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Más allá de la ideología: la vida del no nacido (II)

Más allá de la ideología: la vida del no nacido (II)

ninyoVicente y Luisa no se han encontrado desde la última vez que conectaron con nuestros jóvenes Juan y Elo para dialogar sobre el aborto… La verdad es que quedaron un poco desasosegados al escuchar directa y abiertamente lo que se dice en la calle y en cualquier foro social de nuestro entorno sobre el tema. Pero, por otra parte, se alegraron de que nuestros jóvenes de JMV estén al loro sobre el tema, ya que piensan que los nuestros, los jóvenes de la familia vicenciana, deben partir del análisis de la realidad para poder dar solución a los problemas reales de nuestra sociedad…

Hoy, Vicente y Luisa se han dado cita de nuevo para proseguir con nuestros protagonistas, Juan y Elo, tan apasionante debate…

—¡Hola, Vicente! ¿Cómo estás? —se apresura a decir Luisa—. Te veo muy bien de cara, a pesar del duro invierno que estamos pasando…

—Sabes muy bien, Luisa, y a ti te pasa lo mismo, que, cuando se mantiene el calor del corazón y la ilusión y entrega por los que sufren a tope, no afectan demasiado ni los fríos del invierno ni los calores del verano…

—Vamos a ver que nos dicen nuestros amigos hoy… La verdad es que la otra vez no se cortaron un pelo la lengua al exponernos la cruda realidad de la calle sobre el tema…

—Así es, Luisa, pero es mejor así: esa claridad de ideas estimula su inteligencia a buscar razones de peso y a profundizar sobre su actitud creyente cuando se posicionen sobre este drama que les afecta directamente, como médico y enfermera que son…

—…¡Hola, Vicente y Luisa, ya estamos aquí de nuevo… Bueno ya ha pasado un mes desde nuestro último encuentro, pero es que se nos ha ido volando, afirma Elo…

—¡Adelante, adelante!, ya estábamos esperándoos Vicente y yo, ansiosos también por continuar el tema… A ver si esta vez vemos las cosas más claras, porque fue duro oír, de viva voz, lo que dicen en vuestro país y en los medios de comunicación de aquí y de allá…

—No os preocupéis, Vicente y Luisa, todavía hay entre nosotros, y a nuestro alrededor, muchas personas que piensan de muy distinta manera —se apresura a decir Juan—. Analizadas las opiniones de la calle, nuestro grupo vicenciano aportó otros testimonios serios, que se acercan muy mucho a lo que nos transmiten constantemente los testigos de nuestra fe…

—Calmados los ánimos —continúa Elo— vimos que había que empezar por tomarnos muy en serio el problema de tantas mujeres, sobre todo jóvenes, que están abocadas a tener que tomar esas decisiones traumáticas, cualquiera que sea la opción que se les presenta como “menos mala”. Necesitan que se les escuche, que se les acoja con calor humano, que se les apoye y oriente desde el respeto, desde amor. Hay que persuadir a los padres para que, precisamente en ese momento, acojan a su hija con más cariño que nunca, que le ofrezcan todo el apoyo familiar necesario; decirle que el bebé que trae en su vientre va a ser un miembro más de la familia… Constatamos que, desgraciadamente, no suele ser esa la actitud de los padres, incluso creyentes y practicantes, más preocupados por el honor de la familia y por la irresponsabilidad de la hija que la va a abocar a un destino bien distinto del que pensaban para ella…

Juan toma el testigo y continúa:

—Hay que promover, con valentía y sin miedos, actitudes positivas de apoyo y de ayuda por parte de las instituciones públicas y privadas hacia estas mujeres que se ven abocadas a abortar por falta de medios económicos, por las dificultades que van a encontrar en el trabajo, por el estigma social que les envuelve… ¿No sería más humano y racional invertir el dinero que se gasta en facilitar el aborto y el negocio de las clínicas abortivas, en crear instituciones de acogida y de apoyo para estas mujeres que han llegado a situaciones límite? ¿No sería más coherente con nuestras actitudes de familias creyentes acoger a una de esas mujeres en nuestra familia hasta que sea capaz de salir adelante en la vida? ¿No habría que promover apoyo y financiación a instituciones que se dedican precisamente a acoger a estas mujeres? Todo esto se dijo y se defendió con ejemplos conmovedores: instituciones religiosas, familias, incluso, que se han tomado en serio esta solución, en vez de criminalizar a la mujer y/o banalizar este problema…Hay que urgir a los gobiernos en el poder, sean del signo que sean, a poner en marcha políticas de apoyo real y efectivo a la familia, que favorezcan la natalidad, sobre todo en casos de precariedad económica familiar…Cualquier cosa antes que recurrir al aborto, signo y seña de la más grave degradación moral de nuestro tiempo y de nuestra sociedad llamada “civilizada”…

