes que a nosotros nos ponían en vilo…

—Está bien que penséis así —dice Vicente, sonriente—: peor sería que también vosotros hubierais perdido los estímulos… Mientras vosotros mantengáis viva la llama que os transmitieron, mantendréis la esperanza de que podéis comunicarla a otros; si no de una manera, de otra, más adaptada a la realidad que os toca vivir en vuestro entorno…

—Bien dicho, Vicente —interviene Luisa, complacida—. Tenéis que empezar, Unai y Bego, por analizar lo que hacíais antes y ahora no se puede hacer… Después, ver las nuevas posibilidades de impregnar de sentido de fe y de servicio las realidades que os toca vivir. Solo así sentiréis el gozo de celebrar la Semana Santa, no solo en las celebraciones litúrgicas, sino también y, sobre todo, sirviendo al pobre de hoy, en vuestro entorno y donde quiera que reclamen vuestra presencia y colaboración…

—Esto sí que se nos escapaba a nuestra reflexión —comenta Bego—: quizá hemos perdido las claves auténticas; voy comprendiendo que vivir la Semana Santa no es sólo asistir a las celebraciones propias de esta semana, ni sólo participar en las largas procesiones, como hacen en tantas partes de nuestro país…

—Por ahí, por ahí, entiendo yo ahora que deben ir las cosas —añade Unai, complacido del hallazgo—. En nuestro tiempo celebrábamos la Prepascua con el P. Felix y otros compañeros y muchas Hermanas de los colegios vicencianos… Teníamos tan solo 13-15 años entonces. Después, A partir de los 16 años, nos íbamos a Murguía donde llegábamos a juntarnos hasta más de 200 jóvenes, chicos y chicas, de toda la Provincia de San Sebastián… Celebrábamos la gran Pascua Joven del norte.

—El Jueves Santo —continúa Bego— era de solemnidad y de creatividad: el lavatorio de los pies no era solo ni principalmente el gesto de lavar los pies a alguien, sino ver a qué pobres podíamos sentar en la silla vacía… Durante la noche nos turnábamos para velar al Santísimo por grupos… El Viernes Santo era subir al Santuario de Oro proclamando y cantando las Estaciones del Via Crucis que nosotros mismos habíamos elaborado. Y la Vigilia Pascual, Dios mío, ¡qué Vigilias aquellas! Aquello era el no va más… ¡La eclosión emotiva, como una ola expansiva, la alegría y el llanto de emociones contenidas, el Pregón Pascual y el aleluia de Hendel…! Hoy todo esto ha quedado reducido a nostalgias del pasado. Cierto que quedan todavía algunas reminiscencias de estas grandes Pascuas juveniles, pero son más bien pequeños grupos, en contados lugares emblemáticos, como pequeños restos de Israel, que sueñan entre el recuerdo vaporoso del pasado y el suspiro esperanzado por un futuro que no acaba de llegar…

—Está bien evocar el pasado con cariño —continúa Luisa—, está bien soñar con revivir lo mejor de vuestras experiencias juveniles en JMV, pero el mundo no se acaba ahí. Hoy hay caminos nuevos de vivir la fe y compartirla. Nuestro buen Papa Francisco, con gestos y palabras, muestra día tras día nuevas pistas para vivir la alegría de la fe y contagiarla a vuestro alrededor. Después de todo, lo que hacíais en esas inolvidables Pascuas juveniles era crear trampolines para celebrar y vivir la fe y hacer acopio de entusiasmo para llevarlo a vuestros grupos, a vuestras familias, a vuestros colegios y parroquias…

—Y ¿recordáis lo que pasaba entonces? —interviene Vicente—: pues que, como todos eráis muy jóvenes y todo surgía como de un horno en llamas, pronto se extinguía el fuego, a medida que languidecía la emotividad y el entusiasmo, y volvíais a la rutina de la vida real y prosaica. Pocos continuaban con un compromiso serio de vida, revisado y renovado… Ahora que sois mayores, padres de familia, y animadores de otros grupos, bien en centros vicencianos, bien en parroquias, vuestros planteamientos deben ser distintos…

