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Oración joven ante el portal

Oración joven ante el portal

Vamos, Vicente,  que llegamos un poco tarde. Habíamos quedado con los jóvenes a las 19.30, en  la Basílica de la Milagrosa… Aunque estos jóvenes no suelen llegar puntuales, nosotros debemos ser puntuales, para que no nos pongan como excusa de su impuntualidad…

Tienes razón, Luisa, pero ya sabes lo que pasa: que siempre que tiene uno prisa ha de surgir algún imprevisto o te ha de llamar alguien para cualquier cosa… Considero que también es muy importante atender  bien a la gente en cualquier momento que requiera nuestros servicios…Esto lo entenderán muy bien nuestros jóvenes, si llegamos  un poco tarde…

¡Me hace mucha ilusión, Vicente, juntarnos hoy precisamente, la noche  de  Navidad, (la Noche Buena, la  llaman ellos en España), en la Basílica de la Milagrosa de Madrid…! ¡Tenemos tan maravillosos recuerdos de nuestros encuentros con ellos, durante las jornadas Mundiales de la Juventud con el Papa en Agosto pasado!

También a mi me hace mucha ilusión, Luisa, fueron momentos inolvidables. Quiero evocar de modo especial aquellas vigilias cargadas de emotividad y de fe, con la ilusión palpitante de dos mil jóvenes reflejada en sus rostros veinteañeros… En algún momento hasta me hicieron sonrojar, incluso emocionar hasta las lágrimas: ¡Tal era la intensidad  emocional y la expresión dramática de sus expresiones orantes…!

¡Y qué bien interpretaron aquellos jóvenes actores las exigencias del espíritu vicenciano y la presencia de nuestra  buena Madre Milagrosa en el planear y convivir, en el Ver, Juzgar y Actuar de nuestra Familia Vicenciana universal…!

Pero no  vamos a anclarnos en el recuerdo, Luisa… Eso sí, vamos a evocar aquellos momentos intensos de vida para no dejarlos caer en el vacío, sino catapultarlos hacia adelante, proyectarlos hacia la  vida de cada día… Y esta Noche Buena es una ocasión única: hay que hacerles comprender, sentir en lo más profundo de su ser, que Jesús nace en Belén para significar que quiere llenar nuestro corazón, nacer cada día en nosotros, que quiere contar con nosotros para cambiar este mundo que no nos gusta…

…… Buenas noches, Vicente. Buenas noches, Luisa. Aquí estamos, casi puntuales… Bueno, algunos no han podido venir porque se le han complicado las cosas a última hora… Pero otros han llegado super puntuales  y hasta han ambientado la capilla y preparado la música de fondo…; hasta han  probado las luces que  convenía poner para la ocasión…

Buenos noches a todos, jóvenes… Gracias por haber venido a compartir con nosotros este rato de oración ante el portal…

Vicente y Luisa, podemos empezar cuando queráis. Me llamo Teo y vengo representando a la juventud vicenciana de Euskadi. Lo tenemos todo preparado. Venimos representando a toda la Familia joven Vicenciana del mundo, para evocar y revivir aquellos días inolvidables de nuestro encuentro mundial de los jóvenes con el Papa…. Madrid es una ciudad cosmopolita y hemos encontrado representantes de todas y cada una de las autonomías   de nuestro país, representantes de cada uno de los cinco continentes, representantes de las ramas juveniles de la Familia Vicenciana: JMV, JMV INTERNACIONAL, MISEVI, FEYDA, COMUNIDADES LAICALES VICENCIANAS  y, desde luego, de los  y las jóvenes de Padres Paúles e Hijas de la Caridad, nuestros fieles acompañantes de siempre.

Vamos a explicar brevemente el proceso de nuestra oración contemplativa en esta noche única de nuestra vivencia creyente. Me llamo Nerea y represento a la juventud vicenciana de la Comunidad  de Valencia. Quiero deciros para vuestra información que la oración que vamos  a proclamar contemplativamente ha sido elaborada, a golpes de intuición, por todos los aquí presentes, con la participación activa de sus grupos respectivos. Diremos bien alto y de forma meditativa, rotativamente, los diferentes párrafos de nuestra oración en este atardecer suave de Madrid…Dejaremos espacios de silencio para la contemplación y la oración íntima personal…

Soy Nacho, de la Comunidad joven Vicenciana de Madrid. Yo he sido encargado de la ambientación de la sala, del fondo musical navideño y de los tonos cambiantes de luz y los claro-oscuros… Todo está preparado. Cuando queráis podemos empezar.