Vicente y Luisa sonríen ante tales argumentaciones. Se dan cuenta de que estos jóvenes entienden perfectamente lo que ellos hicieron en sus tiempos oscuros de desolación y de guerras devastadoras… Por su mente pasan los miles de niños y de madres que ellos acogieron en sus instituciones y que todavía siguen acogiendo sus Hijas en tantas partes del mundo…

—Adelante, adelante —anima Luisa a Juan y Elo…

Elo entiende muy bien la sonrisa cómplice de Vicente y Luisa y continúa:

—Bueno —dice—, después de esa exhortación nos pusimos a analizar las “razones” de los abortistas. En seguida nos dimos cuenta de las mentiras, falacias y medias verdades que lanzan al viento con total impunidad:

—Dicen que somos retrógrados y no se dan cuenta de que es precisamente el avance de la ciencia lo que les pone a ellos en ridículo… Hoy, expertos serios en bioética afirman con rotundidad que entre las tres y cuatro semanas de la concepción está fijado el cuadro genético completo, es decir, está predeterminado todo lo que va a ser ese ser vivo que la madre lleva en su vientre.

—Dicen que la mayoría de la sociedad —continúa Juan— está a favor del aborto, como si las verdades fundamentales se estableciesen por mayoría de votos. “La vida hay que respetarla siempre”, “esa es la cuestión”. Votar contra este principio fundamental es condenar a la sociedad a la deriva y a la barbarie. Uno del grupo aportó la historia chocante de un pueblo francés que, en el paroxismo de la revolución francesa, sometió a votación la existencia de Dios… Al día siguiente, el ayuntamiento de aquel pueblo emitió ufano un edicto en el que se proclamaba a bombo y platillo que, por voluntad del pueblo, expresada libremente, desde aquel día, Dios no existía…

—Dicen —añade Elo— que solo los países poco “desarrollados” están en contra del aborto…. Como si los países que hoy se atribuyen la superioridad cultural fuesen o hayan sido a lo largo de la historia modelo de virtudes y defensores de los derechos de los más desfavorecidos, pasando por alto su cruda realidad de haber sido en otros tiempos no tan lejanos defensores de la esclavitud, de la superioridad del blanco sobre el negro, de la inferioridad de la mujer respecto al hombre, de haber provocado por su egoísmo y ansia de poder las mayores catástrofes históricas jamás contadas, por no citar otras hazañas que hoy nos sonrojan a todos…

—Nos acusan de crueldad —continúa Juan— por propiciar con nuestra postura intransigente, el que muchas mujeres se vean abocadas a practicar el aborto en condiciones de clandestinidad, poco seguras y fiables, o a marchar al extranjero, si se tiene dinero, con lo cual discriminamos a las menos pudientes económicamente… Como si eliminar una vida incipiente, desprotegida y débil, no fuese la peor de las crueldades, se tenga o no se tenga dinero para sacarla adelante…

Elo corrobora la argumentación de Juan y añade:

—Dicen que es cruel condenar a niño que va a nacer con deformaciones congénitas a llevar una vida insufrible… Y su progresía les pone a nivel de los “progres espartanos” que solo permitían vivir a los fuertes, a los que podían defender su República con las armas; a los débiles, a los enclenques, lo arrojaban por el monte Taigeto…

—Aún hay más —se apresura a decir Juan—: atribuyen a los médicos un conocimiento infalible de lo que va a ser un bebé malformado, y la experiencia nos enseña que, en muchos casos, ese bebe “malformado”, condenado de por vida al sufrimiento, resulta ser un niño/a normal…, y hasta un genio, como Beethoven. Con los criterios de los abortistas de hoy, que tienden a eliminar toda vida condenada a malformaciones congénitas graves, quizá se hubiera eliminado a uno de los genios más grandes de la historia humana. Y cabe preguntar, ¿cuantos posibles genios se han eliminado entre esos ¡110.000 abortos anuales! que se practican en España?

