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María, camino de Juventud (1)

María, camino de Juventud (1)

Luisa: Oye, Vicente, ¿no habíamos quedado en reuniros uno de estos días, en Mayo, para dialogar un poco sobre nuestra buena amiga María, la Madre de Jesús? Algunos jóvenes de JMV del sur de España me lo acaban de recordar, al final de la romería del Rocio…

Vicente: Pues es verdad, Luisa. Pero ya sabes lo que pasa: estamos abiertos a tantas llamadas y quehaceres que uno no puede llegar a todo. Tú bien sabes lo que nos han importunado (lo de “importunar” es un decir, porque lo hacemos bien a gusto) con las fiestas de Madrid, con lo de nuestro amigo Isidro, el de los Labradores de Madrid y de España… También hemos tenido muchas llamadas de socorro y apoyo de familias enteras que ya no perciben ninguna subvención y siguen sin trabajo…; jóvenes en paro después de haber terminado su carrera brillantemente; familias que han sido “desauciadas” y han tenido que abandonar “su” casa por no poder pagar su hipoteca; emigrantes amigos a los que se niega la ayuda sanitaria por no tener “papeles”…Ha sido una tarea agobiante… Este es casi el primer día de Mayo en que puedo respirar tranquilo, y sólo a medias…

Luisa: ¿Te parece entonces, Vicente, que nos sentemos un rato, en nuestro rincón preferido del jardín, en este atardecer tibio de primavera, para dialogar con nuestros jóvenes vicencianos andaluces, que traen en ristre un puñado de preguntas como lanzas…? Nuestros interlocutores, que vienen en representación de los miembros de nuestra familia que participaron en el último gran acontecimiento del Rocío, se llaman precisamente Rocío y Juan…

Buenas tardes, Vicente y Luisa… Estamos encantados de poder hablar con vosotros. Ya lo habíamos intentado antes, porque, como sabéis, seguro que lo sabéis, los andaluces somos muy movidos, y muy apañaditos, a la vez: no nos detiene nada ni nadie a la hora de hablar y de cantar…; sea flamenco, seguidillas o lo que sea… A todo esto, ¿nos veis bien desde tan lejos? Esto de las nuevas técnicas de comunicación es una maravilla… ¡El skype, el skype: bendito skype, que nos permite este milagro! Nosotros os vemos con nitidez de imagen: bien guapos y jóvenes que estáis, no pasan los años por vosotros…

Luisa: También nosotros nos alegramos un montón de hablar con vosotros, Rocío y Juan, que representáis a los jóvenes vicencianos que habéis tenido el privilegio de participar en la Romería del Rocío de este año…

Bueno, esa Romería es impresionante y significa mucho para todos nosotros, interrumpe Rocío, para toda Andalucía, para la Iglesia en general, sobre todo para los íntimos de nuestra buena amiga María, que aquí toma el sobrenombre del Rocío… Casi un millón de romeros, entre cantos, rezos y algazaras, peregrinos caminantes por el parque nacional de Doñana… Ahí queda eso. Es algo increíble…

Pero no veníamos a hablar de eso en estos momentos. Quizá en otra ocasión… Queremos que nos iluminéis, con vuestra sabiduría y experiencia, sobre algo que nos está quemando interiormente desde hace algún tiempo… Y es lo siguiente: ¿Cómo podemos presentar hoy a María, nuestra María de siempre, la Madre de Jesús y de la Iglesia, como camino a seguir por los jóvenes de hoy, tan alérgicos a cosas rancias, a pietismos trasnochados… (así lo llaman muchos de nuestros amigos y amigas jóvenes…)?

Luisa: Bueno, bueno, Rocío, interviene Luisa: si el plantearse eso así es difícil, más difícil es aún la respuesta, porque partimos de distintos ángulos de visión y de distintos parámetros culturales… Hay que empezar por esclarecer ciertas ideas viejas que no tienen el más mínimo atisbo de verdad. Creen muchos hombres, adultos y jóvenes, que eso que llaman devoción a María es algo propio de mujeres piadosillas, también de algunas jóvenes de otra época, porque imaginan a María como una mujer muy especial, ensimismada en Dios, que vive una experiencia muy especial por su relación con Jesús, su hijo, pero que no toma parte en los acontecimientos de la vida real de su tiempo ni de las aspiraciones profundas de su pueblo, ni de las fiestas populares, ni nada de nada…

Vicente: Luisa está en lo cierto, interrumpe Vicente, la devoción a María, en su sentido profundo, no es distintivo exclusivo de mujeres piadosas, ni de antes ni de ahora, más bien es cosa de hombres, recios y de peso específico en la historia de la Iglesia, hombres que dedican lo mejor de sus vidas a estudiar el papel de María en la historia de la salvación, que siguen paso a paso su entrega incondicional al plan de Dios. Podríamos citar un buen puñado de hombres ilustres que se caracterizaron precisamente por la exaltación de la figura de María a través de sus invocaciones y plegarias: Bernardo de Claraval, Domingo de Guzmán, Grignon de Monford, Paul Claudel y un largo etc…

