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La fe, venero de alegría

La fe, venero de alegría

Buenas tardes, Luisa. Perdona que llegue un poco tarde… Habíamos quedado a las 5, ¿no? Ya sabes lo que pasa… La gente no respeta los horarios, y pienso que hay que ser un poco flexibles con estos pobres que llegan a cualquier hora…

No necesitas excusarte, Vicente, a mí me pasa lo mismo y pienso lo mismo que tú: no podemos ser inflexibles en los horarios ni en las normas, aunque tendremos que hacer un esfuerzo para educarles y motivarles: hay que insistir para que,  en la medida de lo posible, se acomoden a los horarios establecidos…

¿Qué nuevas me traes de nuestros amigos españoles? El tema sobre el que dialogamos el otro día era un poco fuerte, quizá, para algunos de los nuestros; y también enrevesado… ¿Te han llegado noticias?

Pues sí, Vicente; ahora quieren saber cómo compaginar la fe, que el otro día les presentábamos como un reto, como una aventura difícil…, con la alegría de vivir propia de los seguidores de Jesús, sobre todo si son jóvenes…Esta vez las portavoces del grupo se llaman Azu y Amparo y las dos son de Valencia. En estos momentos de crisis esperan una oportunidad de trabajo ampliando estudios, y eso que rondan ya los 26 años…

¿Te parece que nos sentemos esta vez en la sala de reuniones de tu casa, Luisa, que está más cerca? Estoy un poco cansado esta  tarde… Así seguimos mejor la trama de estas chicas…Además, seguro que ya tienes preparado el skype, ya que estás en contacto permanente con tus chicas…

Buenas tardes, Vicente y Luisa. Vuestra imagen aparece en nuestra pantalla estupendamente… Os vemos cerquita, cerquita… Parecéis  rejuvenecidos…

Buenas tardes, Azu y Amparo…Juventud acumulada eso es lo que tenemos Vicente y yo misma… Se ve que el contacto con tanta gente joven nos mantiene en forma y ágiles de cuerpo y, sobre todo, de mente y de corazón… ¿Cómo están esos jóvenes de la Familia Vicenciana de Valencia, ahora que se acercan  las Fallas…?

Podéis imaginaros: están que flipan por eso de que la fiesta, nuestras Fallas de toda la vida, están un año más a la puerta…Bueno, por eso precisamente venimos a hablar con vosotros para que nos aclaréis como compaginar nuestra fiesta con la fiesta de sentirnos cristianos, seguidores de Jesús. Ese fue precisamente el tema de nuestra última reunión de grupo…

Bueno, Amparo y Azu, quizá el problema no es tan difícil como puede parecer a primera vista, interviene Luisa. Yo también fui joven y me gustaban las fiestas, como a vosotras; a mi manera, claro, y en aquellos tiempos tan distintos a los vuestros… Pienso que si la fiesta lo es de verdad, tiene que pasar por la mente, el corazón y por ese sentido profundo que todos llevamos dentro…La fiesta completa no es sólo eso que llamamos fiestas tradicionales o populares, ni tampoco las movidas o marchas juveniles, tan en boga en estos tiempos…

Bien, Luisa, interviene Vicente, estamos en la buena pista. Seguro que estas chicas tan decididas también van a entender, desde su propia experiencia, lo que estamos insinuando…

Bueno…, claro que sí, Vicente, lo entendemos perfectamente… Muchas veces, después de una  gran movida nocturna, nos sentimos desganadas de cuerpo y de espíritu, sin saber que hacer…; hasta deprimidas, con una especie de vacío que nos hace reconocer que nos hemos pasado la tira. A veces exclamamos desde nuestro interior: ¡ojalá no hubiera ido tan lejos,  ojala no hubiera pasado esa barrera, como aconsejaba la prudencia…!

