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María, referente de nuestra fe (II)

María, referente de nuestra fe (II)

Apresuremos el paso, Vicente, que nos están esperando: María y José, los dos jóvenes de JMV del colegio de la Inmaculada de Albacete que nos entrevistaron hace ahora  un mes sobre la fe, ya están esperándonos, con el Skype y los micrófonos preparados… Me acaban de enviar un correo…

mariaPues sí que son puntuales estos jóvenes albaceteños, no es normal que nuestros jóvenes de España sean tan puntuales, ¿no?, contesta Vicente sorprendido.

Bueno, Vicente, alguna excepción tiene que haber, ya sabes lo que pasa: no todos son iguales. Además de puntuales, parecen  muy entusiastas, por la forma de expresarse. Dicen  que el diálogo anterior sobre  el tema, que grabaron y  llevaron a su grupo, resultó muy interesante…

Esto supone un nuevo reto para nosotros, Luisa… Si las expectativas son grandes es fácil defraudar a estos jóvenes, si no acertamos a decirles lo que esperan oír…

Confiemos en la Providencia: seguro que no nos va a fallar…

Buenas tardes, Vicente y Luisa, ¿estáis, por fin, ahí…? Poneos un poco más cerca de la pantalla y del  micro, todavía no vemos con nitidez vuestra imagen ni percibimos con claridad vuestra voz…  Ahora, ahora… Perfecto, vocean María y José…

Buenas tardes, María y  José, se adelanta a decir Vicente. Nuestra felicitación por cronometrar tan bien vuestros relojes… Se ve que venís con ganas… Luisa y yo nos alegramos,  nos  congratulamos con vosotros por ello… Es muy buen síntoma…

Tenéis  razón, Vicente y Luisa: venimos con muchas ganas; nuestro diálogo  con vosotros durante la Novena de la Milagrosa fue muy bien acogido y provocó muchos  interrogantes. Solo recibimos un reproche y es que nos tildaron de haber hablado nosotros demasiado en nombre del grupo y que no os dejamos hablar a vosotros lo suficiente… Así que esta vez venimos mentalizados para tiraros de la lengua todo o que haga falta…

Bueno, no por eso vamos a irnos al otro extremo, dice Luisa pensativa, vamos a intentar equilibrar las intervenciones que será lo mejor…

Una de nuestras compañeras del grupo os pregunta por qué Abrahán es llamado padre de los creyentes y no se reserva este título a María, que parece más obvio…, se adelanta a decir José.

No hay contracción ni oposición entre una y otra afirmación, José, exclama Luisa. Son dos modelos o referentes distintos de la fe, a distintos niveles y en distintas situaciones, como seguramente nos explicará Vicente…

Así es, jóvenes, continúa Vicente: podemos decir que la fe del patriarca Abrahán, tan exaltada en el Antiguo Testamento, alcanza su plenitud en María…

Apenas sabemos nada de Abrahán, fuera del sacrificio de su hijo Isaac, que nos transmitieron en las clases de religión…, dice José.

Abrahán tuvo tres momentos culminantes en su vida de relación o de fidelidad a Dios, continúa Vicente: el primero es en Ur, el poblado donde el patriarca vivía tranquilo con sus posesiones de  campos y ganados, rodeado de familiares, amigos y criados… Un día, Dios se le manifiesta de forma extraña y oye su voz que le dice: “Yo haré de ti un gran pueblo, te bendeciré y engrandeceré tu nombre…” Pero, sin darle tregua, añade esa voz de forma imperiosa: “Deja tu país, tu parentela, la casa de tu padre… Sal de tu tierra y vete a la tierra que yo te mostraré”… Abrahán ignora el destino que le señala esa vaga indicación: ni conoce el camino ni su destino final… Sin embargo, Abrahán emprende el camino hacia lo desconocido, seguro y confiado en la  voz interior que le impulsa hacia adelante…

Veis que, desde la primera llamada, continúa Luisa, la fe o fidelidad de Abrahán aparece como el asentimiento de toda una vida, en una maravillosa audacia de humildad y confianza. Dios se le manifiesta y ofrece su promesa; Abrahán obedece y ofrece su fe. Yavé  se convierte desde ese momento en el Dios de Abrahán y éste, por  su parte,  en hombre de Yavé. Por este acto Abrahán implicó  su vida entera en un compromiso indisoluble con Dios. Su fe emprende a partir de este momento un camino ascendente vertiginoso.

