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De la unión y la unidad

De la unión y la unidad

Ubi Caritas

¿De que íbamos hablando, Luisa?  La preocupación por tantos jóvenes de los nuestros, que están teniendo tantas dificultades de trabajo y de futuro me ha distraído…

Hablábamos de la unión y de la unidad de los cristianos en estos momentos. Algunas jóvenes más lanzadas me han llamado para preguntarme que podían hacer ellas y ellos, los de JMV, claro, en estos días de oración por la unidad de todos los seguidores de Jesús. Me han cogido un poco de sorpresa, pero, de  pronto, me he acordado de aquella ocurrencia estupenda de nuestro amigo Agustín, que tú nos decías en latín “In necesariis, unitas; in dubiis, libertas; in ómnibus, caritas” Y te apresurabas a traducirnos y a explicarnos con claridad a las Hermanas:  “En las cosas importantes, en lo que es constitutivo de la fe, hemos de mantener la unidad a toda costa; en las cosas opinables, que dependen de las culturas o de las costumbres, hay que ser libres, respetar las distintas opiniones, mantener una flexibilidad dialogante, sin descuidar la obediencia…; pero siempre y en todo momento  ha de brillar  la caridad  entre todos los seguidores de Jesús…” Nos recodabas que, a veces, hasta entre los mismos apóstoles había sus más y sus menos: no todos opinaban lo mismo.

Vaya memoria, Luisa, y vaya claridad de ideas. Gracias por recordarme lo que tú dices que decía entonces. Me parece de plena actualidad lo de nuestro buen Agustín…Lo difícil es la aplicación práctica. ¿Te acuerdas lo mal que nos lo hicieron pasar algunos amigos, muy piadosos ellos, que se empeñaban en prohibir la comunión, incluso a las Hermanas, a las religiosas, en general, porque decían que se necesitaban condiciones muy especiales, casi imposible de cumplir, para poder comulgar? Después se llamó eso jansenismo, pero entonces no entendíamos ni de nombres ni de etiquetas, sólo teníamos en cuenta lo que decían nuestros obispos, fieles a la Iglesia de Roma…Hubo tal confusión de ideas, no sólo en Francia, sino en toda Europa que yo mismo  pensé   que la fe verdadera iba a desaparecer de nuestro continente…

Me acuerdo perfectamente, Vicente. Días había en que te notábamos especialmente preocupado y nos insistías a todos, Padres y Hermanas, que pidiésemos a nuestro Buen Dios que ayudase a su Iglesia a disipar las tinieblas…

Afortunadamente aquellas aguas turbulentas se han ido  calmando poco a poco. Hoy hay otro clima, se respira un deseo sincero de acortar distancias, de buscar juntos  la verdad, de acercarnos fraternalmente unos a otros… Las tensiones políticas entre la Iglesia, o mejor, entre el Vaticano y los distintos poderes políticos se van suavizando, aunque hayan surgido diferencias y culturas de otra índole…

La caridad, el servicio a los pobres, también abre caminos insospechados. Nuestras Hermanas y todas las instituciones que se inspiran en nuestro proyecto de vida, acogen a todos, sin distinción de razas ni colores, ni de casta ni de religión…,  y eso les hace interrogarse. Una Hermana me contó el otro día que una joven de religión musulmana, no sabiendo cómo expresar su admiración por lo que hacía, le dijo “¡Que buena musulmana sería Vd., Hermana!”.

Luisa, ¿Te das cuenta de que eso es precisamente lo que ocurría en los primeros tiempos? Nuestras primeras comunidades provocaban la admiración de todos y seducían, día a día, a nuevos seguidores de Jesús. Como me alegra el ver que hoy se está volviendo a las fuentes para recuperar la unidad de todos. Hay algunos profetas nuevos de este tiempo, de una y otra denominación, que ya hablan de cuatro pilares para reconstruir la unidad perdida y que son precisamente los que nos dan la vivencia de los primeros seguidores del Maestro, a saber:
– La enseñanza de los apóstoles. No se puede creer ni defender lo que no se conoce bien.
– La oración diaria en estilo de comunidad de seguidores de Jesús. Es indispensable recobrar la vivencia de la fe desde la oración al Padre.
– La comunión fraterna o unión de amistad y confianza: ellos pensaban  y sentían  lo mismo; palpitaban con  el mismo corazón; compartían lo que tenían…
– La “fracción del pan”, que así llamaban ellos a la Eucaristía, es sin duda el otro pilar sobre el que se asienta la unidad…. La eucaristía es el centro de la vida cristiana, el centro neurálgico desde el que se vive la presencia viva y vibrante de Jesús… su ternura, su entrega por los suyos…

Me acuerdo, Vicente, de que tú nos hablabas también de la necesidad de convertirnos… Sin oración y sin conversión no hay unidad, nos decías… Si bien se mira muchas tensiones y divisiones han nacido en nuestra Iglesia más por orgullo y soberbia, por deseo de dominio y de imponerse sobre los demás, que por divergencias profundas de fe… Y no digamos nada del deterioro de las buenas costumbres, de la corrupción moral de muchos representantes de la Iglesia de nuestros tiempos. Teníamos que rezar mucho por la conversión de los dirigentes de la Iglesia y nosotros todos, sacerdotes, Hermanas y fieles teníamos que convertirnos de verdad a nuestro buen Dios. La conversión pasó a ser el tema fundamental de las misiones de nuestros misioneros…

Me estás refrescando la memoria, Luisa. También insistíamos en la unión de corazones entre los miembros de nuestras comunidades, del respeto y aprecio a todos, sin tener en cuenta sus fallos y limitaciones… Y si alguna vez había roces o tensiones entre nosotros  teníamos que sentir alegría de pedirnos perdón  y recobrar así la paz en nuestro corazón y la intimidad con nuestro buen Dios. No hay paz en el corazón, ni unión y confianza en el Señor si no estamos en paz con el Hermano. Y recordábamos algunos pasajes del evangelio de Jesús: “Si al presentar tu ofrenda te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, ve primero a reconciliarte con él,,.”

