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María, referente de nuestra fe (III)

María, referente de nuestra fe (III)

Esta vez os habéis adelantado vosotros, Vicente y Luisa: se ve que no habéis querido llegar tarde, como la vez anterior, dicen, sonriendo maliciosamente, José y María, los dos jóvenes contertulios del grupo de JMV del colegio de la Inmaculada de Albacete.

Pues claro, se adelanta Luisa a replicar: nosotros también sabemos aprender las lecciones de la vida… Pero bueno, eso son pequeños incidentes sin importancia, adelante con los faroles… Habíamos quedado en continuar con el tema de….

Sí, corta José, el problema es de cómo hacer entender a los jóvenes de hoy que María puede ser un modelo operativo y atrayente de la fe para nuestros jóvenes, que viven en una sociedad tan lejana y tan distinta de la que le tocó vivir a María, llamada Madre de los creyentes. Dicen, por otra parte, nuestros jóvenes de Albacete, que María tuvo demasiado fácil vivir la fe día a día, primero por el cúmulo de gracias que recibió desde el principio y después por la presencia de Jesús en su hogar de Nazaret… Aún añaden más: que, al no poder pecar por la sobre abundancia de gracias que recibió de lo alto, no pudo hacer otra cosa que lo que hizo y que, por tanto, no fue libre…

Maria_MadrePues sí que son intuitivos e incisivos estos jóvenes de vuestro grupo de Albacete, interviene Vicente… Pero ahí andan un poco descaminados vuestros amigos, al confundir el uso correcto de la libertad con la posibilidad física de hacer algo contrario a la propia conciencia, que es lo que constituye el pecado… La libertad, en su sentido auténtico, es la capacidad de optar por el bien; lo otro, el poder decidir contra la propia conciencia es una lesión, una herida de la propia libertad… Desde esta perspectiva podemos decir que María fue, desde el principio, la campeona de la libertad, la persona más libre que ha existido jamás, porque toda su vida fue un ejercicio continuo de opción por el bien, por el cumplimiento de la voluntad de Dios en su vida. Si recibió tantas gracias, gratuitamente de parte de Dios, también podemos decir que, de alguna manera, ella también se hizo acreedora de esos dones de Dios, por su colaboración a la acción de Dios en ella…

A mí se me ocurre otra comparación para comprender mejor lo que estamos diciendo, interrumpe Luisa. Veréis: es como si, al principio, cuando el ángel le anunció que iba a ser Madre del Salvador, María quedase inundada de gracia, de plenitud de dones de Dios… Pero entonces, la capacidad del recipiente era limitada, digamos como la de un cántaro bien grande y a rebosar… Andando el tiempo, a medida que María iba colaborando al plan de Dios en su vida, la capacidad del recipiente se iba ensanchando progresivamente… Y al final, cuando María consuma en su corazón de Madre, el sacrificio de su Hijo en la cruz, la capacidad de gracia era como la un tonel inmenso e inabarcable…

Nos habéis dejado boquiabiertos con vuestras explicaciones, dicen al unísono María y José, casi sin aliento… Pero aún quedan cosas por aclarar: nosotros todavía pensamos que María tuvo demasiado fácil vivir inmersa en la presencia de Dios por la cercanía continua de Jesús, cosa que no ocurre en nuestro caso, que vivimos inmersos en mundo alérgico a los valores del evangelio. Entonces nos cuesta tomar a María como modelo de referencia en fidelidad a las exigencias de nuestra fe, hoy…

También esto hay que entenderlo, interviene Vicente mesándose la barbilla. Tenéis que daros cuenta de que la presencia, la cercanía de una persona querida y admirada, por una parte nos estimula al bien con su virtud, pero no es menos cierto que, por otra parte, nos decepciona, porque también vemos los defectos o limitaciones de esa persona, al verla tan de cerca. Algo así debió ocurrir a María. Un sentimentalismo ñoño nos hace pensar con frecuencia que María, habituada la presencia física de Jesús estaría inmersa de continuo en la visión beatífica de Dios, abarcando casi su misterio. Pero, el evangelio no nos da ningún fundamento para pensar así, nos sugiere repetidas veces lo contrario: “Ellos, José y María, nos dice Lucas, no entendieron lo que les decía…”