Se sientan todos en el suelo, sobre unas mantas, en torno a un pequeño Belén, colocado en medio de la capilla… Vicente y Luisa, acompañados por un puñado de Padres y Hermanas jóvenes ocupan las sillas preparadas especialmente para ellos… Luz de amanecer tenue… Música suave que evoca la nostalgia de tantas navidades mágicas…

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Antes de comenzar, escuchamos este hermoso villancico:

[YouTube]qHebLA8XU3E[/YouTube]

Oración joven ante el portal (24-12-11).

¡Hola, mi Niño! No sé como empezar. Quiero decirte muchas cosas, pero no acierto a expresarlas. Por fin me decido: espero que me entiendas.

Esto de la tolerancia, por más que lo pienso me parece complicado. Este año que termina se han escrito millones de páginas en todo el mundo y se han tenido cientos de programas  televisivos, radiofónicos, tertulias y no sé cuantas cosas más, acerca de este tema, tan de hoy y tan de siempre… Y, al final, miro a mi alrededor y parece que todo sigue igual, o casi…

Los emigrantes siguen siendo, para muchos, como de raza inferior, peligrosos  competidores que vienen a arrebatarnos nuestros puestos de trabajo, nuestra sociedad de bienestar. No faltan gentes, de buena intención, que ven en ellos  un colectivo de peligrosos delincuentes…

Países hermanos, unidos por siglos de historia y de cultura, que se persiguen a muerte hasta el exterminio y el genocidio.

Países ricos, inmensamente ricos, que quieren conservar a toda costa, sus privilegios, aunque se hunda en la miseria la masa ingente del Tercer Mundo.

Fanáticos integristas, fundamentalistas de mil tipos y etiquetas, que, en nombre de  los intereses de su patria, de su dios, de sus tradiciones o de no sé que mil historias, siembran de cadáveres y de angustias la tierra que pisan.

Pistoleros a sueldo, con diferentes siglas, que, en nombre de la libertad y de la verdadera democracia, dicen ellos, quieren  imponer su ley a metrallazo limpio.

Jóvenes celosos de la pureza de su raza y de sus ideas de ley, que apalean o “pinchan” a todo aquel que no encaja en sus elucubraciones mentales.

Jóvenes, pletóricos de fuerza, ansiosos de felicidad, que arruinan su vida y destruyen sus hogares, por el atractivo seductor del placer sin control, el alcohol, la droga, el sexo…

Tanta gente adulta, bien intencionada, y puritana de costumbres, que ve en las víctimas del sida la encarnación del mal, que pagan el justo precio de sus desvaríos…

¡Para que seguir, mi Niño, que estás ahí acurrucadito en tu cunita, y nos dices que vienes a salvarnos a todos! Todo esto está ahí, a la vista de todos, como un puñal bien afilado que se clava en lo más profundo del corazón del ser humano.

Y yo me pregunto, ¿dónde se atisba ahí la tolerancia tan cacareada por todo el mundo? ¿Qué me exige la auténtica tolerancia en estos y en tantos casos  sangrantes que hieren mis sentidos y sentimientos más profundos?

Está claro que no puedo contemplar impasible, como quien no ve nada, tanta desolación y sufrimiento. Está claro que no puedo zarandear a la gente tratando de meter en su mollera mis  propias concepciones. Está claro, la historia es testigo, que no  puede imponerse  el orden y el bien, que suelen ser siempre mi “orden y mi bien”, a fuerza de machetazos, pistoletazos, ejércitos y bombas de relojería… Pero está claro también, la racionalidad del ser humano me lo está gritando, que no puedo aceptar los principios ideológicos que causan tantos horrores. Pero, ¿cómo puedo compaginar tantas cosas aparentemente contradictorias…? No lo entiendo  ni me entiendo…

Empiezo a atisbar algo. Tú nos has hechos libres, Señor del cielo y de la tierra… Recuerdo haber leído en alguna parte esta frase atribuida a un gran santo:

“Dios no nos  hubiera hecho libres si no fuera capaz de conseguir de la libertad mayores bienes que los que pone en peligro la libertad”. La expresión me parece genial, mi Niño… Tú te has fiado de nosotros: has apostado por nosotros, por el hombre y la mujer de carne y hueso. Has creído al hombre capaz de continuar tu obra creadora, capaz de construir maravillas, de salir de sus propios escombros, capaz de soñar, de volar, de remontarse sobre sí mismo hasta el infinito de lo imposible…

Ahora empiezo a entender que es la fuerza del amor, que nace de la profunda libertad interior, la que hace posible lo imposible.

