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J.M.J. Madrid, punto cero

J.M.J. Madrid, punto cero

Buenas tardes, Luisa ¿Cómo te ha ido el verano?

Buenas tardes, Vicente. ¿Y tus bien merecidas vacaciones?

Luisa, ¿cómo me preguntas eso? Bien sabes  tú que trabajar por los pobres nos exige una dedicación completa, sin descansos prolongados: día y noche, invierno y verano, fiestas y días de semana… Esa palabra “vacaciones” no existe en nuestro calendario. Podemos cambiar de intensidad y de ritmos, de espacios y zonas de emergencia, pero nunca podemos cruzarnos de brazos, y menos aún irnos a la playa o a la montaña, para disfrutar de unos días de  relax…

Es verdad, Vicente, pero quería estimularte un poco con esa pregunta. Conviene, no obstante, no decir esas cosas en voz alta, no sea que nuestros jóvenes se asusten: ya sabes, ellos no están acostumbrados a estos ritmos, viven en la sociedad de su tiempo, bien distinta de la nuestra, por cierto…

Como bien sabes, Luisa, he pasado una buena parte de mi verano en el “Cuerno de África”, Somalia y esos países de la zona, como se llamen, lo de menos son los nombres, lo que importa es la realidad tremenda que están viviendo allí: verlo para creerlo… En muchos aspectos, la situación que he visto allí, me ha recordado los peores momentos de los niños abandonados y mutilados de París, los muertos, malolientes y putrefactos, que pululaban por todas partes en la querida Francia de nuestro tiempo… ¡Cuánto horror y sufrimiento desolador, y sin solución a primera vista!

Sabía, Vicente, que habías estado allí, porque tú siempre estas donde la miseria y el horror alcanzan los últimos limites imaginables, y también porque alguien de los nuestros me mandó un email… Yo también he estado allí, como puedes imaginarte. Intenté ponerme en contacto contigo, pero, imposible: allá no funcionaba nada: ni el móvil, ni internet, ni correos electrónicos, nada de nada… ¿Y los caminos? Ya los viste, intransitables hasta para  los cuadrípedos…

Me alegro, Luisa, de que tú también hayas estado allí. Tengo que decirte que nuestro viaje no ha sido en balde: los nuestros, enterados de la situación, se han puesto ya en marcha y han tomado decisiones muy importantes, encaminadas a aliviar tanta desolación. Demos gracias a Dios por ello. Y esperemos que tantas buenas intenciones y proyectos lleguen a buen puerto, y a tiempo, porque el porcentaje de muertos de hambre por día, sobre todo de niños, es altísimo. Oremos a nuestro buen Dios con esta intención…

Todo esto es muy importante que lo sepa la gente, nuestra Familia  Vicenciana, sobre todo, ahora, al comienzo de este nuevo año escolar, que es el  momento de las planificaciones, incluidas las de proyectos de solidaridad para este curso…

Pero, ¿no veníamos a hablar esta tarde preotoñal de JMJ? Por lo menos yo entendí tu llamada en ese sentido… Y he tomado mis notas para que no se me quede nada en el tintero.

Es verdad, Luisa; ya ves, nuestra obsesión por los pobres nos hace obviar los asuntos del día a día…

Pues entonces,  sentémonos a la sombra de ese ciprés frondoso, según nuestra costumbre y hablemos tranquilamente…

Pienso que hay que delimitar los temas, sería demasiado largo mezclar lo que fue el encuentro general con lo del encuentro previo con los nuestros. Hablemos hoy del encuentro general y dejamos el buen vino,  el mejor sabor de nuestro encuentro con la Familia Vicenciana, para el final,  para nuestro próximo dialogo del atardecer…

De acuerdo, Vicente. Quiero empezar yo diciéndote que me sentí muy a gusto entre los muchos miles de jóvenes de tantas geografías distintas, de tan diferentes atuendos, colores y razas: era como un mosaico multicolor, un cielo de plenilunio, con matices de colores de estrellas, en una noche otoñal, serena y  añil, que invitaba a soñar… ¿Qué sé yo? No soy poeta, pero fue algo extremadamente bello, a veces indescriptible, inimaginable…

Entiendo tu entusiasmo, Luisa. Yo también sentí una agradable sorpresa al ver a tanta gente procedente de tan dispares zonas geográficas, después de tantos interrogantes y sospechas que se habían cernido sobre la oportunidad y conveniencia de este encuentro, en Madrid,  en esta nueva España laica, con los costes excesivos en este tiempo de crisis económica galopante…

No podemos echar las campanas al vuelo, Vicente, pero lo visto y compartido con jóvenes de todo el mundo, en Madrid, invita a la esperanza y a la alegría, a compartir y a revivir las ilusiones perdidas… Cierto, hay que esperar para confirmar que lo que hemos vivido juntos en  JMJ no es un simple espejismo, una nube pasajera de verano…