Luisa se apresura a añadir: La presencia continua de Jesús hacía precisamente más difícil su fe. Se le había anunciado a María que el fruto de sus entrañas sería el hijo del Altísimo y no aparecía en Él sino la debilidad de un niño cualquiera. A través de toda la vida privada y pública de Jesús, la fe de María fue duramente probada, acrisolada en el fuego de la aparente contradicción. Era el Hijo de Dios y se veía obligada a envolverle en pañales como a los demás niños; era el Justo, el que venía a impartir y a establecer definitivamente la Justicia y le veía perseguido y ajusticiado desde el primer momento; era el Heredero del Reino y lo veía reducido al oficio de humilde carpintero en el taller de su esposo; después de la muerte de éste probablemente tuvo que asumir toda la responsabilidad del trabajo en el taller de Nazaret, hasta la edad de treinta años…

Vicente apoya a Luisa, añadiendo: era el Salvador del mundo y lo veía repudiado y perseguido por el mundo; era el que anunciaba el amor hasta los enemigos y, sin embargo, constataba con sus propios ojos el odio encarnizado que le tenían los representantes religiosos del pueblo… Curaba a los enfermos y multiplicaba los panes para dar de comer a los hambrientos y no salvó de la muerte a José ni aumentó el pan cuando faltaba en su casa de Nazaret. Tampoco la libró a ella de hacer las faenas ordinarias de la casa, ni de ir por agua a la fuente en los días fríos de invierno…

Luisa, enardecida, toma el testigo a Vicente y se lanza de nuevo a la palestra: Él era el Salvador anunciado y esperado durante siglos y lo veía impotente, ignominiosamente crucificado. ¿Para que multiplicar más las contradicciones? Su mismo Hijo se encargó de purificar su fe del maternalismo emotivo y sentimental, elevándola hasta un plano enteramente sobrenatural… He aquí algunas frases que nos hacen pensar seriamente en este sentido: “Mujer, ¿que nos va a ti y a mí? Aún no ha llegado mi hora”. “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.”

Está claro, sentencia complacido Vicente, después de seguir el hilo Luisa, que María superó de manera sobresaliente todas estas pruebas, y su corazón y su mente salieron incontaminados del vaho de la razón superficial, y ella misma quedó elevada por su fe a la unión más íntima con Dios…

Reflexivos y admirados, nuestros dos jóvenes interlocutores, María y José, asienten a las reflexiones de Vicente y Luisa, añadiendo: ahora empezamos entender, de verdad, que la fe de María, puede ser el santo y seña de nuestra búsqueda de Dios a través de una fe madura y responsable… Y de eso se trata, si queremos ser portadores del auténtico espíritu vicenciano que nos transmitisteis…

Hay algunos en nuestro grupo que son de dura mollera, pero seguro que todos estos pensamientos les van a ayudar a ver las cosas más claras, afirman con rotundidad María y José.

Y José añade: Se me ocurre una idea; voy a recordarles lo que dijo Titov, el cosmonauta ruso que afirmó después de contemplar el globo desde su satélite: “Me he paseado por el cielo y estaba vacío, y no encontré a Dios”. Pero voy a proclamar sin complejos a continuación: Pobrecillo Titov, Dios estaba mucho más lejos de lo que podían alcanzar sus ojos miopes. Si hubiera visto antes el rostro resplandeciente de esta mujer excepcional, el cielo se hubiera hecho transparente para él y su mirada se hubiera elevado hasta las alturas de la claridad de Dios…

Luisa alaba a José por esa idea y añade: María acerca este mundo a Dios por su fe. Su fe es la fuente donde se esponja la nuestra. María nos enseña a contemplar a Dios en las cosas a través de la fe, a superar las contradicciones de las apariencias con la luz de Dios. Estímulo y ejemplo, guía y camino, ella nos muestra como aceptar a Dios en nuestra vida caminante y difícil…

Y Vicente concluye: En este año de la fe, Ella es nuestra mejor ayuda para aprovechar esta feliz ocasión y adquirir, con la reflexión, el diálogo y la oración, una idea aproximada de lo que la fe es, en realidad, y de sus implicaciones profundas para nuestra vida de cada día…

José y María dan las gracias efusivamente a Vicente y Luisa, diciendo: habéis estado fuera de serie. Si los dos primeros encuentros con vosotros fueron impactantes, este último supera todo lo que podemos decir con palabras. Nunca olvidaremos vuestra paciencia con nosotros ni lo que nos habéis aportado con vuestra sabiduría y experiencia… Gracias una vez más, Vicente y Luisa. Hasta siempre…

Buenas noches.

Buenas noches, María y José. Gracias también a vosotros. Ya sabéis que, si algo bueno os hemos aportado, todo es obra de nuestro buen Dios. Tratemos todos de escucharle y seguir sus impulsos, vosotros también, jóvenes del 2013…

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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