—Hoy tenéis que vivir la Semana Santa de otra forma —corrobora Luisa—, sin perder vuestra identidad vicenciana. En vuestra web “vicencianos.org” encontraréis materiales preciosos que os dan claves para vivir esta semana grande bebiendo en las fuentes de vuestras mejores tradiciones. El encuentro con Jesús camino del Calvario, ayudarle a llevar su pesada cruz, como otros cirineos, está a vuestro alcance…

—Lo que dices, Luisa —corta Bego—, me recuerda un montaje audiovisual que solían ponernos el Viernes Santo… Se titulaba “Cristo sigue muriendo”. Presentaba distintos tipos de sufrimiento real, que se dan hoy en nuestra sociedad: el odio que mata a personas inocentes, víctimas del hambre en una sociedad de lujo, niños abandonados, los estragos de guerras sin sentido, abusos del poder y de la corrupción, familias enteras en paro, jóvenes destruidos por la droga y el alcohol…, y un largo etc. Cada persona que sufre hoy y aquí y más allá… es un Cristo vivo camino del Calvario, insinuaba el montaje…

—Ahora voy entendiendo mejor el sentido profundo de aquel montaje —tercia Unai—; también veo con más claridad que nosotros estamos llamados a ser parte activa y protagonista de este drama continuo de la humanidad: somos convocados a actuar de cirineos permanentes, ayudando a Jesús a llevar la cruz, aliviando todo sufrimiento humano, principalmente a los más pobres y desechados de esta sociedad… Ahora entiendo mejor aquellas palabras de Vicente: mil veces que vayáis al pobre, mil veces encontraréis en ellos el rostro sufriente de Cristo…

—Yo también veo ahora cosas que entonces no acababa de entender del todo —añade Bego, inspirada—. Recuerdo algunas lecturas que me resultaron nebulosas cuando las leí, pero que ahora empiezo a comprender: que el sufrimiento en sí mismo no es bueno ni lo quiere Dios para su Hijo ni para sus hijos… Querer el sufrimiento en sí mismo sería masoquismo; por otra parte, sería de mal padre y de mala madre querer el sufrimiento para sus hijos. La cruz de Cristo, libre y voluntariamente aceptada, solo se entiende desde el plan de liberación de Dios a través del amor y desde la invitación de Dios al hombre a colaborar en su gran proyecto de hacer nuevas todas las cosas…

Vicente mira fijamente a Bego y le dice:

—Has estado inspirada, Bego. Dios envió a su Hijo al mundo para anunciar la buena noticia a los pobres, a los cautivos la liberación, dar vista a los ciegos, para romper los cepos y cadenas de los encarcelados… Ese texto del profeta Isaías es precisamente el que nos inspiró nuestro Buen Dios como lema y fuerza motriz de nuestra pequeña compañía y debe seguir siendo la fuerza transformadora de todo el que se precie de ser heredero de nuestras tradiciones. La muerte libre y voluntaria de Jesús en la cruz es la culminación de ese proceso liberador… La liberación llevada a cabo por Jesús se realiza por amor y fidelidad al Padre y se materializa en su entrega en la cruz por a mor a todos y cada uno de nosotros los hombres. Nadie ama más que el que da la vida por el amigo, había proclamado Jesús y lo hace realidad precisamente muriendo con la muerte más cruel e ignominiosa que se podemos imaginar, para que nadie pudiese dudar de la grandeza de su amor al hombre…

—Maravilloso, Vicente —exclaman Unai y Bego al unísono—. No se puede ser más claro. Ahora entendemos mejor algunos pensamientos que nos dijeron en alguna de nuestras Pascuas juveniles y que se nos gravaron profundamente: que el amor se mide por la capacidad de aceptar el sufrimiento por la persona amada; tanto amas cuanto eres capaz de sufrir por las personas que amas… Y el otro no es menos fuerte: “No estaríamos convencidos del todo del amor de Dios a los hombres si no hubiera dado su vida por nosotros”. Si estamos persuadidos de que el amor de una madre es único e irrepetible es precisamente porque es la que nos lleva en su vientre y es capaz de darlo todo por nosotros…