Sí, pero María no aparece como modelo de juventud, al menos como modelo de los jóvenes de nuestro entorno…, corta Juan. No la percibimos en el evangelio como punto de referencia de nuestras actitudes e inquietudes, ni mucho menos de nuestras movidas juveniles…

Vicente: Solo una lectura superficial del evangelio puede avalar una percepción así, continúa Vicente. No sabemos con exactitud la edad de María cuando se le comunica la gran noticia de que ha sido la elegida para ser la Madre del Mesías anunciado, pero con total seguridad podemos colegir que ella vivía intensamente la gran aspiración de su pueblo en aquellos momentos: la liberación integral de Israel, esclavo de Roma, pero más esclavo aún de sus propias infidelidades e ideas desnortadas… Podemos imaginar a María en el momento que la saluda el ángel interiorizando las palabras del profeta Isaías “Destilad cielos vuestro rocío, lloved nubes al Justo, que se abra la tierra y germine el Salvador” ¿Y no es esto una respuesta fehaciente para los jóvenes de hoy que buscan ansiosamente la solución a los problemas básicos de su sociedad ambiental…?

Es posible, pero no es suficiente para muchos de nuestros amigos jóvenes…, corta Rocio, impaciente por adentrarse en el tema y encontrar razones de peso para contrarestar las críticas acervas de sus amigas pasotas… No sé, prosigue, pero necesitaríamos un modelo de identidad más cercano para nosotros y nosotras…, conocer algo de su vida diaria, de su relación con los demás, de sus alegrías y decepciones, de sus fiestas y trasnochadas…

Luisa: Buen acercamiento al tema, Rocío, interviene Luisa: “Ojos que no en corazón que no siente”, decís por vuestra tierra… Pero sigamos adelante, abramos bien los ojos, la mente y el corazón y descubriremos en el evangelio tesoros en los que no habíamos reparado todavía. Mirad, la elección de María no supone ningún privilegio excluyente; no la libera de los quehaceres rutinarios ni de la vida normal de cada día. Todo lo contrario, la sumerge de pies a cabeza en las penas y sinsabores de las personas menos pudientes, en la inquietud de la incertidumbre y de la duda de lo que le deparará el mañana…

Voy acercándome a lo que insinúas, Luisa, dice espontaneo Juan. Sigue, sigue que esto va poniéndose interesante…

Luisa: Pues, claro, continúa Luisa. Seguramente María, sumergida en la interioridad de su gran secreto, tuvo que aguantar alguna mirada furtiva de José, antes de que se le revelara la buena nueva, como sucede con cualquier joven sospechosa de flirteos dudosos…

Más doloroso debió de ser aún el hecho de que tuvo que cargar sus enseres indispensables a lomos del borrico y ponerse en camino, en estado de avanzada gravidez, hacia lo desconocido, hasta llegar a la ciudad de los antepasados de su esposo José, Belén de Judá, donde no existía ya ningún familiar de pro, que los acogiesen y les diesen los parabienes de familiares bien avenidos…

Y claro, lo que tenía que pasar pasó, tuvieron que refugiarse en el hostal de los pobres y de los emigrantes, la cueva de las afueras del pueblo o de los suburbios de la ilustre ciudad…

¿No os suena todo esto a muy actual y reciente? Los escasos recursos de José, como experto carpintero, se agotaron enseguida y tuvieron que recurrir a la ayuda externa, que, como siempre, viene en primer lugar de los humildes y de buen corazón, los pastores, digamos de los trabajadores de a pie, de hoy y de siempre…

Vicente: Y pasados los trámites del inoportuno empadronamiento, continúa Vicente, vuelta a casa, no precisamente por el mismo camino, porque el recién nacido levantaba ya sospechas y quebraderos de cabeza a los del poder constituido: tuvieron que dar un buen rodeo y exiliarse por algún tiempo en Egipto. ¿Sabéis el camino que tienen que recorrer los subsaharianos para alcanzar nuestras costas, el particular “Dorado” de sus sueños? Y los emigrantes de cualquier país o continente, ¿sabéis las rutas que tienen que seguir para llegar al paraíso prometido esos pobres emigrantes carentes de todo, desposeídos hasta de dignidad humana? ¿Sabéis que una mejor organización, planificación y distribución de recursos, y un poco menos de egoísmo de los privilegiados de este planeta tierra, entre los que se encuentran los jóvenes de nuestra sociedad, a pesar de todos los pesares, podría solucionar el problema degradante de esta miseria extrema? Esta particular “peregrinación” de María y José en busca de un destino seguro y digno hablan bien a las claras de la actualidad palpitante de vida de la experiencia de María y de José, camino de su seguridad y de su futuro…

Eso fue un hecho excepcional, que debió durar poco tiempo, interrumpen al unísono Rocío y Juan. Quisiéramos saber algo más de su vida cotidiana en Nazaret, durante la infancia, adolescencia y juventud de Jesús…