Sintonizo contigo, Luisa. Hay que esperar, pero también hay que confiar: ni todos los jóvenes son tan vanos y superficiales como les atribuimos, ni todo lo que vemos en los jóvenes está cargado de sospechas e incertidumbres. Vamos a matizar. Sin duda, que el olor a fiesta y a encuentros multitudinarios; el turismo barato y seguro, bien planificado; el intercambio de ideas con gente tan dispar en pensamientos y  en culturas; el instinto de aventura consustancial a los jóvenes; la curiosidad por conocer lo nuevo y lo exótico y un largo etc variopinto, que nada tiene que ver con la finalidad primordial del encuentro…, ha podido producir en  muchos de estos jóvenes un sentimiento imantado y contagioso que les ha seducido y les ha arrastrado, de forma irresistible, a venir a Madrid…

Intuyo tu pensamiento, Vicente, y lo comparto. Seguro que ibas a añadir: pero al lado de estos despistados, interesados o superficiales, por llamarlos  de alguna manera, había un porcentaje elevado de jóvenes, y de no tan jóvenes,  que sabían muy bien a  que venían y que buscaban en Madrid. Evoquemos hechos incontestables. Algunos son naturales, comprensibles por sí mismos: donde hay muchos jóvenes, hay alegría, fiesta, danzas y cantos, buen humor y amistad desbordante… Todo esto es concomitante con la fiesta joven. Pero lo que no lo es tanto es el clima de armonía y de orden, de respeto y de disciplina, en una masa inmensa de más de millón y medio de jóvenes bulliciosos. ¡Cómo impresionaba verlos esparcirse pacíficamente por las  calles al terminar las grandes concentraciones! ¡Eran como el Nilo, el Danubio o el Amazonas que invadían el mar de las grandes avenidas de Madrid, como un torbellino contenido, envolvente! Allí no había gritos estentóreos, ni rotura de cristales o de escaparates, ni palabras gruesas, ni altercados, ni soflamas políticas, ni reivindicaciones esperpénticas…

Pero todavía impresiona más, Luisa, el silencio sonoro a la hora de asistir a las celebraciones litúrgicas multitudinarias: eran capaces de pasar, como movidos por un resorte automático, del bullicio de la calle a la escucha atenta de la palabra y de la oración. Solo en contadas ocasiones   tuve que hacer a algunos un guiño de ojos como diciéndoles que habíamos cambiado de tercio, que se uniesen a la multitud orante y contemplativa…

Has dicho una palabra clave, Vicente. A mí lo que más me impresionó fue precisamente descubrir la capacidad contemplativa de los jóvenes, de esos mismos jóvenes que parecen superficiales, que van siempre a su bola. No podía creer lo que veían mis ojos: jóvenes multicolores del universo mundo, sumergidos en el recogimiento contemplativo, de pie, de rodillas o sentados, con la biblia, el libro del peregrino o el rosario en la mano, serios, reflexivos, emocionados hasta las lágrimas, con la cabeza apoyada en sus manos abiertas en actitud de ofrenda… Me contagiaron su emoción y di gracias a Dios por la capacidad de vida interior de estos jóvenes, recién descubierta. Y eran algunos quinceañeros, sí, pero también de veinte, veinticinco y más años… Fue mi gran descubrimiento de este multitudinario encuentro, Vicente…

Confirmo lo que estás diciendo, Luisa. Yo me di una vuelta esos días por unas cuantas iglesias de Madrid y muchas estaban llenas a rebosar de esta gente joven, a cualquier hora del día o de la noche. Y no digamos nada del impactante viacrucis del viernes por la Castellana, con la cruz a cuestas, a hombros de  jóvenes, que viven su propio viacrucis de cada día: maltratados por la droga, la injusticia, la marginación, la persecución, la desesperanza, el abandono, el paro y las mil y una aventuras del vacío existencial  al que les ha abocado esta sociedad ahíta de valore fiables y persistentes. Nunca en  mi vida había escuchado una saeta tan impactante en aquel atardecer sereno en la Castellana: sonó como un grito desgarrador lanzado a los cielos con ecos palpitantes de emoción en lo más profundo de mi ser. Por primera vez me pareció entender el sentido indescriptible de las saetas en los viacrucis andaluces…