ave_maria_fanoDios llama de nuevo a la puerta de Abrahán, continua Vicente. Él y su esposa Sara están ya cargados de años (alrededor de los 75 él y de 65 ella, dicen los expertos) y ahora, en su ancianidad, Dios les anuncia que van a ser padres, que la que había sido estéril en su juventud va a ser fecunda en su ancianidad, y que él va a ser padre de multitud de pueblos. Y aquí se da la segunda respuesta positiva, incondicional, de aceptación sumisa a la llamada de Dios.

Chocante, de verdad que Dios le puso bien difícil las cosas a Abrahán, desde el principio, exclaman al unísono María y José…

Por tercera vez Dios llama a la puerta de Abrahán, continúa Vicente. Y esta vez llama más fuerte: “Abrahán, Abrahán” Y él respondió: “Heme aquí”. Y Dios le dice: “toma a tu hijo, a tu unigénito, a quien tanto amas, a Isaac, y marcha a la tierra de Moriah, para que me lo ofrezcas en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré”

Este pasaje a mí me conmueve, resalta Luisa, parece que Dios se complace en recalcar: “a tu hijo, a tu unigénito, a quien tanto amas, a Isaac”, para que no haya posibilidad de confusión y  la fe de Abrahán, su confianza absoluta en Dios, se acrisole. Abrahán no defrauda a Dios. No duda. No ve contradicción en que Isaac sea el hijo de la promesa, el llamado a perpetuar su nombre en multitud de pueblos, y el mandato de Dios de sacrificarlo. Tal vez pensó… ¿que Dios tenía poder para devolver la vida a su hijo? ¿Quizá que Dios podía darle otro Isaac? Queda en el misterio  lo que pasó  por la mente y el corazón de Abrahán… Pero todos sabéis bien el final de esta historia, de las más conocidas en el Antiguo Testamento…

Sin embargo, continúa Vicente, la fe de Abrahán alcanza su plenitud en la fe de María, como vamos a ver. Podemos distinguir también tres momentos cruciales en la relación de fidelidad de Maria a los susurros de Dios. El primero es el de la encarnación: con su “fiat” (Hágase en  mí) María no solo abandona su tierra, su parentela y la casa de su padre, sino que ella misma se pone enteramente en manos de Dios y se entrega toda entera a lo que Él quiera. Por otra parte, ella no concebirá en la ancianidad, pero el hijo de sus entrañas será concebido en integridad virginal…

Y el más difícil todavía, añade Luisa contemplativa: A María se le va a exigir también como a Abrahán el sacrifico de su hijo, pero con una enorme diferencia, que Dios no se arrepentirá y le perdonará la vida como a Isaac, sino que le exigirá la consumación del holocausto en el Calvario. Y allí estaba María, de pie, con más entereza que Abrahán  camino de Moriah, dando el sí total al plan de Dios, hundiendo su voluntad en la del Padre, ratificando con su fe que el amor de Dios al hombre es insondable y se sumerge en el  misterio o la locura…

Por eso, concluye Vicente, podemos llamar a María, con mucha más razón que a Abrahán, madre de todos los creyentes, arquetipo o referente de los que creemos en el Dios vivo y verdadero, modelo perfecto de nuestra fe…

José y María aplauden las intervenciones de Vicente y Luisa… La cosa se les ha puesto muy alta. Tienen ganas de proseguir, pero, conociendo bien  a su gente deciden cortar no sin antes añadir esta coletilla: Vicente y Luisa, habéis estado geniales, solo nos queda aclarar un punto importante para nuestra gente, que nos mostréis que María puede ser un modelo operativo de nuestra fe de jóvenes de hoy, porque nos parece que ella lo tuvo demasiado fácil y nos dicen, a veces, que así cualquiera; que María, teniendo a Jesús tan cerca, lo tuvo demasiado fácil…

Buenas noches, Vicente y Luisa.

Buenas noches, José y María

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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