Empiezo a comprender el gesto de tantas personas de buena voluntad que se arriesgan  por los demás…

Personas que, sin miedo a las amenazas ni a los insultos, se lanzan  a la calle a gritar por la libertad de los secuestrados, a denunciar la injusticia de los asesinatos  y atentados…

Personas, sin etiquetas, que se alistan en mil asociaciones solidarias y se preocupan de resolver pacíficamente los mil problemas de injusticia que abochornan la recta conciencia del ser humano…

Niños, jóvenes y adultos que se sensibilizan por le respeto a los demás, la libertad propia sin detrimento de la libertad de los demás, la importancia de saber compartir, la tolerancia como derecho fundamental de toda persona a ser aceptada en su propia identidad…, sin menoscabo de la identidad de los demás…

Hombres y mujeres, de toda clase social, pero de nuestra misma pasta humana, que lo dejan todo y se van a países sin nombre, para hacer transparente tu mensaje de Amor sin barreras ni fronteras…

Ahora entiendo, Niño de este Belén que estoy contemplando, tu gesto de hacerte uno de nosotros, de haber aceptado el peso enorme de nuestra humanidad.

Gracias, mi Niño, por haber nacido hoy en nuestro Belén interior, por haber  hecho tuyo, en cada uno de nosotros, el grito dolorido de la humanidad.

Ayúdame a hacer de mi vida una Navidad permanente.

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Después de una larga pausa, cargada de ilusiones y esperanzas, Luisa añade esta oración entrañable

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Señor:
Desde lo profundo de nuestro corazón te esperamos,
Te gritamos con todos los hombres:
¡VEN, SEÑOR JESÚS!
Tú llegas ya, allí donde los hombres se aman,
allí donde los hombres saben compartir.
Tú estás allí, donde nos reunimos e invocamos tu nombre,
donde volvemos el rostro contigo hacia el Padre.
Nos pides, que preparemos tu camino día a día,
que proclamemos que Tú estás a nuestro lado.
Señor:
Ayúdanos a hacer de nuestra vida
una continua Navidad.

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Y Vicente, visiblemente emocionado, centrados sus ojos y su corazón en el Niño del Belén que tiene delante, concluye en nombre de la gran Familia joven Vicenciana de España y del mundo:

[stextbox id=”info”]

Señor, tú naces donde alguien dice sí,
sin pedirte demasiadas explicaciones.
Tú naces donde alguien camina hacia el futuro,
sin exigirte saber qué pasará en el trayecto
Tú naces donde hay creyentes
como María de Nazaret.
que dicen sí, sin condiciones,
y arriesgan toda su vida
y la ponen enteramente a tu servicio.
Señor, tú das futuro
a quien no quiere amarrar demasiado el presente.
Tú das futuro a quien, como María,
exclama: “Aquí me tienes”.
Haz, Señor, que el futuro de estos jóvenes 
sea tu palabra, que llena de vida
y una vida que va más allá de este tiempo.
Y todavía añade, impulsado por una fuerza interior irrefrenable:
Ven, a nosotros, Buen Jesús,
transforma esta humilde Familia vicenciana;  
enséñanos a descubrir la fuente inagotable
que nos hará vivir desde una nueva espiritualidad,
basada en el cuidado, la solidaridad, la alegría y la justicia.
Ven a transformar la vida de estos jóvenes,  
la vida de nuestras familias, de nuestro entorno…
Ven al corazón de estos jóvenes,
Porque todavía hay muchas cosas
Que les enternecen y les llenan de asombro;
Porque todavía se conmueven ante el dolor
Y el sufrimiento humano,
Porque todavía hay muchos que están dispuestos
A dejarlo todo por ese Reino de Paz y de Justicia
Que Tú mismo vienes a instaurar…
TE ESPERAMOS ESTA NAVIDAD.

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…. Y después de un silencio prolongado se oye una voz timbrada en off que sale de la cuna del Recién Nacido:

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Estoy aquí, junto a ti;
he nacido en la pobreza y en la humildad,
he venido en la sencillez, y estoy aquí para quedarme contigo.
¿Ya sabes qué lugar de tu corazón me vas a regalar?
Hace tiempo que camino a tu lado y voy dentro de ti,
pero en esta Navidad vengo a quedarme en tu vida.
¿Por qué me tienes aquí, oculto, algo escondido?
Soy la meta de tus caminos. Lloro tus lágrimas. Soy tu alegría.
Estoy contigo cuando te sientes perdido. He sufrido tu miedo.
Mi amor se ha hecho tu prisionero. Estoy en tu necesidad, en tus caídas.
Al nacer abracé todos tus días y tus noches.
Me he metido en la aventura de tu vida, me he hecho tu hermano.

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…Buenas noches, Vicente y Luisa, y ¡Feliz Navidad!

Buenas noches, jóvenes, y que Dios nazca en vosotros de verdad esta Navidad

Sabéis que estamos permanentemente a vuestra disposición. Hasta la próxima.

 [YouTube]S9nMELHgKrg[/YouTube]

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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