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Creer en tiempos revueltos

Creer en tiempos revueltos

¿Cómo estás, Vicente? ¿Ya vas superando los catarros de este frio invierno? Estos amigos nuestros de España nos han contagiado sus virus…

No me puedo quejar, Luisa, la cosa va mejor, al ritmo que van mejorando nuestros amigos de España… Dicen que, como el tiempo va mejorando, pues que la cosa de catarros y gripes va quedando atrás…

Efectivamente, Vicente, como puedes comprobar tu mismo hoy hace una tarde espléndida… ¿Te parece que caminemos un poco empapándonos de este tibio sol de primavera adelantada o nos sentamos donde siempre?

Yo prefiero andar un poco, así desentumecemos los músculos; a no ser, Luisa, que tú prefieras sentarte…

A mi me da lo mismo… Así que caminamos… A todo esto, acaban de llegarme algunos correos de nuestra gente joven de España, esos de JMV y también de Feyda, pidiendo que les aclaremos eso de que la fe es un riesgo, una aventura que dura toda la vida… Y es que ha aparecido en nuestra web de “vicencianos” un artículo con ese título o algo parecido… Ya me parecía a mí que ese documento iba a levantar polémica.

Bueno, Vicente, la cosa no es para tanto: solo quieren aclararse… Además nuestros interlocutores de esta tarde están fuera de toda sospecha de duda sobre este tema tan importante. Se llaman Pedro y Pablo, de Madrid y Albacete respectivamente, rondando los 25 uno y otro. Se conocieron en JMJ… Y desde ese momento han continuado su relación, vía redes sociales…

Te digo, Luisa, que me alegro de que nos propongan ese tema de diálogo sobre la mesa. Es algo que siempre ronda la cabeza de los que quieren aclararse de una vez por todas, sobre ese tema tan vital para marchar por la vida con pie firme…

De eso de dudas de fe también sabemos algo tú y yo, ¿verdad, Vicente? Pero digámoselo con cuidado para no asustarlos. Nos tienen en tan alta estima y nos consideran tan santos que no encaja ni en sus mentes ni en sus corazones que nosotros pudiéramos tener dudas de fe en nuestro tiempo…

Tienes razón, Luisa; a ver si acertamos a decírselo en positivo, no en negativo. Hay que empezar diciendo que la fe no tiene su base más sólida ni en mente ni en la inteligencia. Va mucho más allá. Conocimos en nuestros tiempos, que fueron, en muchos sentidos, tiempos turbulentos, como los de ahora, a personas muy inteligentes que dejaron de creer, que incluso se declararon abiertamente en contra de la Iglesia…

¡Y como sufrimos los dos y los nuestros en aquellas circunstancias! Parecía que se iba a hundir el mundo, que la fe iba a desaparecer… Tuvimos que romper con algunos de nuestros amigos. Yo misma, debido a mi timidez y a mis escrúpulos, tuve dificultad en entender correctamente lo que Dios quería de mi…

Tú conoces muy buen, Luisa, mi experiencia personal en esto de las crisis de fe. ¿Recuerdas que te hablé de aquel teólogo famoso que asistía con sus charlas magistrales a la misma Reina Margarita? Encandilaba a cualquiera con su ciencia teológica, hasta a la misma Reina… Pero, ni predicaba, ni daba catequesis, ni tenía contacto con la gente sencilla… Vivía más bien en ociosidad espiritual. Su vacío existencial le condujo paulatinamente a entrar en profunda crisis de fe… Fueron tan duras y tan prolongadas las dudas de fe de aquel doctor en teología que yo mismo pedí al Señor que le librará de un tormento tan horrible, aunque fuera traspasando a mi mismo su tentación. ¡Y lo que son los misterios inescrutables de la Providencia, el Señor escuchó mi oración y liberó a nuestro amigo de tan insufrible prueba! Pero el Señor quiso probarme a mi también y permitió que las dudas y ansiedades de aquel doctor invadieran mi corazón y mi mente… ¡Cómo sufrí, Dios mio, durante aquellos cuatro interminables años! No podía ni formular un acto de fe… Así que hice un pacto con nuestro Buen Dios: escribí el credo en un papel, lo puse en el bolsillo interior de la sotana, junto al corazón y dije al Señor: “Cada vez que lleve mi mano al pecho hago un acto profundo de fe en ti, mi Dios, y en todo lo que nos enseña la Santa Madre iglesia”. Esto fue un alivio, pero lo que definitivamente me libró de aquel tormento de dudas y de interrogantes fue el encuentro, cara a cara, con los pobres… Los pobres, los pobres, siempre los pobres: ellos son el mejor rostro misericordioso de Dios…