¿Sabéis que pasa, Vicente y Luisa? Que también nosotras, y ellos, los del grupo vicenciano, nos dejamos influir por el ambiente, por el miedo al que dirán, por esa corriente de opinión que diagnostica que para divertirse de verdad, hay que  romper moldes y estereotipos; sobre todo, que hay que romper normas y reglas de comportamiento habitual…

Y es que, en el fondo, dice Azu, también nosotros pensamos que la Iglesia, ser cristianos, día a día, es muy rígido, hay demasiadas normas: no hagas esto, no hagas lo otro, no vayas aquí, no vayas allá… Es demasiado aburrido estar maniatados por tantas ataduras…

También es  cierto, interviene Amparo, que algunos de los nuestros no estaban, en absoluto, de acuerdo con lo que estamos diciendo ahora. Dicen que se ha exagerado demasiado lo de las normas y costumbres inveteradas en la iglesia…Si bien lo miramos, se ha tergiversado  un  montón el auténtico mensaje de Jesús: Él no habla demasiado de código de normas y preceptos, sino más bien de amor que se entrega al otro, que asume las debilidades y pobrezas de los débiles y sufrientes y las convierte en esperanzas…Las bienaventuranzas son un listado maravilloso de líneas de acción, precisamente sin normas: exigencias del corazón creyente para llenarlo de plenitud y gozo interior…

Así, algunos santos dicen que el creyente no tiene más que una norma: amar sin medida. Vienen a decir, continúa Azu, “Ama y haz lo que quieras” y serás plenamente feliz. Claro que el amor cristiano tiene un contexto completamente distinto del amor de la publicidad barata de los medios de comunicación social de nuestro tiempo. Amor creyente es olvidarse de sí para hacer feliz al otro. Aún más, los que creen de verdad afirman convencidos que la medida de la felicidad que podemos alcanzar personalmente está en relación directa con la capacidad de sufrimiento que podemos aceptar por el  otro, o si se prefiere, por la medida de felicidad  que podemos generar en el otro, a través de nuestra entrega a su servicio por amor…

Muy bien te has expresado, Azu, estás en el buen camino. Luisa y yo  podemos atestiguar, desde nuestra experiencia personal de vida, que esto es así. Nuestra entrega al servicio de los pobres nos llenaba de gozo… En una ocasión dije públicamente, en presencia de personas ilustres de la Iglesia que me sentía  más feliz que el Papa y que no cambiaría mi situación por la suya: tal era la alegría que me producía estar al servicio de aquella pobre buena gente…

No os podéis imaginar, prosigue Luisa, el dolor desgarrador de ver tantos niños abandonados por las calles de París en nuestro tiempo… Pero, la alegría de recogerlos y darles casa y amparo en nuestras casas compensaba con creces nuestro dolor y nuestras preocupaciones para encontrar una salida digna a tanta desolación…

Yo también quiero  contar otra experiencia en esa línea o parecida, interrumpe Amparo. Una amiga me contó el siguiente  cuento:

Una vez, saliendo a la puerta de mi casa, se me acercó un niño pobre. Tendría unos 8 ó 10 años, la carita flaca, el pelo sucio, la ropa apenas lo abrigaba. Pero lo que más me impactó fue lo que traía a sus espaldas: colgado de sus hombros otro niño, que tendría apenas un par de años menos que él.

El niño apoyó, con mucho cuidado, a su “pequeña carga” en el borde de un escalón y levantando apenas la cabeza, me miró y dijo. “Señora, ¿me podría dar unas monedas?, si quiere le limpio la vereda”. Yo lo miré con cara de asombro por el peso que llevaba, entonces le di unas monedas y le pregunté señalando sus hombros: “¿no pesa esa carga?, y él, sin vacilar, me miró a los ojos y me respondió: “No pesa, es mi hermano”, y sin dudar, lo volvió a levantar sobre sus hombros, me dio las gracias y se fue.”