—No acaba ahí la cosa —continúa Elo—, estos abortistas “progres” acusan a la iglesia y a sus acólitos retrógrados y fascistas de ser los abanderados de estas campañas antiaborto, de mantener a la mujer en la ignorancia y en el oscurantismo del pasado, de reprimir su derecho inalienable a hacer de su propio cuerpo lo que quieran, en pleno uso de su libertad legítima… Es difícil imaginar tanta falacia y mentira en tan pocas palabras… ¿Desde cuándo una madre puede decidir sobre la vida del niño concebido en sus entrañas? ¿Y hasta cuándo? ¿Por qué no hasta los ocho o nueve meses? ¿Por qué no después de nacer, si sale malformado o enclenque? Si es el hecho de haberlo concebido lo que le da derecho a eliminarlo, quién pone límites a este derecho…?

—Hablando de ignorancia y oscurantismo —se apresura a decir Juan—, habrá que preguntar a estos campeones de la libertad y de la ilustración quien informa a estas mamás angustiadas de cómo se va a practicar su aborto, de las secuelas sicológicas terribles que dejan de por vida? ¿Qué médico bien intencionado mostrará a una mamá, en el trance de abortar, cómo se va a desarrollar la operación? ¿Quién se atreverá a mostrarle los movimientos intrauterinos de su bebé que va a ser succionado y su cuerpecito seccionado? ¿Quién le dirá a esa mamá en avanzada gravidez que el cuerpecito de su bebé va a ser troceado y arrojado a contenedores especiales o simplemente a la basura en bolsas de plástico? Como médico me he visto obligado a ver esas grabaciones y todavía no me he repuesto de mis arcadas…

—En cuanto a la afirmación gratuita de que solo la Iglesia, anclada en el pasado, es la única que condena el aborto —continúa Elo—, hay que decir a estos progres que no están bien informados, que hay muchas personas honestas y valientes que, desde posiciones ideológicas bien distintas a la iglesia, se atreven a proclamar abiertamente su oposición radical y frontal al aborto, desde su conciencia simplemente ética… Sánchez Dragó, sin ir más lejos, conocido liberal agnóstico, se atrevió a decir en alto, recientemente, sin miedos, que, en su opinión, dentro de unos años, las generaciones venideras, se horrorizarán de nuestra sociedad actual, como hoy nos horrorizamos de las culturas que en otros tiempos practicaban los sacrificios humanos a los dioses… ¿Por qué no decir simplemente que, dentro de unos años, a medida que la ciencia avanza, las generaciones venideras nos acusarán de crímenes de lesa humanidad?

—No se acaban aquí las diatribas y razones de los abortistas —continúa Juan—, todavía apelan al criterio de algunos profesionales de la medicina, como la OMC (Organización Médica Colegial) que recientemente se ha lineado con los que piensan que la mujer que aborta no se ha de considerar como una loca, que tiene todo el derecho del mundo a eliminar el feto portador de una malformación grave, incompatible con la vida del feto… Y obvian las opiniones bien forjadas de otros profesionales de la medicina, como la “Asociación Medicina y Persona”, que opinan de muy distinta manera y que recuerdan a los primeros la esencia de la profesión médica, que es defender la vida por encima de todo. Mientras hay vida hay esperanza, y el médico, como exigencia primera y principal de su profesión-vocación, ha de luchar hasta el final para sacar esa vida adelante. Nunca atentará directamente contra la vida, ni en la malformación del feto ni en la mal llamada eutanasia. Es lo que siempre ha constituido el santo y seña de la profesión médica, que no es otra cosa que el antiguo juramento hipocrático, que viene desde el famoso médico griego Hipócrates, siglos antes de Cristo. La esencia de este juramento de los médicos de todos los tiempos se concentra en esta afirmación, sin paliativos: respetar y luchar por la vida por encima de todo, como exigencia fundamental de su profesión…