Veo que te has emocionado, Vicente, reviviendo aquella historia que marcó, sin duda, el devenir de tu relación con Dios y con los pobres. Seguro que también ha impresionado a nuestros interlocutores, Pedro y Pablo… Pero ellos insisten en la misma pregunta: ¿Por qué la fe es un riesgo, una aventura…? ¿Es realmente difícil creer cuando millones de personas de toda clase, cultura y condición han tenido tan fácil creer que hasta han sido capaces de derramar su sangre por afirmar su fe? Y esto lo hacían con alegría en el corazón, sin odio a los verdugos, incluso perdonándoles y rogando por ellos…

Ahí se mezclan muchas cosas, Luisa. La fe es, ante todo, un don gratuito, una gracia especialísima de Dios. Nunca niega Dios esa gracia a quien lo busca con sincero corazón y con autenticidad de vida. Pero lo da de distinta manera, a quien quiere, como quiere, cuando quiere… y respetando siempre la libre voluntad y decisión de las personas. Recuerda algunos casos sonados en nuestra Iglesia, como el de nuestro gran amigo Agustín de Hipona. Incluso las grandes lumbreras de la Mística, como Teresa de Ávila y Juan de la Cruz, más cercanos a nuestro tiempo, han pasado por la noche oscura que les abrumaba con la incertidumbre de su salvación…

¿Y qué respondemos a la insistente pregunta de nuestros jóvenes vicencianos: ¿es posible llegar a creer por la simple razón? Ellos se sorprenden de que haya personas inteligentes que duden… Ellos lo tienen claro: La creación, Jesús de Nazaret, tantos testigos de Jesús, la vida misma contemplada en todo su misterio… ¿Cómo se puede dudar ante tanta claridad? ¿Cómo se puede explicar todo esto sin la existencia de un Dios, que no es solo ALGO, sino ALGUIEN CON ENTRAÑAS, CORAZÓN, INTELIGENCIA Y, SOBRETODO, CON AMOR DE PADRE COMPASIVO Y MISERICORDIOSO HASTA DAR SU VIDA POR NOSOTROS…

Si, claro, Luisa, pero también hay otras cosas que, al decir de otras personas inteligentes, no están nada claras. Pongamos algunos ejemplos: el dolor, el sufrimiento de los niños y personas inocentes, las catástrofes, el crimen organizado, las pandemias… ¿Cómo se conjuga todo esto con la fe en un Dios que es BONDAD, AMOR, INTELIGENCIA, TODOPODEROSO…? ¿CÓMO UN DIOS ASÍ PUEDE PERMITIR TODO ESTO…?

Vicente, escucha lo que dicen nuestros amigos Pedro y Pablo por el skype…

Vicente y Luisa: estamos encantados con lo que estáis diciendo, porque no andáis con tapujos, habláis directo y con claridad… Esas son, en realidad, nuestras dudas… Nos habéis recordado una dinámica que el P. Félix nos puso en uno de los cursos de inglés del verano en Salamanca…: “Role playing sobre la fe”, lo llamo él. Eligió a seis o siete de entre nosotros y nos dijo que olvidáramos lo que cada uno, personalmente, pensara sobre el asunto… Que nos centráramos en averiguar y profundizar en lo que los creyentes y no creyentes, con los distintos matices que se dan en nuestra sociedad, piensan sobre creer y no creer: razones a favor y razones en contra, aportadas por unos y otros…

Vicente y Luisa al unísono: muy interesante, seguid, seguid… ¿y qué pasó?

Podéis imaginaros: se armó la marimorena. Hemos de decir honestamente que los nuestros, los creyentes por convencimiento, lo pasaron realmente mal en algunos momentos. Tuvieron que escuchar que “eso de creer pertenecía a una época pre-científica ya superada, que el *BIG BANG* lo explicaba todo sin necesidad de un Dios Creador, que no se podía concebir un Dios cruel que permitiera el sufrimiento de los inocentes y no sé cuantas cosas más…” Pero, a la hora de la verdad, los ateos de turno, no lo tuvieron más fácil ni mucho menos para convencer racionalmente a los del bando contrario….: “a ver quien puso la primera materia, decían, en ese dichoso *BIG BANG*, a ver quien explica racional y convincentemente la maravilla de la creación inteligente y en orden, y como un hombre como Jesús de Nazaret, un hombre bueno y sabio donde los haya, puede inventarse un mensaje tan por encima de la humana inteligencia, y encima engañarnos… Y que decir de los apóstoles y de tantos seguidores a lo largo de la historia que, por afirmar lo que creían, dieron su vida, sin fanatismo, sin odio, sin rencor, con alegría, perdonando a sus verdugos…”

