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En tiempos borrascosos… colaboremos con la Providencia

En tiempos borrascosos… colaboremos con la Providencia

Paseaban Vicente y Luisa, al atardecer, por los jardines soleados de las moradas celestes, cuando llega corriendo un amigo para decirles: os están llamando vuestros amigos de España, dicen que quieren comunicaros buenas noticias…

Luisa sonríe y dice complacida:

—Por fin, ya tenemos noticias de nuestros jóvenes amigos de España… Estábamos impacientes y preocupados por no saber nada de ellos, durante meses…

—Seguro que ha habido alguna razón de peso para este silencio tan prolongado —susurra Vicente conciliador…— Así que, tranquila, mujer; ellos nos explicarán a que se ha debido este silencio…

Y, subiendo el escalón de entrada a la sala de recepción de Vicente, suena el pitido característico del Skype…

—¡Hola! ¡Hola! ¿Estáis ahí? Vicente y Luisa, ¿Podéis oírnos? Somos Juan y Eloísa, de Albacete… Venimos a dialogar con vosotros: a comunicaros buenas noticias…, sí, pero también a pediros consejo sobre situaciones que estamos viviendo en nuestro país… —dice nerviosa Eloísa.

—Bueno —continúa Juan—, la primera buena noticia es que ya podemos comunicarnos con vosotros… Problemas técnicos de nuestras redes de comunicación nos han mantenido incomunicados con vosotros durante largos meses… Pero, ya, después de esta larga espera, por fin, podemos disfrutar de estos diálogos tan sabrosos con vosotros…

—La segunda buena noticia que queremos comunicaros —continúa Eloísa orgullosa—, es que celebramos tu fiesta, Vicente, por todo lo alto… Aquel Sermón de Folleville el día de la Conversión de San Pablo… Hablaste de la conversión de corazón, la de verdad… Estuviste inspirado: no solo cambió de vida aquel varón de buena reputación, que no lo era tanto, sino que casi todo el pueblo quiso recibir el sacramento del perdón y tuviste que llamar a otros sacerdotes para ayudarte a administrar este sacramento…

—Aquel día —continúa Juan—, se te unieron algunos sacerdotes, dispuestos a acompañarte en la misión de anunciar la buena noticia de la misericordia de Dios a toda persona bien dispuesta, abierta a la ternura de Dios… Y así nació tu Pequeña Compañía o Congregación de la Misión, que en nuestra tierra se llaman PP. Paúles… ¡Qué gran día fue aquel del 25 de enero de 1617…!

—¡Es verdad! —exclama Vicente enternecido—. Fue obra del buen Dios. Yo nunca había pensado en una cosa así. Pero Él fue guiando nuestros pasos, poco a poco, sin yo mismo darme cuenta. La Providencia tiene sus recursos ocultos… Basta estar atentos a la Providencia. Siempre atentos…

Y Luisa, que no puede mantenerse más tiempo en silencio, interrumpe nerviosa:

—Y de Chatillón, ¿Qué? También fue un pequeño sermón del Sr. Vicente el que movió los corazones de aquellas buenas gentes… Por la tarde de aquel domingo todo el pueblo acudió a socorrer aquella pobre familia que se estaba muriendo materialmente de hambre…

—Y de aquí fueron surgiendo —complementa Vicente— asociaciones e iniciativas por la fuerza creativa del amor: Cofradías de la Caridad, Damas de la Caridad, y más tarde vosotras, las Hijas de la Caridad… ¿Quién lo iba a pensar? De nuevo la Providencia fue guiando nuestros pasos…

—Y más tarde nosotras —interrumpe Eloísa sacando pecho—, las Hijas de María, que, corriendo el tiempo, fueron Hijas e Hijos, después Emas (Equipos Marianos de Apostolado Seglar), y, finalmente, JMV (Juventudes Marianas Vicencianas) y Misevi (Misioneros Seglares Vicencianos)…

Y Juan sentencia con aires de sabiondo:

—Así nos hemos ido dando cuenta, Vicente, de aquella otra inspiración que tuviste al afirmar rotundamente que “el amor es creativo hasta el infinito…”

—Pues esta fuerza creativa del amor es lo que hemos celebrado la Familia Vicenciana de Albacete estos días —apostilla Eloísa—: todas las ramas de la familia, nacidas al calor del carisma que vosotros nos transferisteis, Vicente y Luisa, están presentes en nuestra pequeña casa familiar vicenciana de Albacete. Es cierto que todavía estamos muy lejos de ser abrasados por el fuego devorador de vuestra entrega al servicio de los pobres, pero vamos caminando…