¿Qué quiere decir este cuento? Que las  cosas hechas con amor, aunque sean pesadas y dolorosas, se transforman en alegría…

Bueno, bueno, Amparo, interviene Vicente: quizá sin darte cuenta has dicho algo muy grande que explica la grandeza de la fe…La fe en Jesús, el hecho de aceptar su mensaje y su vida como referencia de nuestras decisiones, nos hace ver en el pobre el rostro sufriente de Cristo, nuestro hermano y amigo, porque El mismo nos dice que lo que hagamos por ellos lo hacemos  por Él…Así se explica que los grandes amigos de Jesús a lo largo de la historia se glorían de su propio sufrimiento, en la cruz de Cristo, porque así se asocian al proyecto salvador de Jesús que entrega su vida, libremente, por amor…Hay  que leer y releer a Pablo, convertido de pies a cabeza en seguidor de Jesús, para comprender la locura de amor a Dios y a sus hermanos los hombres… Sólo esta locura es capaz de convertir el dolor extremo en éxtasis de gozo y alegría…

Ahora entiendo, dice Azú, enfermera ella, la diferencia que se da entre personas que se enfrentan al dolor y a la muerte, unas sin fe y otras creyentes de verdad…  Yo  he visto reflejado en el rostro de los que no creen en nada la desesperación y la rabia desatada ante el dolor y el sufrimiento…Otras, en cambio, ante esta misma situación, dar gracias a Dios por darles ocasión, a través de su enfermedad, de asociarse al proyecto de  Jesús de cargar con las cruces de la humanidad. Es el milagro de la fe: convierte el dolor y el sufrimiento en fuente de alegría. Y no es que a los creyentes les guste sufrir, no, eso sería masoquismo, sino que el sufrimiento es quizá el mejor medio de manifestar el amor. Algunos dicen que la capacidad de amar a alguien de verdad viene dada por la capacidad de aguantar el sufrimiento por la persona amada, como ya queda dicho… Así nos lo explicaron en  un retiro…, y a mi esto me hace pensar a fondo…

Azu, has hablado muy bien, estás en lo cierto, confirman Vicente y Luisa, por eso estamos seguros de que Jesús nos ama como nadie, porque ha sufrido como nadie por nosotros, hasta dar su vida de la forma más ignominiosa que podíamos imaginar… Esto  explica también la alegría profunda de los mártires y de los santos en general a largo de la historia: rebosan de gozo y  de plenitud en medio de las llamas o devorados por las fieras o por las pruebas mas duras; y mueren cantando y perdonando a los que los  están torturando, como el Maestro…Conviene recordar y meditar algunas expresiones de estos grandes seguidores de Jesús, que pueden cambiar nuestra vida:  “Mi vida es Cristo y morir me es gran ganancia” “¿Qué nos separará el amor de Cristo: la persecución, el sufrimiento, la muerte… Nada ni nadie nos separará del amor de Cristo”. Leyendo a Pablo uno se asombra de la chifladura (así lo   diríais los jóvenes) de Pablo por  Jesús, hasta considerar nada, baratija, cualquier sufrimiento por seguirle e imitarle con toda fidelidad… Vuestra Teresa de Ávila, contemplando la dicha que le espera, exclama extasiada “Y tan alta dicha espero  que muero porque no muero…” Y en otro contexto viene a decir que la alegría es el distintivo del seguimiento de Jesús, con ese ingenio que la caracteriza: “Un santo triste es un triste santo”, afirma, es decir que ni es santo ni es na…De ahí se deduce que los que viven de la fe se caracterizan precisamente por su alegría permanente. Y lo dice precisamente la gran mística de la Iglesia…

Quizá nos hemos enrollado un poco, interrumpe Luisa. ¿Qué os parece todo esto que estamos diciendo? Queréis añadir algo importante para entender mejor ese mensaje que queremos transmitir de que la fe es fuente inagotable de alegría…?

Y se lanza Amparo, con entusiasmo: En el fondo estamos de acuerdo con lo que estáis diciendo, claro que sí, pero es que cuesta en  la práctica, porque vivir la fe, día a día, es muy exigente para la humana naturaleza… Y ese es el verdadero problema…

Pero hay que decir bien alto, continúa Amparo, que eso de que la Iglesia y los cristianos somos unos aguafiestas es una afirmación gratuita, tendenciosa y maliciosa… Los amigos mejores en los que puedo confiar a tope, con los que mejor  me lo paso, con los que puedo planear cosas que merecen la pena, que son más disponibles para todo…, están precisamente entre mis compañeros y compañeras de los grupos vicencianos…

¿Y qué me dices, añade Azu, de nuestros encuentros en Benagalbón, del encuentro de la Juventud mundial con el Papa en Madrid, de nuestras Pascuas, de nuestros cursos de inglés en verano con Feyda, de nuestros encuentros en general…? ¿No constituyen todas estas experiencias inolvidables, donde hemos fraguado amistades para toda la vida, hechos fehacientes que prueban de forma contundente que la alegría de vivir  se afianza y se comparte mejor entre las personas que están unidas por un mismo ideal de vida…? ¡Para sí quisieran estos marchosos de la sociedad de consumo experiencias vivas como las nuestras, que alcanzan el clímax de la alegría y de la amistad compartida!