—Pero aún hay más —continúa Vicente, visiblemente complacido por lo que se está diciendo—: la muerte de Cristo en la cruz por amor da una nueva dimensión a la comprensión del misterio del sufrimiento: ya no podemos verlo como una tragedia, ni como una mal irremediable, ni como un sinsentido; es la expresión sublime del amor total, del compromiso por la liberación del hombre por parte de Dios. Acompañarle en su subida al calvario implica nuestra colaboración en la transformación de este mundo, no por la fuerza ni por las armas, sino por nuestra entrega callada de cada día al servicio de los demás, significativamente por los más desfigurados de nuestra sociedad doliente. Pero implica también la negación de nosotros mismos, de nuestros egoísmos para dar vida a los otros…

—Habría ahora que concretar un poco —interviene Bego—, para llevar un mensaje claro a los nuestros sobre cómo podemos vivir los movimientos vicencianos la Semana Santa, más específicamente el Triduo Sacro… Todo esto que hemos comentado suena muy bonito, son pensamientos enriquecedores para llevar en la mente y en el corazón, pero dicen poco a los nuestros sobre el tema que traíamos entre manos…

—Quizá tiene razón Bego —asiente Luisa—: hagamos todos un esfuerzo. Pienso que todo esto que hemos dialogado nos habla, en primer lugar, de la actitud con que nos hemos de acercar a estas celebraciones solemnes de la Pascua. Lo que vamos a celebrar no son meros ritos litúrgicos, ni manifestaciones devotas, con tintes de belleza artística, arraigadas en tradiciones populares. Son, ante todo, expresiones llenas de vida que nos estimulan a vivir de otra manera, a celebrar de otra manera…

—A ver que os parece este resumen que se me va ocurriendo a lo largo de este diálogo —dice pensativo Unai. Con la ayuda de Vicente podíamos hacer el siguiente resumen, me parece:

  • Al contemplar el misterio de la pasión en sus diferentes manifestaciones hemos de contemplar a Cristo que sufre en el pobre y nos invita a aliviar todo sufrimiento…
  • Al orar a lo largo del día, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, hemos de tener presente el grito de los pobres que reclaman el pan de cada día y la liberación de sus necesidades y opresiones
  • Al acompañar a Jesús por las calles en las distintas procesiones, hemos de sumergirnos en el silencio respetuoso y solidario de tanta gente que arrastra su cruz cada día por los suburbios sin nombre de nuestra sociedad…
  • La Hora Santa, la adoración Santísimo, el lavatorio de los pies, las oraciones especiales del Viernes Santo…: todo debe converger en el misterio del amor de Cristo que se entrega cada día al Padre por nosotros y nos invita a acompañarle en esta entrega de amor por tantas personas de nuestro entorno…
  • Es precisamente esta visión contemplativa la que hace palpitante de vida y de realismo la celebración del Misterio Pascual…
  • Entonces sí que podremos proclamar en la vigilia Pascual “Cristo ha Resucitado y nosotros con Él”.

—Muy bien, Unai —exclama Vicente—. Solo añadiría que todo esto no debe reducirse a una visión pasiva de la realidad, sino que debe tener un sentido profético de denuncia de la injusticia y de la opresión. Cristo muere precisamente por denunciar la injusticia, la hipocresía y la opresión de los débiles y oprimidos. Y esta denuncia, para que sea significativa, debe llevarnos a estar dispuestos a dar la vida por amor.

—Gracias, Vicente y Luisa, habéis estado geniales. Buenas tardes y hasta la próxima.

—Buenas tardes, Unai y Bego. Que no decaigan vuestros ánimos. Y contagiadlos a los de vuestro grupo de Llodio.

2 Comentarios

  1. Josico

    Félix, simplemente gracias. Feliz Pascua, compañero en la misión de Cristo. Unidos en Él.

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  2. Pedro Guillén

    Acabo de leer tu diálogo entre San Vicente, Unai, Santa Luisa y Begoña en tu blog de Vicencianos. Veo que rezuma un poco la nostalgia del pasado en relación a celebraciones pascuales pasadas pero todo lo contagias con la esperanza y la ilusión del futuro. Me parece excelente retomar nuevamente el pulso de aquel tiempo aunque sea con formas, discursos, motivaciones, estilos, metodologías distintos… En fin, sigue con tu genio y figura que ya ves que las semillas siempre dan frutos.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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