También nos recordabas con frecuencia la oración tan bonita de nuestro amigo Francisco de Asís: “Hazme, Señor instrumento de tu paz.. Donde haya odio, ponga yo amor…” Eran momentos inolvidables, Vicente. Y no faltaba nunca la fundamentación en el mensaje de Jesús, nuestro Maestro: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros para que deis fruto y lo deis en abundancia..”  “Que sean uno, Padre, como Tú y yo somos Uno… para que el mundo crea que Tú me has enviado…”  No hay evangelización creíble, ni entonces ni ahora, sin esta unidad inquebrantable en Jesús y en su mensaje…, nos repetías una y otra vez.

Pues sí, sigo afirmándome en lo mismo: los nuestros tienen que ser machaconamente portadores de unidad, de paz y de concordia…, siempre dispuestos a ver lo positivo y lo que nos une al otro más que lo que nos separa del otro… Difícilmente puedo ganarme al otro si me acerco a él acusándolo de estar en el error o en la perdición, que se ha apartado de la buena dirección en el camino de la salvación… Lo único que conseguiré es provocarle a defenderse de mis ataques y a buscar razones que se vuelvan contra mí. Y eso es la experiencia fehaciente de los siglos de desunión y de desencuentro entre los que nos declaramos abiertamente admiradores y seguidores de Jesús…Y esta es la tarea apasionante que Jesús y la Iglesia por Él fundada pone hoy en nuestras manos, en las manos de nuestros jóvenes y de la entera Familia Vicenciana. Hay que decírselo bien alto para que nos entiendan: “Sólo el amor sincero, la cercanía, la caridad sin fronteras, bien entendida, con preferencia a los más pobres, la pasión por la verdad allá donde se encuentre, logrará un día la ansiada unidad de todos los que nos gloriamos de tener al mismo y único Señor y Maestro…”.

Me dan ganas de aplaudirte, Vicente. Has estado tan elocuente como en tus mejores tiempos en San Lázaro. Pero tengo mis dudas: no sé si van a entenderte bien nuestros jóvenes… pienso que algunos van interpretar que lo mismo da una religión que otra, una fe que otra fe, porque todos tienen buena voluntad y buena conciencia; que Dios es el mismo para todos, dicen, aunque lo busquemos o expresemos de distinta manera…Dios no cabe en nuestras mentes limitadas, que lo importante es creer en algo o en alguien… Dios disculpará, y suplirá, nuestras deficiencias de percepción…

Pues es cierto, Luisa, corremos ese riesgo, pero sólo si se piensa superficialmente…, y nuestros jóvenes no son precisamente superficiales: saben muy bien que una cosa es el respeto y la cordialidad y otra bien distinta la fidelidad a la fe que se les ha transmitido y que ha sido contrastada con la palabra de Dios sabiamente interpretada por la Iglesia a lo largo de los tiempos…El respeto y la cordialidad no exige que yo renuncie a mi verdad para adherirme a la del amigo, tampoco a la inversa, cierto: los verdaderos amigos celebran lo que les une, se duelen por lo que les separa, oran juntos y buscan con amor y confianza mutua la verdad profunda  y última que les acerque definitivamente al Dios del amor y de la Verdad Única,  manifestada en Jesús de Nazarez …Esto hay que  pensarlo y meditarlo despacio y con humildad…

La tarea que pones a nuestros jóvenes es ardua, casi imposible, Vicente. No sé qué van a pensar.

Luisa, recuerda lo del evangelio, “lo del camello por el ojo de una aguja…”  Y Jesús concluye: “Lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios”.

Sólo añadiría  a nuestros jóvenes que no se cansen de buscar: que el Dios de la Verdad y del Amor sincero está siempre al otro lado del túnel… Que no dejen de indagar en la abundante documentación que sobre el tema de la unidad de los cristianos pueden encontrar en internet… Que ellos, que son tan amigos de nuestro buen papa Juan Pablo II no dejen de leer en esto días su importante Encíclica “Ut unum sint”. El título lo encontrarán así en internet, pero el texto completo lo disfrutarán en español.

Vaya, Vicente, quizá hemos sido un poco rollos hoy, pero el tema bien merece la pena. Espero que nuestras juventudes y toda la Familia en general valoren el tiempo que les hemos dedicado, renunciando incluso, durante este rato, a la contemplación gozosa de nuestro buen Dios.

Buenas tardes, Vicente.

Buenas tardes, Luisa

3 Comentarios

  1. Mitxel

    Me dan ganas de aplaudirte. Lo leo con gran interés y provecho

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  2. Diego Palomo

    Mis felicitaciones y enhorabuena. Un abrazo.

    Responder
  3. carlos chávez

    Gracias padre por recordarnos lo que de pronto olvidamos como jóvenes que somos. En realidad estoy retomando el camino de la fe, mismo que dejara por varios motivos, que aunque no quiera están en mi mente.

    Se que no fueron en vano todos los desaciertos de los que en un tiempo eran mis guías en la iglesia.

    Como jóvenes hoy día tenemos mucho que arreglar, pero creo que la iglesia en general tiene que ser mas sincera de lo que ha sido o fuese, digo esto porque ahora ya nos atrevemos a preguntar a indagar y es que Dios eso es algo que nos pide, pero nos topamos con personas que hablan a su conveniencia y no son lo suficientemente sinceros para dar respuestas por muy complicadas o duras estas fueran.

    Un abrazo.

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Sobre mí

Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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