—Nos reunimos por grupos, de vez en cuando —continúa Juan—, para conocer mejor vuestro legado y animarnos mutuamente en el mejor servicio de los pobres de nuestro entorno, que son muchos… Y además muy difíciles de comprender…

—Tan difíciles —complementa Eloísa—, que hemos tenido que recordar más de una vez, Vicente, tus palabras de aliento a Juana: Por tu amor, Juana, sólo por tu amor, te perdonarán los pobres el bien que les haces…

—Con limitaciones y carencias —añade satisfecho Juan—, visitamos a los pobres de nuestro entorno, asistimos y animamos, con todos los medios a nuestro alcance, a la población carcelaria, nos hemos constituido, con carácter legal, civilmente hablando, como Familia Vicenciana de la diócesis de Albacete…

—Pero lo más importante —dice sin rubor Eloísa—, es que socorremos con alimentos, mensualmente, a más de 400 familias de nuestras barriadas pobres y, además, vamos concienciando a otras familias a aportar una partecita de sus haberes para sobrevivir, con el complemento mayoritario de nuestra ayuda: ellos aportan solo el 25% y la Familia Vicenciana el 75% del costo global de sus necesidades primarias… Es como un Chatillón, perfeccionado, enriquecido… Y sin saber cómo la Familia Vicenciana ha podido aportar 20.000€ en este primer año de su Economato…

—Por todo ello —añade orgulloso Juan—, hemos creído razonable celebrar en tu día, Vicente, la fiesta del amor y de la solidaridad, el día luminoso de la conversión de San Pablo y de la fundación de tu Congregación, el trampolín mediático de tu gran revolución evangélica de la solidaridad responsable… ¡Que bonita fue la misa celebrada en tu honor, en la iglesia que lleva tu nombre, en una de las barriadas más humildes de nuestro entorno; y que bellos y exultantes de gozo los cantos del ágape fraterno que siguió a la celebración litúrgica. Allí estabais vosotros moviendo nuestros corazones agradecidos…!

—Pero, no era este el tema prioritario que traíamos para hablar con vosotros hoy, Vicente y Luisa —cambia Eloísa de tercio…— El tema que nos preocupa hoy, y desde hace algún tiempo, es la deriva de los problemas políticos y sociales que estamos viviendo en nuestro país… Nos preocupa y mucho la situación y queremos pediros consejo…

—Es verdad —confirma Juan—, estamos desconcertados, perplejos… No sabemos a qué atenernos. Es como si un huracán se hubiera llevado por delante todo lo que hemos vivido anteriormente…

—Amigos nuestros de toda la vida —complementa Eloísa—, con los que hemos compartido, durante años, ideas, ilusiones y esperanzas, parece que han cambiado de chaqueta, ya no piensan como antes, ni como nosotros, ya no se rigen por los mismos criterios, ya no tienen los mismos amigos ni compañeros de viaje en sus proyectos vitales… Palabras que tenían los mismos acordes, como Fe, Vida, Iglesia, Sacramentos, Dios, Familia, Unidad, Política y Políticos…, con un largo etc., provocan ahora desacordes y disonancias profundas…

—¿Qué debemos hacer? ¿Cuál debe ser nuestra actitud en tales circunstancias? —pregunta, visiblemente preocupado, Juan.

Tranquilo y sereno, Vicente sentencia:

—Esto no es nada nuevo en la historia de los humanos; es una constante, con variantes de épocas y de culturas. Nosotros también vivimos tiempos convulsos en nuestra época. Yo creí, en algún momento, que la fe católica podía desaparecer de la Europa cristiana. Y a los políticos de turno, con egoísmos y afanes de grandeza parecidos a vuestros políticos de hoy, tuve que decirles que se preocupasen del pobre pueblo, que aparcasen de una vez las guerras criminales, fratricidas. A uno, precisamente el más fuerte, cuyo nombre no quiero recordar, me atreví a decirle que se arrojase al mar, porque él era claramente el principal obstáculo para la paz; y que la guerra estaba destruyendo al pobre pueblo…

—Y nosotras, las Hijas de la Caridad —continúa Luisa— y las demás instituciones caritativas que habían surgido al soplo del Espiritu, por mediación del Sr. Vicente, tuvimos que multiplicarnos para paliar la hambruna galopante y el sufrimiento inacabable del pobre pueblo…

—Pues algo parecido, salvadas las distancias del tiempo, está pasando entre nosotros —interviene titubeante Juan…— Hay multitud de parados, familias enteras sin trabajo, corrupción encubierta y manifiesta por todas partes…; y mientras tanto, nuestros políticos de turno, en vez de ponerse a dialogar en serio y trabajar juntos para encontrar soluciones racionales y operativas se dedican a buscar los primeros puestos, a ver quién se impone a quién, y quién saca más tajada de este circo maquiavélico que ellos mismos han creado…

