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Encuentro confidencial con Vicente de Paúl, en el día de su fiesta

Encuentro confidencial con Vicente de Paúl, en el día de su fiesta

Presentación

Aquí tenemos a nuestros dos lanzados protagonistas del día, Pepe y Amparo; audífonos, grabadoras y bolis en ristre, dispuestos a presentarse sin complejos ante tan ilustre contertulio del día: Vicente de Paúl. Ellos son dos veteranos miembros de JMV de Albacete, exalumnos brillantes del colegio de la Inmaculada de la ciudad. Precisamente, mañana, día 27 de Septiembre, celebra Vicente su fiesta. Nuestros amigos se sienten pletóricos de ilusión porque han sido elegidos en su comunidad vicenciana de Albacete, democráticamente, para tan seductor compromiso…Se les ve contentos, pero, a la vez, un tanto perplejos: no aciertan a ver claro cómo enfocar el tema… Después de haber hablado tantas veces, por activa y por pasiva, de Vicente en sus reuniones de grupo en su centro y en la misma parroquia que lleva su nombre en Albacete, no saben cómo empezar, ni como dirigirse a Vicente en este día de su fiesta…

Pero, ¡que sorpresa!, mientras nuestros amigos andan aún acabando de fijar las pantallas y demás instrumental necesario para su video-conferencia en toda regla, ahí aparece Vicente, con su leve sonrisa bondadosa, ocupando toda la pantalla. Viene vestido de gala, con una sotana distinta de la que solía usar los días ordinarios en San Lázaro… Ésta que trae es de domingo grande, como corresponde al día de su fiesta. A su lado, un poco de soslayo, aparece Luisa. Vicente le ha pedido que lo acompañe. No es por timidez, sino porque piensa que Luisa puede aportar ideas y experiencias vivas de vida a este encuentro confidencial con nuestros jóvenes protagonistas. Ambos, Vicente y Luisa, tienen cara de interés, de ilusión…: les brilla la mirada, mientras colocan pausadamente sus manos en la mesa y tratan de posicionarse enfrente de las cámaras…

Pepe y Amparo, todavía un poco desconcertados por la pronta aparición de Vicente y Luisa en pantalla, aciertan a decir: “¡Hola! ¿Cómo estáis? Por fin nos encontramos, después de tantos preparativos…”

Saludos y felicitación por la onomástica de Vicente

Nos alegramos un montón de veros tan ilusionados con este encuentro… Luisa y yo también tenemos muchas ganas de tener este diálogo confidencial con los jóvenes vicencianos españoles, a los que representáis en este momento…

Con sus oídos no del todo afinados, pero con rostros llenos de complacencia, Pepe y Amparo, entonan la felicitación a Vicente: primero en francés como corresponde, después en inglés (ambos están haciendo sus pinitos en estos idiomas universales), y después, más solemnemente en español: “¡Feliz, feliz en tu día, amiguito que Dios te bendiga, que reine la paz en tu día… y que cumplas muchos más!”

Y los aplausos de Vicente y Luisa no se hicieron esperar, como en los días de su primera juventud… Bueno, Pepe y Amparo, (esos son vuestros nombres, ¿No?), ¿Os parece que empecemos a dialogar sobre esos temas que traéis en cartera, para que no se nos haga después demasiado tarde…?

Primeras preguntas incisivas

Y Amparo, que ya estaba abriendo su carpeta de temas y apuntes, esperando ansiosa este momento, se lanza al ruedo de un salto: “¿Cómo viviríais hoy, Vicente y Luisa, nuestra juventud sin renunciar un ápice a los ideales que os condujeron a fundar nuestra, mejor, vuestra gran familia…?

Vicente, gratamente sorprendido, por tan temprana y directa pregunta, se queda un momento pensativo y, mientras se mesa su blanquecina barba, bien poblada, balbucea titubeante: “Mujer, los tiempos son distintos… Ciertamente el evangelio, el mensaje de Jesús, es el mismo…; los pobres siguen estando ahí, apremiándonos a tomar decisiones urgentes desde la luz inextinguible que nos llega del Maestro… Pero confieso que la respuesta concreta es difícil de formular con exactitud…”

Luisa, intuitiva como siempre, se adelanta y continúa: “Yo creo que hay que empezar por uno mismo, creo que tenemos que saborear primero nosotros mismos las condiciones de vida de los pobres, experimentar sus carencias, su falta de perspectivas de futuro, (sobre todo después de esta pandemia), su soledad, el rechazo que experimentan, día a día, desde la sociedad ambiental… La referencia la tenemos clara: Él, el Maestro, es la referencia inexcusable, ‘el cual siendo rico se hizo pobre, asumió nuestra condición humana en todo, menos en el pecado…’ Solo mirándole a Él entenderemos la situación de los pobres, nos enamoraremos de ellos, nos entregaremos gozosamente a su servicio…

Has estado genial, Luisa: asumo totalmente lo que has dicho, interrumpe Vicente, y completo la idea central: ‘se entregó por nosotros para darnos vida…’

Pero eso, ¿Quién lo puede llevar acabo? Solo un reducido número de personas tocadas fuertemente por el espíritu…, corta nervioso Pepe.