Hay que añadir algo importante, interviene Luisa… Desde mi experiencia de ayer y de hoy puedo decir, con el doctor Carrel, premio Nobel de medicina, que los que oran, es decir que los que  tienen una fe sencilla, incluso poco ilustrada, son más fuertes ante el dolor, el sufrimiento y la misma muerte que los que no oran o no tienen fe. Yo añadiría incluso que reflejan facilmente en sus rostros la alegría y la confianza de sentirse en manos de Dios. Y no es esa alegría tonta, forzada, como de escaparate, que se da en las personas de relieve en la sociedad de hoy, sino la alegría de la paz de conciencia y del deber cumplido, según las sanas tradiciones que les legaron sus seres queridos. Sería interesante una encuesta acerca de esta realidad. Os invito a hacerla a vosotras que sois jóvenes. Llevad la propuesta a vuestros grupos vicencianos…

Y Vicente, mirando al reloj, teniendo en cuenta las prisas de las chicas, en vísperas de su gran fiesta fallera, dice complacido: Bueno, creo que es mejor dejar algo para la próxima entrevista…

Se han dicho cosas muy importantes en este diálogo abierto que hemos tenido… Será conveniente resumir los puntos más importantes para que los transmitáis a vuestros grupos en la próxima reunión. Yo lo resumiría así:

  • Hay que tener cuidado (no dejarse engañar) por las alegrías que nos ofrece la sociedad de consumo en la que vivimos… Con frecuencia son oropel, cartón-piedra, fachadas o caretas que ocultan carencias, frustraciones o vacíos…
  • La alegría verdadera nace en el corazón, pasa por los sentidos, controlados por la mente y por la coherencia con la propia identidad, y se expresa por la satisfacción interior que se refleja en la sonrisa abierta de un rostro sereno y tranquilo que contagia paz.
  • El evangelio, el mensaje de Jesús, no es un código de normas ni de prohibiciones…Jesús es un hombre auténticamente libre que invita a vivir la libertad desde el amor… El amor es mucho más exigente que la ley y que cualquier código de leyes…Pero lo que se hace por amor no es carga, ni pesa, ni esclaviza; es realmente y produce en nosotros la más profunda liberación interior. Si alguna vez la Iglesia, o algunos sacerdotes, no lo han explicado así, sois vosotros, jóvenes creyentes, parte viva de la Iglesia, los que tendréis que ayudar a la Iglesia de vuestro tiempo a releer e interpretar el mensaje liberador de Jesús, nuestro Maestro.
  • La fe, vivida en profundidad, hace el milagro, día a día, de convertir lo pesado en ligero, lo difícil en fácil y llevadero, el sufrimiento en amor cálido, el hastío y la desesperación en esperanza, la despedida en bienvenida, la muerte en vida, y vida en plenitud…
  • La fe tampoco es un listado de creencias o afirmaciones sin fondo, ni una serie de prácticas rutinarias sin sentido ni calado en nuestra vida real, es la manifestación gozosa de nuestra identificación con Cristo muerto y resucitado por amor.
  • Ciertamente la fe vivida así es venero de alegría, es decir, fuente inagotable de esperanza y plenitud, de vida nueva y gozo a rebosar…

Buenas tardes, Vicente y Luisa, y gracias por vuestro testimonio y por vuestras reflexiones cargadas de experiencia…

Buenas tardes, Azu y Amparo, y gracias por vuestra valentía y por vuestras aportaciones llenas de buen juicio…

1 comentario

  1. Johan Wennermark

    La fe es imprescindible para estar alegre con los demás y con uno mismo, sin fe estas triste y negativo.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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