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Jóvenes vicencianos dialogan con Vicente y Luisa

Jóvenes vicencianos dialogan con Vicente y Luisa

Introducción

Quizá a algunos les falle la memoria, otros eran demasiado jóvenes, y ni se enteraron, pero, el hecho es que, hace unos años, Vicente y Luisa mantuvieron unos diálogos sabrosísimos, on line, con jóvenes vicencianos. Aprovechando esta situación tan especial del coronavirus, hemos intentado ponernos de nuevo en contacto con nuestros buenos amigos del planeta cielo y, gracias a las buenas relaciones que Vicente y Luisa tienen en la corte celestial, lo hemos conseguido.

Ha habido concurso de jóvenes en toda la familia vicenciana de España para ver quiénes eran los elegidos para este encuentro tan especial, vía telemática, y la suerte ha caído sobre Joaquín y Ana, dos veteranos de JMV, especialistas ambos en el manejo de las redes sociales y curtidos en mil encuentros tanto en Benagalbón como en sus provincias respectivas, que no mencionaré para no suscitar celillos. Eso sí, puedo garantizar que han preparado a conciencia las inquietudes que quieren compartir con Vicente y Luisa. Y sin más protocolos intentamos iniciar la conexión.

Vicente Luisa, recordando tiempos

—Buenas tardes, Vicente, ¿cómo estás? Hace la tira de tiempo que no sé nada de ti. Seguro que has estado todo ocupado con tus pobres… Con esta crisis galopante en todo el mundo y con estos tiempos duros que están viviendo nuestros amigos, allí abajo, todas las manos son pocas; y no digamos nada de los recursos: todos se quedan cortos…

—Tienes razón, Luisa, la situación que están viviendo nuestros jóvenes, sobre todo en España, es un clamor… Y no digamos nada de las familias que viven situaciones extremas, donde ninguno de sus miembros tiene trabajo estable, en algunos casos ni siquiera tienen perspectivas de arreglo ni a corto ni a medio plazo. Es un dolor, un grito desgarrador lanzado a las conciencias de todos, creyentes y no creyentes, empresarios y trabajadores… Con más fuerza aún a los que nos sentimos seguidores de Jesús que anuncia su liberación a los pobres…

—Por todo esto —interrumpe Luisa— me ha parecido muy oportuno este encuentro que vamos a tener con nuestros amigos jóvenes de España: lo están pasando realmente mal. Además, hace años que no hemos hablado con ellos. He abierto mi ipad para recordar lo que hablamos con ellos en nuestra última conversación de hace años. Aquí esta, ya lo tengo. Titulábamos aquellas conclusiones finales “Jóvenes emergentes desde la fe…” Y el primer párrafo decía así “Ser joven emergente para nosotros sería perder los miedos ante los riesgos y pobrezas que nos atenazan, sabiendo que no estamos solos, que Él boga con nosotros, aunque esté aparentemente dormido”. Pero, atento, que ya parece que están conectando con nosotros.

Jóvenes al habla…

—Hola…Hola… ¿Estáis ahí, Vicente y Luisa? Sí… Sí… Probando… Probando… —bisbisean Joaquín y Ana, mientras preparan sus arreos para conectar con Vicente y Luisa…

—Perfecto, aquí estamos esperando, impacientes, Vicente y yo, para conectar con vosotros. ¿Habéis oído la cita que he leído a Vicente, sobre las conclusiones del último encuentro que tuvimos, hace unos cuantos años, con algunos de vuestros representantes?

—No del todo bien —dice Ana por lo bajo—, pero, como tenemos con nosotros el texto completo de la última reunión tenida con vosotros, no habrá problemas.

—Pues, adelante —susurra Luisa. Y prosigue:— yo creo que ese párrafo que he comentado con Vicente, nace de una situación real, acuciante, que están viviendo nuestros jóvenes. Si miramos alrededor hay pocas cosas que inviten al optimismo, a una visión positiva y esperanzadora…

—Tienes razón, Luisa —corta Ana—; la mayoría de nuestros jóvenes están alicaídos, sin ilusión, sin ganas de seguir adelante con sus estudios, con sus currículums, con sus planes de futuro…Encima, este año, sin saber a ciencia cierta qué va a pasar con los cursos en la universidad. Enfrente, encuentran siempre la pantalla oscura de la duda, de la incertidumbre. Después de terminar sus estudios, de hacer dos o tres proyectos de trabajo…, siempre chocan con la realidad infranqueable del paro, de los sueldos de miseria o con las palabras heladas del “vuelva Vd. mañana”.