¿y qué me dices, Vicente, de los confesonarios aerodinámicos del Retiro? A muchos les pareció una idea de lo más peregrino. Hasta a ti y a mi nos pareció algo fuera del contexto actual de la pastoral juvenil. Los jóvenes de hoy ya no se confiesan y menos en los confesonarios, nos dijimos: solo vienen a hablar con nosotros en plan de tertulia o de desahogo angustioso, en situaciones límite… Pues ya ves: los 200 confesonarios alineados, uno a uno, en estricta línea india, en el Retiro, no estuvieron precisamente desocupados. En algunos momentos hasta había cola, en diferentes idiomas… ¿Y por qué apenas se ha hablado de esto en la prensa, de la necesidad del hombre y también del  joven de hoy, de sentirse pecador, de reconciliarse consigo mismo, con el otro y con Dios? ¿Habremos llegado ya  a la paranoia de la autosuficiencia absoluta del hombre frente a Dios, a la imagen de un dios fetiche que sobra en nuestra sociedad desarrollada e ilustrada? ¡Así le luce el pelo a esta sociedad sabelotodo!

Brillante, Luisa, pero hay que decir estas cosas  en voz baja, no sea que nos cojan inquina y nos llamen lo que  tú sabes. Lo nuestro son los pobres, obsesivamente los pobres, y por supuesto los jóvenes, que son la parte anónima y desconocida de los pobres de nuestra sociedad, las victimas camufladas que esta misma sociedad ha creado. Han ahogado su ilusión, sus sueños, su instinto compulsivo a ser generosos, a darse a los demás por nada… Y lo han sustituido por las ganas irrefrenables del bienestar sin medida, del pásalo bien que eres joven, de experimentarlo todo, que es tu derecho…Y este encuentro de Madrid ha sido para mi una proclama gozosa de esperanza para esta juventud que empieza a despertar,  un grito al unísono, desde los más recónditos rincones del planeta: hasta 193 países han tenido significativa representación en este encuentro planetario, como pocos. Jóvenes de Filipinas, Japón, Laos, Indonesia, India, Brasil, Argentina…, hasta de 193 nacionalidades, unidos todos por un mismo sentimiento recóndito de búsqueda de sentido a sus vidas, desde la necesidad inapelable del corazón humano  de llegar a la plenitud, que se encuentra más allá de las estrellas…

A mi me impactó muy especialmente, Vicente, un grupo de 8-10 jóvenes, de entre 20-25 años, fornidos, altotes, procedentes de distintas nacionalidades: Brasil, Argentina, España, Alemania… Me quedé de piedra, en positivo, claro, cuando me dijeron que todos ellos se estaban preparando para entrar el año próximo en un seminario teológico de Alemania. Pero la cosa no que quedó ahí: se conocieron en distintos encuentros mundiales de la juventud, siguieron sus contactos a través de los multimedia y tomaron la decisión de intentar ser sacerdotes, casi como conclusión instintiva de lo que habían vivido y compartido juntos durante estos años de relación internet. Y la cosa fue a más: me contaron que no eran los únicos, que conocían otros jóvenes, masculinos y femeninos, que recientemente habían entrado en distintas congregaciones religiosas “quemados” por la llama de los estos encuentros; y que otros muchos, jóvenes y adultos, solteros y casados, habían decidido dedicar parte importante de sus vidas a la cooperación en tierras de misión… También conocían el caso “notición” de Lerma y La Aguilera, en Burgos, donde la nueva congregación “Jesu Communio”, formado por más de 200 jóvenes (he dicho bien doscientas), de entre 20-35 años, casi todas ellas con carreras universitarias, expertas navegantes de internet, se preparan para la nueva evangelización de la juventud, que es la misión que el Papa, la Iglesia, les ha encomendado recientemente… Pues bien, muchas de estas jóvenes aventureras, gestaron su decisión en estos encuentros mundiales de la juventud.

¿Quién sabe lo que el Espíritu Santo está preparando para estos  nuevos tiempos, Luisa? Seguro que podemos decir lo de San Pablo: “Ni el ojo vio ni el oído oyó lo que Dios ha preparado para los suyos” en esta nueva sociedad que entre todos los seguidores de Jesús tenemos que alumbrar.

Pero nos estamos alargando un poco, Luisa. Evitemos la tentación del rollo, dejemos algo para nuestro próximo encuentro del atardecer. En conclusión, yo diría a nuestros jóvenes, pletórico de gozo interior, que en Madrid se ha encendido un luz y no podemos dejarla extinguir…

Buenas noches, Luisa,

Buenas noches Vicente

1 comentario

  1. Josico

    Félix, estábamos esperando ansiadamente este nuevo diálogo entre nuestros fundadores, aunque no me extraña, dedicados a tanto trabajo humanitario………jajajja.

    Esperemos que el Espíritu haga soplar de esa llama que ha dejado la JMJ, un aleteo hacia las congregaciones de nuestra querida Familia Vicenciana. Por si acaso lo seguiremos pidiendo día a día en el Esperanza de Israel…

    Unidos en Xto. en SVP y SLM.

    Gracias una vez más.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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