Vicente: Difícil nos lo ponéis, Roció y Juan, pero vamos a intentar profundizar en el sentido velado de los pocos textos del evangelio sobre la vida de Jesús y de María en la casa de Nazaret. Cierto que José provenía de la ilustre familia de David, el rey más querido de Israel. Pero todo hace pensar que su rango en la familia, en cuanto a bienes se refiere, era de los venidos menos. No se citan propiedades ni ahorros especiales; por eso, al llegar a Belén, fueron a parar al hostal de los “sin nada”. El oficio de carpintero de José ni entonces ni ahora da para mucho, justo para subsistir… La infancia de Jesús en Nazaret me evoca mi propia infancia, añade Vicente, se vivía entonces gracias a la buena relación de los vecinos, al intercambio de bienes caseros, que era la única moneda segura de subsistencia entre los aldeanos… Seguramente María fue más de una vez a pedir harina, vino, aceite, queso y otros comestibles a la vecina de enfrente, a cambio de los servicios de carpintero de José…

Luisa: También me imagino a María, continúa Luisa, con la falda arremangada, para llenar el cántaro de agua de la fuente o del manantial del pueblo…Con muy buena intención, los artistas, pintores y escultores nos han transmitido una imagen de María acaramelada, dulzona o ensimismada en estática contemplación, apartada del mundanal ruido y de los agobios del quehacer diario de la casa…También nos la pintan como gran señora de costosos atuendos principescos… Admitamos eso como una manifestación del cariño y de la alta estima de los hijos a la mejor de las madres, pero no podemos obviar la otra realidad: María vivió en Nazaret la vida normal de las jóvenes aldeanas de su pueblo; en nada se distinguía de las jóvenes madres de su entorno, nadie podía señalarla con el dedo por ser la gran señora ni la rica o la distinguida de la zona… Pero me imagino que tampoco fue la joven esquiva y huidiza, poco amiga de fiestas y de celebraciones… Su participación en las celebraciones religiosas y su presencia en las bodas de Cana nos hablan de una joven María bien distinta a la que nos presentan estampas pietistas…

Muy interesante esa imagen de María, aldeana de Nazaret, dice conmovida Rocío: nunca me imagine así a María hasta ahora… Pero ¿cómo era su relación con Dios y con los demás?

Luisa: Buena pregunta, Rocío, se adelanta a decir Luisa. Tampoco tenemos demasiadas referencias respecto a este tema, pero sí las suficientes. El texto de la Anunciación nos hace pensar que María estaba en actitud contemplativa cuando la saluda el ángel… A los 8 días presentan a circuncidar al niño, según prescribía la ley, y ofrecen por él el rescate de los pobres: un par de tórtolas o dos pichones… Todos los años, señala con precisión Lucas, José y María subían a la fiesta de la pascua a Jerusalén… Al cumplir los 12, Jesús sube con ellos, según la costumbre…, insiste machaconamente Lucas… Estos textos nos manifiestan bien a las claras que María y José conocían perfectamente la legislación religiosa de su pueblo y que eran fieles cumplidores de la misma. Más aún, nos hace pensar que la familia de Nazaret dialogaba sobre la palabra de Dios, oraban en familia con frecuencia, a diario, y mantenían intacta la confianza en la liberación definitiva de su pueblo Israel, como insinúa el anciano Simeón…

Vicente: Pero de ahí a tildar a María y José de místicos alienados de la realidad de cada día, nada de nada, se apresura a decir Vicente. Todo lo contrario, esa actitud de fidelidad y de sumisión a Dios en la oración les afianzaba y les ayudaba a ser más conscientes de su responsabilidad de ciudadanos (también a pagar tributos y rescates), de servidores de los demás… Lo vemos claramente en la primera decisión de María nada más recibir la gran noticia: se pone en camino hacia Ain Carim, donde vivía su prima Isabel que, próxima al alumbramiento de su hijo Juan, neces¡taba sus servicios especiales… Lo vemos también en Cana de Galilea: aquellos recién casados, malos previsores o carentes de los recursos necesarios, habían hecho una previsión corta de vino… En lo mejor de la fiesta se iban a quedar a verlas venir… Allí estaba María, atenta, buena sicóloga y mejor observadora femenina, para sacarles del apuro y del bochorno, precisamente al final de la fiesta…

Luisa: Queda todavía mucho por aclarar y matizar respecto al tema, sentencia Luisa, pero mejor es dejarlo para otra sesión. No conviene enrollarse, como decís los jóvenes en España… ¿Qué os parece?

Sí, estamos de acuerdo, asienten con la cabeza y con los labios entreabiertos, Rocio y Juan, añadiendo a continuación: ha merecido la pena este encuentro con vosotros, Vicente y Luisa, vemos que estáis al loro y que no se os escapa nada de las pegas e incertidumbres de los jóvenes de hoy. Visto lo visto la próxima va a ser mucho más interesante aún…

Buenas tardes, Vicente y Luisa.

Buenas tardes, Rocio y Juan… Hasta que queráis…

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Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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