—Bueno, eso que dice Ana es verdad, pero no es toda la verdad —matiza Joaquín—. Para muchos, la cosa viene de lejos: antes de que empezara la crisis del coronavirus y otras circunstancias, algunos, quizá más de los que podemos pensar, vivían alegremente, sin demasiadas fantasías sobre su futuro, entregados al aquí y ahora de pasar bien el momento inmediato, aletargados, más bien drogados con hedonistas sensaciones: “comamos y bebamos que mañana… la suerte lo dirá…” La fiesta y la siesta, las movidas y las dormidas sin control, al amparo de mamá y papá, banco seguro sin intereses… Esa era su bandera y su fuerza motriz… Algunos colgaban los estudios, sin aprobar los elementales, hacían algún que otro módulo para cubrir apariencias…, y a seguir esperando, que tenemos hogar seguro.…

—No seas demasiado duro —reprocha Ana a Joaquín—, aunque tengo que admitir que unos cuantos se ganaron a pulso su situación presente, sin asideros, sin perspectivas… Pero también es justo resaltar que otros aprendieron a volar a favor del viento: se pusieron sus sueños jóvenes por montera y cruzaron las fronteras por tierra, mar y aire… Y ahí los tienes abriendo caminos, agarrándose a lo que encuentran, que ya vendrán tiempos mejores, con su esfuerzo y su entrega generosa. Ni idiomas foráneos, ni costumbres extrañas, ni distancias de los suyos, ni riesgos, ni aventuras los detienen… Unos lo logran, otros esperan, otros se tambalean, pero todos se congratulan de haberlo intentado, de haber puesto el granito de arena de su parte, de haber intentado actuar como personas maduras protagonistas de su propio destino…

—Vaya párrafo te ha salido, Ana —interrumpe Joaquín, con ojos como platos de admiración— Congratulations. Tienes razón, quizá los dos tenemos razón. Quiero añadir, no obstante, que, a la larga, quizá esta situación nos ayude a encontrar nuevos caminos de sensatez… Porque lo que estamos viviendo hoy a nivel de sociedad en general, pero más fuertemente aún a nivel de juventud, en esta crisis del coronavirus, es la experiencia del caballo desbocado que todos llevamos dentro, pero al que tenemos que embridar.

—Recuerdo —tercia Ana— que mi abuela me decía: “no hay mal que por bien no venga…” Y ella añadía de su propia cosecha: “la enfermedad nos hace valorar la salud, la guerra nos hace suspirar por la paz, el hambre y la escasez nos hace añorar la abundancia…” Podíamos completar con otras experiencias fehacientes: los desastres ecológicos nos ayudan a valorar y a cuidar la naturaleza, la ecología… Pero, sobre todo, irrefutable, la piltrafa a la que puede llegar la persona, más concretamente el joven, si se abandona a las pulsiones primarias del instinto, de lo fácil, de lo que hacen todos porque sí, nos debe llevar a recuperar la capacidad de actuar por principios racionales, éticos y morales…

—Vaya, vaya… —exclama Vicente— los dos habéis puesto el dedo en la llaga, con lucidez y claridad de ideas, con valentía y sin remilgos… Este último pensamiento de Ana me da pie para adentrarme en otro tema candente, que tiene conexión con el tema que nos ocupa de las pobrezas de hoy: la pobreza moral, la pérdida de valores estables y firmes, de valores permanentes, de hoy y de siempre, porque están enraizados en la naturaleza humana y ratificados, confirmados, por el mensaje liberador de Jesús. Podéis sentiros privilegiados de haber sido llamados al seguimiento de Jesús desde el esa sensibilidad especial al servicio de los desheredados y maltratados, ese carisma especial que el Buen Dios fue imprimiendo en la familia que llamáis vicenciana…

—Nosotros palpamos día a día esa realidad nueva, invasora, tiránica de la sociedad actual, especialmente del mundo de los jóvenes —lamenta Ana—. Cierto que hay jóvenes con matrícula de excelencia en actitudes positivas de servicialidad, de entrega generosa, de búsqueda de sentido de la vida, con dudas de fe incluso, pero abiertos a la verdad, a Jesús de Nazaret, a Dios, en definitiva… Pero al lado de éstos están, en masa abigarrada, los que pasan de todo, los que siguen la corriente de la masa, de la marca, santo y seña, que señalan los medios de comunicación, la sociedad de consumo desbordado…