Bueno, lo importante es empezar, no se llega de un salto a la meta, el camino se hace más corto al andar…, interviene de nuevo Vicente, contento por la orientación que va tomando el diálogo… Desde que nuestro Buen Dios, continúa Vicente, puso en mi camino aquella pobre familia de Chatillon hasta la recogida masiva de niños abandonados y millares y millares de pobres…, heridos, maltrechos y muertos, que tuvimos que atender en nuestro tiempo, hay un larguísimo camino de luces y sombras… Puestos incondicionalmente a su servicio, el Buen Dios hace el resto…

Problemas candentes, de permanente actualidad

Sin embargo, interviene Amparo pensativa, hay cosas que los jóvenes (quiero decir jóvenes como nosotros, que intentamos seguir a Jesús) no acabamos de entender del todo: me refiero a lo que se llama insistentemente las riquezas enormes de la Iglesia, del Vaticano, de los “curas”. También hemos hablado alguna vez de la relación privilegiada que Vicente tenía con la Corte, con las grandes Damas de la sociedad de Élite, con los plenipotenciarios ministros del Reino… Y no hemos dejado pasar por alto el “Carruaje”, de lujo, para aquellos tiempos, que usaba el Señor Vicente en el servicio a los pobres; ni la enorme extensión del Priorato de San Lázaro, donde vivió la Compañía durante tantos años. En esto de los bienes de la Iglesia, los jóvenes, incluidos los nuestros, hilan muy fino…

Y tienen razón, en parte, los jóvenes, interrumpe Vicente, siempre que sean coherentes ellos mismos con lo que dicen. Hay que hilar muy fino con la posesión y uso de nuestros bienes: tener bien claro que los pobres son nuestros amos y señores y que todo lo que somos y tenemos les pertenece… ¿Recordáis que dije en una ocasión solemne que deberíamos despojarnos hasta de los vasos sagrados para atender las necesidades apremiantes de los pobres….? Pero, a la vez, dada la condición humana, debemos proveernos de lo que necesitamos para el mejor servicio de los más necesitados. El Maestro también lo hacía así: no tenía donde reclinar la cabeza, pero había uno de ellos que guardaba la bolsa, la mayoría de ellos seguían ejerciendo intermitentemente su profesión de pescadores, sus amistades pudientes colaboraban al sostenimiento del grupo, el grupo de seguidores participaba en las fiestas y celebraciones a las que Jesús era invitado…

Hay que matizar bien el sentido de la pobreza evangélica

Por otra parte, continúa Luisa, no se trata de exaltar la pobreza en sí misma, los bienes económicos y sociales son signo de la bendición de Dios; lo importante es que los bienes que Dios regala a sus hijos, sean compartidos de una manera equitativa y justa para que todos y cada uno pueda vivir de acuerdo con la dignidad de hijos de Dios. Vivir la pobreza significa solidarizarnos con los pobres para que ellos lleguen también un día a disfrutar de los bienes que nosotros tenemos y de los que ellos carecen…

Habéis mencionado lo del carruaje de Vicente, lo de la extensa propiedad de San Lázaro, lo de la especial relación de Vicente con las Damas de la Caridad y de la Corte… Muchas veces hablamos Vicente y yo, también en nuestras Comunidades, de estas cosas: siempre llegamos al convencimiento de que era conveniente utilizar todos estos medios que el Señor ponía en nuestro camino para el mejor servicio de nuestros pobres. Eso sí, preveníamos constantemente a los nuestros de los riesgos de apegarse a estos bienes y de vivir en la molicie y en la holgazanería…

En cuanto a la riqueza de la Iglesia, del Vaticano, de los curas, que habéis mencionado, zanja Vicente, mejor es que lo dejemos para otro día: nos llevaría muy lejos… Y es un tema que merece la pena aclarar…

No hay que generalizar: Entre los jóvenes vicencianos hay también quienes se toman muy en serio el seguimiento de Jesús de Nazaret

¿Y qué pensáis vosotros desde las alturas, cambia de tercio Pepe, de los jóvenes españoles que se dicen perteneciente a la Familia Vicenciana?