La cosa no fue fácil, no, continúa Pedro. Algunos recordaron la conocida apuesta de Pascal, el famoso filosofo francés, que plantearon en estos términos: “Ante la duda racionalmente invencible de si existe Dios o no, lo mejor es apostar por lo práctico. Si me quedo con la no existencia de Dios, y Dios realmente existe, arriesgo un futuro estremecedor. En cambio, si me quedo con la existencia de Dios y vivo de acuerdo con esa existencia, mi futuro feliz está garantizado y no pierdo nada aquí, mientras vivo, porque es perfectamente compatible mi felicidad en esta tierra viviendo con el convencimiento de que Dios existe…” La elección es fácil concluyeron”

Otros, añade Pablo, muy leídos ellos, citaron a otro de los “profetas” de los increyentes de hoy, Carl Marx… En alguna ocasión, decían, Marx afirmó rotundamente que los cristianos vivían en una creencia ficticia y vacía de sentido. Y lo explicaba así: “Como no pueden superarse todos los males aquí en este mundo, se consuelan los cristianos imaginándose otro mundo feliz donde encontrarían la solución a todos los males de ahora”. Para Marx la postura de los creyentes era una huida hacia adelante: en vez de luchar para mejorar esta tierra, como pretendía él con sus teorías, se evadían de este mundo, no se interesaban por él…

Pero recuerda, Pablo, interrumpe Pedro, la respuesta contundente de nuestra amiga Paola. Sin miedos ni complejos, Paola respondió a las teorías del iluminado de nuestro tiempo: “habrá que sugerirle a Marx que, quizá, es exactamente lo contrario, es decir, que los que viven sin Dios es precisamente porque no se atreven a hacer frente a lo que supone vivir de acuerdo con la existencia de Dios en favor del servicio a la humanidad, sacrificándose uno a si mismo, por los demás, porque eso es lo que nosotros los cristianos entendemos por amor a Dios y al prójimo…, Ellos, los no creyentes, cobarde y egoístamente, quieren disfrutar desde ya, aquí y ahora, lo que la recta razón les aconseja dejar para después, cumplida ya la misión que, como seres racionales, se nos pide…” El cristiano de verdad no huye de este mundo sino que se lanza a él para transformarlo; se olvida de sí mismo para entregarse y hacer feliz al otro… A ver si hay que susurrar al oído de los ateos y agnósticos que, quizá, su forma de pensar y de actuar encierra una solapada forma de egoísmo o egocentrismo, o de cobardía…”

Hubo una gran ovación a la intervención de Paola, recuerda Pablo

Bien, amigos, Pedro y Pablo, intervino Vicente: habéis estado brillantes. Quiero resaltar una idea fuerte que acabáis de poner sobre la mesa. Quizá la dificultad en creer no viene tanto de las ideas ni de la razón, sino de la vida misma y de la coherencia entre lo que uno cree y lo que dice y hace. Seguro que más de una vez habéis oído decir que creer es vivir, que ser cristiano es ser misionero u otras parecidas… Y tienen estas expresiones un profundo sentido aunque no abarquen toda la verdad. Lo que esta claro es que la fe va mucho más allá de la simple aceptación o proclamación de las verdades que decimos creer. Santiago mismo lo dice en su ilustrativa carta: “La fe sin obras es fe muerta”, es decir no es fe…

Y continúa Luisa con su agudeza femenina: quizá quiere esto decir, viniendo al terreno práctico, que si uno fuera capaz de vivir como si Dios existiese de verdad, aunque no esté racionalmente convencido de ello, a lo largo del tempo, más tarde o más temprano, sus dudas sobre la fe perderían consistencia… Necesitamos testigos más que palabreros… Las palabras mueven el ejemplo arrastra, decís vosotros en España… Seguro que en vuestro entorno hay ejemplos prácticos a montones…

Volviendo a la realidad que estáis viviendo los jóvenes en España y, en general, en el mundo desarrollado, continúa Vicente, habrá que darse cuenta de que hoy es realmente difícil decantarse por las posturas creyentes… La avalancha de slogans publicitarios, la multiplicidad de ofertas de la sociedad de consumo, evasiva y de mil colores, la pérdida galopante de valores permanentes, la falta de identidad de muchos que se llaman cristianos, conducen irrevocablemente a un vacío existencial, cuyo desenlace final es el abandono práctico de las actitudes creyentes…

Sí, Vicente, interrumpen Pedro y Pablo, ¿pero como enderezar el camino hacia una fe autentica, que llene de sentido nuestra vida, la vida de los jóvenes en general…? La verdad es que encontramos entre los jóvenes, incluso entre los que no practican y dicen que no creen en nada, gente estupenda, capaces de sacrificarse por los demás…

Y Luisa, sin dejar contestar a Vicente, matiza: “Sí es cierto eso que decís, Pedro y Pablo, hay cosas buenas en todas partes, y más en las personas… Dios ha esparcido sus semillas de bondad por doquier, pero no se puede confundir lo que es un sentimiento natural y espontáneo con el amor a Dios y al prójimo que nace de la exigencia de la fe… Así como la fe sin obras es fe muerta, las obras sin referencia a un Dios que es amor, amor a todos los hombres, carece de solidez, no es amor propiamente cristiano, aunque el uno pueda conducir al otro recíprocamente…”

Para no enrollarnos demasiado, dicen Pedro y Pablo, mirando a su reloj: ¿podrías resumir en pocas líneas este tema tan importante, de modo que podamos decírselo a nuestros grupos en un plis plas…?