—Quizá lo peor de todo —continúa Joaquín— es que estas actitudes nuevas nacen del convencimiento de que ya es hora de liberarse de ataduras y tabúes del pasado, de la tiranía de las leyes sociales impostadas, del rigorismo de costumbres familiares atávicas, del dominio opresor de la iglesia y de todo lo que ella representa… Pero la experiencia viva es testigo de que la liberación de unos abusos no se solucionan con otros abusos de signo contrario, ni una sociedad o pueblo oprimido se liberan con otra tiranía… A veces comentamos en el grupo que, en los años de juventud de nuestros padres, te señalaban en el pueblo con el dedo si no ibas a misa los domingos, hoy te señalan con el dedo si uno de nosotros deja la tertulia o fiesta dominguera para asistir a la parroquia, o simplemente sonríen maliciosamente significando tu falta de adaptación a los tiempos modernos, distinguiéndote con el significativo apodo de anticuado u otro por el estilo…

—No se da cuenta la gente —interrumpe enojada Ana— que la liberación de roles sociales de uno u otro tipo, no supone necesariamente que la persona sea más madura y reflexiva, más libre interiormente, que es de lo que se trata en último término… La presión ambiental de los medios de comunicación, de las redes sociales, de los poderes fácticos, de la sociedad de consumo, “de lo que se lleva hoy” y de un largo etc. puede ejercer sobre la mente un poder de seducción mucho más opresor que todos los abusos del pasado. De hecho, podemos denunciar, sin temor a equivocarnos, que rara vez ha existido en la historia una sociedad más masificada, digamos aborregada, que la que nos toca vivir. La tragedia de nuestros jóvenes es que una gran masa de ellos aceptan sin descernimiento los criterios de hacer, de pensar y de decidir que nos imponen estas fuerzas ocultas sinuosas… Esta sociedad sibilina de consumo te lo ofrece todo “pret a porter”… Te ahorra hasta la necesidad pensar y de decidir por ti mismo…: haz lo que veas, sigue la corriente, no te compliques la vida, disfruta que para eso eres joven, no le niegues al cuerpo lo que te pide el instinto… Son los eslóganes más exitosos de nuestra sociedad progre, formulados de las maneras más variopintas y acarameladas…

—Más claro que el agua —asiente Joaquín—. Pero todavía hay algo más chocante: están a punto de extinguirse los modelos de referencia fiables, los de toda la vida, que se distinguieron por la virtud y los actos heroicos de servicio a la humanidad… Si tu preguntas a unos cuantos jóvenes del montón, por qué haces esto o lo otro; a quien te gustaría imitar o parecerte…, la mayoría se encojen de hombros, a lo sumo te responden “no sé, es lo que se lleva, ¿no?” Los más lanzados aceptan sin rubor que les gustaría ser como ese gran futbolista que está en boca de todos o como esa estrella despampanante, de escaparate, que no brilla precisamente por los actos de virtud ni por su sensibilidad solidaria hacia los que carecen de su dignidad de personas, los desahuciados de nuestra sociedad…

—Me conmueve vuestra sinceridad y espontaneidad —interviene Luisa—; también vuestra claridad de ideas. Pero ¿cómo os sentís en esa jaula de grillos en la que parece que os movéis, si vuestro modo de pensar es tan diametralmente opuesto?

—Yo puedo decir por mí, Luisa —corta Ana— que, a veces, me siento más sola que la luna, más perdida que una aguja en un pajal, pero, afortunadamente me repongo pronto, me agarro fuertemente a la fe que me transmitieron en la familia, que cultivamos en los grupos vicencianos, que alimentamos en los sacramentos… Evoco a tantas personas admirables que se han cruzado en mi camino, me agarro fuertemente a ese Jesús que llevo muy dentro de mí y le digo cariñosamente, ¿todavía estás ahí, escondido? ¿No ves lo que pasa por aquí? ¿Cuándo vas a manifestarte abiertamente a todo el mundo, incluso a esos amigos, buenos a su manera, pero que están como perdidos en la jungla…? Siento su mirada y su sonrisa comprensivas, que me abarcan toda entera y me dicen con ternura: “no tengas miedo, yo estoy aquí cerquita de ti, pálpame, siénteme…; todavía cambio los corazones de un empujón, ¿no te acuerdas de Saulo de Tarso o de Agustín de Hipona? Pero cada cosa a su tiempo, no quieras imponerme tus criterios, que también sé escribir recto con renglones torcidos…