No se puede generalizar, sale al paso Luisa: hay de todo. Los hay que siguen por inercia, porque empezaron de pequeñitas en su cole, crearon ahí su grupo de amigos/as y se sienten cómodos/as, pero sin ningún interrogante fuerte que les lleve a navegar contra corriente, en una sociedad pasota y evasiva… A veces hasta se complacen en alguna pequeña obra altruista o en alguna de esas celebraciones dulzonas y emotivas a raudales, con perdón…

¿Tan mal nos veis?, pregunta ruborizada Amparo.

No es eso, no hay que alarmarse en exceso, interviene conciliador Vicente. La fidelidad hasta el extremo al carisma propio siempre ha sido de minorías, no solo entre nosotros sino en toda la historia de la Iglesia: los mismos seguidores más cercanos, los apóstoles y los discípulos de su séquito particular, experimentan altibajos y abandonos… Hay entre los nuestros quienes se han tomado muy en serio el seguimiento de Jesús, tal como lo exige las circunstancias que nos toca vivir: tienen un proyecto personal de vida cristiana, asisten a sus reuniones de comunidad o de grupo; participan en las obras asistenciales con otras ramas de la Familia; son especialmente sensibles a la pobreza extrema que experimentan familias enteras y jóvenes en particular, debido a la crisis galopante en la que estamos inmersos…

Pero, los hay también flojillos, inconsistentes, faltos de coherencia

Sin embargo, corta Luisa, más crítica que Vicente en algunos aspectos, incluso entre los más fieles de los nuestros, hay quienes son bastante condescendientes con las costumbres decadentes de los jóvenes de nuestra sociedad ambiental… Las movidas nocturnas hasta la madrugada, en las que no falta el alcohol ni los excesos sentimentales y un largo etc., les supera. Las buenas formas, la elegancia, en el vestir y en el lenguaje que nos transmitieron generaciones y generaciones de seres queridos, tampoco distinguen especialmente a los nuestros, respecto al común de sus coetáneos juveniles…

Algunos cuadran mal la coherencia cristiana entre el sentir, pensar, decir, orar, vivir y hacer… Son voluntaristas en promesas, servicios y planificaciones, pero les falta solidez y realismo, eso que podíamos llamar coherencia integral de vida cristiana. Esta coherencia que se asienta en el conocido trípode: conocer para amar (formación), celebrar para compartir el gozo de creer (oración-liturgia comunitaria), hacer o comprometerse seriamente en el servicio a los pobres, que es lo nuestro…

Una mención especial, de excelencia, para aquellos-as que se atreven a plantearse interrogantes de dejarlo todo por seguir de por vida a Jesús en la vida de Misionero Paúl o de Hija de la Caridad

Un tanto confusos por la crítica severa, aunque certera, de Luisa, Pepe y Amparo, se apresuran a añadir: tenemos que reconocer que lo que acabamos de oír se aproxima bastante a la realidad, pero también es cierto que algunos, quizá más de los que pensamos, se parten el pecho por su fe y por la Iglesia entre sus compañeros de estudio o de trabajo; otros saben renunciar a parte importante de su tiempo por atender a los pobres y enfermos; por asistir a las colonias de verano con niños de familias desestructuradas; incluso hay algunos que forman comunidades de vida en países en vías de desarrollo y hasta se están planteando seriamente la posibilidad de entrar al Seminario de PP. Paúles o de Hijas de la Caridad…

Y, antes de despedirse, se emplazan para un próximo encuentro

¿Qué os parece si hacemos un pequeño alto en nuestro diálogo para interiorizar lo que estamos diciendo, para pedir a nuestro Buen Dios que nos ilumine y nos ayude a matizar todo esto?, interviene Vicente pensativo.

Y después de uno breve silencio, Amparo dice al azar: hoy se habla mucho de los países emergentes, como solución a los problemas económicos y sociales que afectan a nuestro mundo global. ¿No podría ser esa palabra como un talismán para perfilar y reorientar nuestro tema?

Miran sus relojes y se sorprenden: ¡Ha pasado más de una hora sin darse cuenta!

Así que, de común acuerdo, deciden continuar el tema en otro encuentro posterior. sine die, cuando sea oportuno para todos.

No os perdáis la continuación del dialogo, que la próxima vez estará centrado en el tema de los países y jóvenes emergentes, al estilo vicenciano. Quizá haya hasta el anuncio de un tercer encuentro sobre el tema de la riqueza o los bienes de la Iglesia y de la Familia Vicenciana.

Mirándose fijamente a los ojos, emocionados, los cuatro hacen el gesto de fundirse en un fuerte abrazo de paz. Shalon, dicen Vicente y Luisa. Shalon,  responden Pepe y Amparo.

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