Difícil nos lo ponéis, dice Vicente, Pero vamos a intentarlo. Quedaos con estos pensamientos referenciales:

  • La fe no es un axioma matemático, ni un supuesto del que hay que partir necesariamente…
  • No existen razones suficientemente convincentes que generen el asentimiento de la razón, pero tampoco hay razones irrefutables que prueben la incongruencia de la fe…
  • Tener dudas no implica que no tengamos fe, puede significar que la fe empieza a madurar, empieza a ser personal y responsable, que empieza la búsqueda creativa…
  • La fe y la vida del creyente deben ir a la par, si no es así se repelen, se contradicen…
  • Es difícil creer y crecer en la fe en una sociedad alérgica a valores profundos, consumista, evasiva, más preocupada por el tener y disfrutar que por el ser y compartir… Todavía, como por inercia, muchos os dirán que los curas, la Iglesia os ha comido el coco… Podéis contestarles con valentía que es más bien la sociedad actual la que está comiendo el coco a tantos jóvenes que no t¡enen el valor de pararse a pensar qué quieren hacer con su vida…
  • La fe se fundamenta en Jesús muerto y Resucitado y en la credibilidad de los testigos que nos lo cuentan y que, por decir lo que afirman con rotundidad, arriesgan y dan su vida por Jesús. “Si Cristo no ha resucitado, nos dice Pablo, vana es nuestra fe y nosotros unos insensatos…” Pero si Cristo ha resucitado….
  • Vuestra fe es necesariamente débil y de altibajos, como corresponde a la condición humana…Por eso la actitud permanente del creyente debe ser la de aquel pobre del evangelio: “Creo, Señor, pero aumenta mi fe”,
  • La fe debe estar en permanente estado de búsqueda hasta llegar a ser una adhesión libre y dinámica al Dios que se nos manifiesta progresivamente…
  • Esta adhesión nos impulsa a vivir, día a día, de tal manera que la vida del creyente no tendría sentido si Dios no existiera…
  • Y, desde luego, este Cristo muerto y resucitado lo encontramos, de una manera privilegiada, en los pobres: ellos son el rostro sufriente de Cristo y el Cristo resucitado por el amor generoso que les damos…

Vicente y Luisa, habéis estado geniales… Lo contaremos a nuestros compañeros y amigos de la Familia Vicenciana: JMV, Feyda…, bueno a todos, de la mejor manera que podamos. Gracias por la amabilidad de habernos escuchado con tanta paciencia… Volveremos a dialogar con vosotros, vaya que si volveremos…

Luisa y Yo os agradecemos también vuestra valentía de haber venido a hablar con nosotros con tan buen talante… Quedamos a vuestra disposición…

Buena tardes, Vicente y Luisa.

Buenas tardes, Pedro y Pablo

3 Comentarios

  1. Mitxel

    Hay quienes a base de juntar letras hacemos palabras; luego, con más voluntad que inteligencia, las juntamos para hacer frases. No pasamos de ahí. Lo tuyo, amigo Félix, es dar sentido a las cosas. ¡No lo pierdas!

    Responder
  2. Alberto

    Hola Félix, ya tengo los campamentos de feyda en mi twitter y facebook un abrazo.

    Responder
  3. Mari Laso Benito

    Padre Felix: Soy una de las señoras que después de escucha esta tarde, en mi Parroquia de “La Asunción” su charla sobre la fe, a la salida , ya en la calle, nos hemos acercado para felicitarle. Termino de entrar en casa y tiene que haber sido Dios quien me ha conducido hasta el ordenador y después a meterme en su blog, para ir directamente a la entrada titulada “Creer en tiempos revueltos”, nada mejor que esto como una estupenda ampliación a todo lo que nos ha dicho.
    Reciba nuevamente mi felicitación, ahora doble por ambas cosas y
    !Que Dios le bendiga!

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Soy Félix Villafranca, un misionero de la Congregación de la Misión que actualmente reside en Albacete (España).

Bienvenido a mi blog... aquí encontrarás mis reflexiones y experiencias durante más de 50 años como feliz sacerdote.

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