—¡Qué pasada, Ana! —exclama entusiasmado Joaquín—. Nunca te había oído hablar así en el grupo. Me has conmovido, de verdad. Pero me has evocado ese pasaje tan conocido del evangelio en el que los apóstoles dudan de la presencia de Jesús, ante la tormenta que amenaza destruir su pequeña barca y Jesús les recrimina su poca fe: “¡No tengáis miedo, soy yo!” Pensándolo bien esta es una historia sin acabar, mejor es la historia constantemente repetida: la barca de Pedro siempre ha estado, a lo largo de toda la historia, amenazada de naufragio…, y la misma fuerza de los vientos y las olas la han traído a las playas de la serenidad y la calma, preparadas las velas para lanzarse a la mar de nuevo…Aparentemente dormido en la proa de los aconteceres de la historia Él boga con nosotros…; serena el mar y hace brillar de nuevo el horizonte…

Vicente y Luisa han escuchado perplejos las experiencias vivenciales de Joaquín y Ana. Repuestos de su admiración contenida, Vicente toma la palabra y les dice:

—Lo que habéis expresado es admirable… Nos habíais convocado para que os aclaráramos el sentido profundo de cómo ser hoy jóvenes emergentes desde la fe y nos habéis dado toda una lección de claridad y de vivencia activa… Que el buen Dios os mantenga firmes en esa fuerza viva y transformadora que lleváis dentro…

Y Luisa, que no puede contenerse más tiempo sin hablar, añade con la misma admiración que Vicente:

—Solo os falta que confirméis con la coherencia de vuestra vida diaria la autenticidad de vuestras afirmaciones, que avivéis día a día ese fuego que lleváis dentro, que os señalen con el dedo y digan de vosotros “si todos los jóvenes que se dicen creyentes y participan en actividades de las parroquias fueran así, sería mucho más fácil alistarse en sus filas…

—Bien, Ana y Joaquín, bien, habéis estado muy bien… —dice Vicente visiblemente complacido, mientras les tiende la mano y se apresta al abrazo de despedida (abrazo virtual, claro, porque todavía no hemos superado el coronavirus)…— Ahora ya podemos decir que entendemos en profundidad la formulación del primer artículo de los jóvenes emergentes: “Ser un joven emergente para nosotros sería perder los miedos ante los riesgos y pobrezas que nos atenazan, sabiendo que no estamos solos, que Él boga con nosotros, aunque esté aparentemente dormido.”

Vicente y Luisa miran atentamente a los ojos de Joaquín y Ana y, complacidos, cómplices en su mirada atenta, susurran a Joaquín y Ana:

—“Y habiendo jóvenes como vosotros en JMV y en la familia Vicenciana, en general, ¿no podríais dar un paso más en vuestros Planteamientos de generosidad de servicio a los pobres, pensando seriamente en la posibilidad de entregar vuestra vida entera al servicio de los más pobres? Pensadlo bien, y pedid al buen dios que os dé esa luz y ese coraje necesarios para perder los miedos a la entrega completa de vuestra vida. No dejéis perder esta oportunidad del verano para profundizar en el sentido de esta vocación vicenciana íntegra”. “Si Dios está con nosotros, dice nuestro amigo Pablo, con el que hablamos de vez en cuando, nada ni nadie podrá contra nosotros”

Ruborizados y emocionados, con los ojos húmedos, Joaquín y Ana dan las gracias a Vicente y Luisa y, con palabras entrecortadas, responden:

—Gracias, Vicente y Luisa. Lo pensaremos seriamente este verano. Gracias por habernos escuchado y animado, Transmitiremos a nuestros grupos vuestras recomendaciones.

—Buenas tardes, Vicente y Luisa. Gracias una vez más por habernos escuchado y alentado…

—Buenas tardes, Ana y Joaquín —responden Vicente y Luisa—. Damos gracias a Dios por vosotros y por vuestros grupos de JMV de España y del mundo: vosotros sois parte muy importante de nuestros seguidores, que recibieron el testigo de nuestra fe en acción, de nuestra fe hecha vida en el servicio diario a los pobres, a los desahuciados de nuestra sociedad…

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