Vicente y Luisa sonríen complacidos ante el ardor y vehemencia con que Juan y Elo han defendido el ideal que les llevó a ellos mismos, en el París de su tiempo, a realizar los mejores esfuerzos y las más lúcidas campañas a favor de la vida de los niños abandonados y de las mujeres condenadas a la miseria y a la postración social más abyecta, pero se deciden a dar por terminado el dialogo, para no alargarlo demasiado…

—¿No os parece que ya está suficientemente clara cúal debe ser la actitud de los jóvenes vicencianos ante este drama del aborto que nos abruma? —se adelanta a decir Luisa—. Para mayor certeza, el Señor Vicente, con su habitual sabiduría y experiencia, va a resumir lo que debéis transmitir a los jóvenes vicencianos de vuestro grupo de Madrid y del mundo entero…

—Bien, Juan y Elo, Luisa y yo os felicitamos cordialmente por la claridad y valentía con las que habéis expuesto vuestras ideas, que son las que corresponden a los jóvenes continuadores de la obra que nuestro Buen Dios nos inspiró en nuestro tiempo, respecto a este tema tan escabroso. Llevad a los vuestros este mensaje:

  • Hay que educar desde la más tierna infancia la afectividad, que es una fuerza enorme que Dios nos ha dado, para crear una familia unida y generosa en la relación amorosa, en la entrega mutua y en el ejercicio de la responsabilidad de los unos hacia los otros.
  • Hay que conocer la doctrina moral de la Iglesia y tratar de llevarla a la práctica con escrupulosa fidelidad; esta fidelidad os protegerá de riesgos y peligros innecesarios y os ayudará a ser testigos fiables del mensaje de Jesús ante los jóvenes de vuestro entorno.
  • Los hijos son un regalo de Dios y la mejor manera de agradecérselo es acoger la vida, protegerla, ayudar a los hijos a desarrollarla y enriquecerla hasta alcanzar su plenitud…
  • No obstante, muchas cosas han cambiado desde nuestro tiempo: hoy los hijos tienen asegurada una longevidad que antes no se podía soñar… Por eso la misma Iglesia habla hoy de una paternidad responsable, no de tener cuantos más hijos mejor, como se decía en nuestro tiempo, siempre que la limitación de los hijos no se deba a razones egoístas, y se apliquen los métodos aceptados por la Iglesia o aconsejados por maestros en una espiritualidad inspirada en los consejos evangélicos.
  • La debilidad humana está siempre sujeta a claudicaciones y deserciones… Ante estas situaciones, aceptad con humildad, pero también con entereza y valentía cristianas las consecuencias de vuestra debilidad y llevad a feliz término la vida concebida, aunque sea con lágrimas y rechazos sociales: un error grave nunca se soluciona con otro error, interpretad horror, más grave aún. En estos casos límite buscad apoyo, buscad amigos de verdad que os apoyen y os mantengan firmes en vuestro proyecto de vida. Cualquier cosa antes que abortar, signo de la mayor degradación moral de nuestro tiempo.
  • Y desde luego, acogeos siempre a la bondad y misericordia de Dios: El sigue siendo nuestro Padre y nuestra Madre, aunque vosotros, vosotras, os hayáis alejado momentáneamente de su casa, como otros tantos hijos e hijas Pródigo.
  • En la sociedad erotizada y banal en la que vivís es imposible mantenerse firmes en este ideal de limpieza de alma y de cuerpo, sin recurrir constantemente a la oración. Pero lo que es imposible para el hombre y la mujer es posible para Dios…

—Muchas gracias, Vicente y Luisa. Una vez más nos habéis iluminado con vuestra presencia y con vuestros testimonios de vida… Llevaremos fielmente a nuestros compañeros/as de Madrid vuestros sabios consejos. Buenas tardes y hasta la próxima…

—Buenas tardes, Juan y Elo, sabéis que podéis conectar con nosotros cuando queráis. Estamos disponibles para escucharos en cualquier momento. Buenas noches y gracias por haber venido…

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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