—Bueno, bueno, Juan —interviene conciliador Vicente—, ante todo hay que guardar la calma. Cuando se producen estas situaciones no hay que empezar por culpabilizar a nadie en concreto, sino más bien tratar ver con lucidez y valentía qué parte de responsabilidad tengo yo mismo en esta trama… Después, intentar aportar mi granito de arena para que se puedan solucionar estos problemas de modo racional y pacífico…Los cambios de tendencia, en un ámbito geográfico y cultural concreto, no se producen de pronto e inesperadamente. Se van gestando lentamente y es todo el conglomerado social, cada uno a su manera, el que ha conducido a gestar esta nueva sociedad irreconocible…

—Muy bonito, Vicente —intervienen Eloísa y Juan, al unísono—, pero queremos saber que podemos y debemos hacer, aquí y ahora, nosotros y los componentes de nuestro grupo de Albacete…

—No es tan difícil como os imagináis, pero sí, quizá, más lento —interviene Vicente de nuevo, con el asentimiento de Luisa—. Las soluciones duraderas y estables de la larga historia de la humanidad no se gestan con algaradas callejeras, ni revoluciones, ni armas, ni gritos estentóreos… No es ese el estilo de Jesús, que debéis conocer bien, como miembros de un grupo seguidor de Jesús. Es precisamente su palabra y su estilo de vida la que pondréis como pantalla de referencia de vuestra búsqueda de paz y de justicia en la verdad. Empezad por revisar vuestra coherencia de vida: ved si se conjugan al mismo ritmo en vuestra vida diaria lo que decís con palabras bonitas y lo que hacéis en realidad…

—También es muy importante —añade Luisa—, que los desajustes, desigualdades sociales y corrupciones de todo tipo, que tan duramente fustigáis se casan con una vida facilona, sin privaciones, sin compromiso serio de voluntariado al servicio de los más pobres. ¿Que tiempo dedicáis a una y otra cosa…? Y así sucesivamente…

—Aún hay más —continúa Vicente—, tal vez tenéis que aparcar vuestros idearios políticos, las ideas de siempre, en preferencias sociales de partido, con nombres y apellidos. Para un seguidor de Jesús de Nazaret sólo Él y su manera de vivir y de hacer es la referencia última. Y tenéis que vivirlo y expresarlo con valentía, denunciando la injusticia, promoviendo el bien común, el mejor reparto de los bienes, la armonía y buena relación entre las personas, sean del país que sean, de la religión y de la cultura que sean… Dios es el Padre de todos, que provee lo necesario para que todos vivan según la dignidad de hijos de Dios… Por este ideal Jesús dio su vida… Nosotros debemos estar dispuestos a hacer lo mismo, sabiendo que Él está siempre con nosotros, aupándonos…

—Haciendo esto, no aparecerá de pronto la luz, como un milagro instantáneo —corrobora Luisa con una sonrisa cariñosa…— No, no, este fenómeno, a veces, se hace esperar largo tiempo… Yo también estuve buscando durante muchos años esta luz guiadora, y tardó en aparecer, hasta que Dios cruzó en mi camino a Vicente…

Un poco ruborizado, Vicente cambia la dirección del discurso de Luisa. Y continúa:

—Por extraño que os parezca, Dios está siempre presente en nuestros caminos, oculto o entre penumbras, pero está. A veces quiere confundir la sabiduría de los listos de este mundo, que se creen capaces de todo con sus avances técnicos e ideológicos; a veces, simplemente se hace esperar, para que nosotros busquemos con más ahínco y confiemos más en él que en nuestra propia sabiduría y recursos humanos… ¿Recordáis el pasaje del evangelio en que Jesús seguía dormido en la barca y la tormenta amenazaba hundirla sin remedio? Hombres de poca fe, les dice, aquí estoy yo con vosotros, ¿por qué teméis…?

—¡Qué bonito, Vicente! —exclaman Juan y Eloísa—: no habíamos caído en esa lección tan magistral que nos has dado…

Y concluye Vicente inspirado:

—Todo se resume en una frase, que tanto Luisa como yo queremos que meditéis a fondo: En tiempos borrascosos…, colaboremos con la Providencia, que se hace presente cuando quiere, como quiere, siempre que nosotros la busquemos y la dejemos actuar.

—Gracias mil, Vicente y Luisa, volvemos a nuestro grupo mucho más tranquilos y confiados. Transmitiremos a los nuestros vuestras palabras sabias y reconfortantes, terminan Juan y Eloísa.

Gracias por habernos llamado, podéis hacerlo cuando queráis —se despiden Vicente y Luisa.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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